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martes, 6 de noviembre de 2018

El rey niño, volumen I de La tormenta y el amanecer; de Andrés Díaz Sánchez


No, los irresponsables del blog no vamos a prometer nada. Este sitio apesta a muerto y enterrado. Pero como en las películas malas de zombis, nos seguimos moviendo. Y como nos negamos a morir, y entre tanto seguimos leyendo, jugando y viendo mierdas de las nuestras, como que hoy nos pican los gusanillos y hemos decidido compartir una breve reseña de nuestra última lectura. Y es que hay libros que merecen ser compartidos. Damas y caballeros, niños y niñas, lectores de género fantástico en general; con todos ustedes El niño rey, de Andrés Díaz Sánchez.




Recién finalizada la lectura de la primera entrega de la saga La tormenta y el amanecer, me ha tocado meditar muy bien cuantas estrellas entregarle al libro en la red social de lectores Goodreads. Si bien el cuerpo, como lector de Andrés Díaz Sánchez, me pedía las cinco estrellas, hay dos cuestiones que creo que me obligan a dejarlo en cuatro –una injusticia que no se pueda también puntuar con medias estrellas, habiendo dejado así el libro en 4,5–.

Para evitar incurrir en spoilers varios, decir que estamos ante una novela que, si bien de manera genérica se define como de literatura fantástica, está mucho más cercana en espíritu a la novela histórica, por lo que podemos incluirla en el cajón de la fantasía histórica, o de la baja fantasía. En sus más de 350 páginas asistimos a la infancia y primera juventud de Argaut, rey de Brajairi. Huérfano a muy tierna edad, tiene que vivir sus primeros años en manos de poderosos nobles que aspiran a emplearlo como una herramienta que les garantice el poder. Los mismos nobles que, recién llegado a la mayoría de edad, le supondrán el mayor de los obstáculos para lograr gobernar su reino.

Nada como despachar infieles a la antigua usanza
Andrés, gracias a su probado buen oficio como narrador, nos hace partícipes de las enormes dificultades y desafíos a los que se enfrenta Argaut, definiendo un interesante arco de transformación del personaje en el que es muy difícil no encontrar similitudes con personajes reales de nuestra historia (tales como Alfonso VIII de Castilla o Pedro I, el Cruel o el Justiciero). Es este amplio conocimiento de nuestra historia lo que Andrés Díaz Sánchez emplea como herramienta principal con la que levantar una novela que, como bien he dicho antes, podría describirse perfectamente como fantasía histórica. Porque si, en la historia veremos aparecer el elemento característico de la literatura fantástica, la magia, pero no será en ningún caso el elemento dominante. Sin embargo...¡ay, este sin embargo! Sin embargo llegamos al capítulo 13 de la novela. Un capítulo que recuerda poderosamente a los mejores pasajes de Príncipe de Nada. Una narración de fantasía épica que te reconcilia con la alta fantasía. Algo tan enorme, tan épico, que no te acaba de dejar claro cual será la línea en la que finalmente se moverá la historia. Y esto genera una indefinición y una duda que, si bien despierta el interés, desdibuja los límites claro de la historia. Y esto, por sacar una de las pequeñas pegas de la novela, debería de haberse trabajado mejor.

El segundo pequeño "pero" que me ha hecho decantarme por las cuatro estrellas está en el cierre de esta primera novela. Quizás sea por mi experiencia en el mundo del guión, pero el cierre de la novela, con la ausencia de un cliffhanger efectivo, te deja con la sensación de que se ha cortado la historia en ese punto como bien se podría haber cortado dos capítulos antes, o dos después. Lo mismo es un recurso intencionado del autor, y nada más avanzar en la segunda novela me doy cuenta de ello; pero en una primera lectura es un cierre demasiado en frío, que resta empuje al natural deseo de seguir leyendo la historia de Argaut.

Sea como fuere El niño rey es una magnífica novela de fantasía, muy por encima de obras que a día de hoy son aplaudidas por un público tan veleidoso como infantil, ignorantes de que más allá de los tiburones literarios de Twitter, hay escritores de la vieja escuela, capaces de dignificar con sus obras todo un género literario.

P.S. Si, sabemos que lo estáis deseando, malandrines, así que lo diremos. El niño rey es grimdark pata negra. Como el buen jamón de jabugo, ibérico de bellota. Corred a comprarlo y leerlo, idiotas. Que estáis tardando. Y que no se diga que los chicos de The O.C.C.U.L.T. Herald no os lo avisamos.  

jueves, 30 de junio de 2016

Hijos del Dios Muerto (II)


Hijos del Dios Muerto 

Entrega II


El sol ya se ha ocultado en el lejano poniente. Sin embargo la ciudad en llamas brilla como un segundo sol en la tierra. Palacios, templos y humildes hogares, todos ellos son pasto por igual de las llamas. Los ejércitos de Nanthiria son como una plaga de flamígeras langostas, a cuyo paso dejan únicamente un rastro de cenizas.

Las titilantes luces de los incendios hacen bailar los relieves del Zigurat de Arglantha, palacio y fortaleza de los dioses reyes de Angorea, Señores de la Tempestad, como si tuvieran vida. Las figuras de héroes y bestias de un pasado remoto se retuercen de dolor, tratando en vano de escapar de su prisión de piedra. Urbanisat, el último de los dioses reyes de Angorea, los observa impasible sentado sobre su trono de frío granito, recuerdo imperecedero de las montañas grises de donde surgió su estirpe.

Su mirada lee en la piedra la orgullosa historia de su linaje. Ante sus jóvenes ojos Nuruabi, el primero de los reyes dioses, aún cubierto por la sangre de los Hombres Grises, ordena levantar su palacio sobre los huesos de sus enemigos. Junto a los balcones que miran a la Eterna Tempestad, Susnariabar el Victorioso recibe el homenaje de los señores de las ciudades anandoreas. Más allá, casi oculto por las sombras de la noche, Lubearan el Negro devora el corazón del último de los magos de Fengala.

Urbanisat es consciente de que nadie leerá su historia en las paredes del Zigurat de Arglantha. El colosal Zigurat, antaño joya de la corona de los dioses reyes de Angorea, es pasto de las llamas, compitiendo así en brillo con los rayos de la lejana Eterna Tempestad. Los enormes jardines que se elevaban cientos de pies sobre la ciudad arden con violencia bajo el fuego que escupen las máquinas de guerra de Nanthiria. Las maravillosas obras de ingeniería, acueductos y norias de dimensiones titánicas, que traían agua desde las lejanas cumbres de los Montes Tagros, se derrumban convertidas en gigantescas teas.

Urbanisat es consciente de que nadie leerá su
historia en las paredes del Zigurat de Arglantha.


La noche se convierte en día por obra de los ejércitos de Nanthiria. Orgía de destrucción que transforma obras construidas para perdurar una eternidad en cenizas.

Urbanisat siente un escalofrío al escuchar los ruidos del choque de armas tras las puertas de bronce. Sabe que en la escalinata, por la que antaño subieron reyes y emperadores para humillarse a los pies de sus ancestros, luchan fieles a su leyenda los últimos guerreros fieles de su guardia personal. Las Sombras de Ury mueren y matan en defensa de su dios.

Desde los tiempos de Nuruabi, primera encarnación del divino Ury, Halcón de la Noche, treinta y seis dioses reyes se han sentado sobre el trono gris de Angorea. Urbanisat maldice al destino por convertirle a él en el último de su estirpe. Maldice una y mil veces en silencio, tal y como ha hecho todo en su corta vida. Educado para permanecer silencioso como una estatua, incluso en el momento cercano a su muerte, cuando no puede ni tan siquiera controlar los espasmos de su cuerpo, sigue en silencio. Los mortales no pueden oír la voz de un dios.

Finalmente dejan de oírse los ruidos de lucha. El salón del trono vuelve a estar silencioso. Sin embargo Urbanisat no alberga ninguna esperanza. Tras las pesadas puertas de bronce espera la muerte, puntual a su cita.

Como último acto de divino poder, pretende mantenerse regio en su trono, esperando a la muerte desafiante, sin dar muestras del temor inhumano que le atenaza. El primer golpe resuena como un gong, haciéndolo encogerse en el trono. Con cada uno de los golpes que le suceden, en los intentos de los invasores de derribar las puertas las puertas de bronce, aumenta su determinación de morir con la dignidad que le exige su linaje. Pero la muerte no mira nunca de frente.

El dolor llega de forma sorda. Un rayo golpea la consciencia de Urbanisat alejándole momentáneamente de la realidad. Cuando retorna el dolor se ha convertido en un infierno que le atraviesa el pecho. Incrédulo contempla como una brillante hoja de espada, tintada en carmesí, sobresale de las ricas vestiduras de seda. Un caliente charco de sangre baja por su pecho hasta llegar al suelo, donde se mezcla con la orina que no puede contener. Como un pez fuera del agua boquea frenéticamente en busca de aire. Con un brusco tirón la espada sale de su cuerpo, dejándole caer como un guiñapo.

Antes de que llegue a derrumbarse en el suelo unas férreas manos le sujetan de la túnica. Con violencia es arrojado al frío suelo de mármol. Sus ojos ya no ven como las puertas de bronce ceden a los golpes, dejando pasar una turba de soldados cubiertos de cenizas de pies a cabeza. Y tampoco es consciente de que los soldados, que segundos antes buscaban ansiosos la recompensa por la cabeza de un dios viviente, se detienen temerosos ante la oscura figura que ahora se sienta en el trono.

Apenas sienta ya el frío del mármol en la cara. Antes de nublarse definitivamente, sus ojos observan como danzan en el cielo copos grises que descienden del cielo formando círculos. El último de los reyes dioses de Angorea muere en el mismo silencio que ha vivido, y con el dolor de saber que de su memoria tan sólo quedarán cenizas.


Texto de Eduardo Martínez
Ilustraciones de Jae Tanaka

lunes, 20 de junio de 2016

Skarrion Gunthar; Sangre en el hielo. El crowdfunding

Quiero abrir esta entrada extraordinaria del blog con un momentazo “confesiones”. Y es que de todas las que he firmado desde que arrancamos nuestra andadura virtual, la de hoy es la que más veces he tenido que comenzar a escribir de nuevo. Y no solamente porque mi jodido ordenador esté dando señales preocupantes de querer irse en breve al cielo de silicio, que también. El caso es que escribir una entrada para ayudar a la campaña de crowdfunding que la editorial Libros.com ha puesto en marcha, no debería suponer para mi ningún esfuerzo. Hablamos de una campaña para lograr 150 suscriptores que permitan la publicación de Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo, una nueva novela de Espada y Brujería del que probablemente sea el mejor escritor español de dicho género, Andrés Díaz Sánchez. Pero de un par de semanas a esta parte tengo un comecome que está pidiendo salir a gritos. Y ninguna entrada mejor que esta para reflexionar en voz alta.

Tal y como decía la editorial Libros.com, en su colección Miralejos –dirigida por un viejo conocido de The OCCULT Herald, el autor de Delbaeth Rising, Víctor Blanco-, ha puesto en marcha una campaña de mecenazgo con la intención de que Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo, llegue a las librerías. A pesar de que, tal y como dijo muy bien Jae Tanaka, los lectores de Pulp somos el nicho de un nicho, una mano huesuda saliendo de la tierra de un cementerio gritando “aquí estoy… y quiero libros”; encontrar 150 lectores que estuvieran dispuestos a comprometerse a pagar 18 euros para recibir a cambio una nueva novela de Andrés Díaz Sánchez no debería de ser una tarea muy difícil. No en vano se supone que vivimos una época dorada para la fantasía en España y se trata de una novela de un autor ya de sobra consagrado en estas lides. Pues bien señores, perdonen mi exabrupto: mis cojones treinta y tres.

"Ya sabéis muchachos, si se trata de
un lector de Espada y Brujería, pa'bajo con él"
Hace un par de semanas, paseando un sábado por el recinto de la Feria del Libro de Madrid, tuve el dudoso gusto de disfrutar del bochornoso espectáculo de muchos cientos, pero cuando digo muchos es que eran una auténtica muchedumbre, de adolescentes haciendo cola para que otro adolescente les firmase su libro. Que quieren que les diga, desde mi perspectiva de profesional del mundo del libro la cosa me daba una envidia insana. Qué razón tienen los de Planeta, y que listos son, que además del repugnante famoso televisivo de turno, por lo general un analfabeto funcional, ahora se ha cobrado una nueva pieza de caza mayor: los youtubers. De verdad, créanme que siento una envidia que roza lo patológico. Me encantaría ser yo el que, sentado en esas casetas en las que he pasado tantísimas horas, se dedica a firmar un ejemplar tras otro de mi primer libro, sin descanso, como si no hubiera un mañana. Que hay que decirlo sin empacho alguno. 

Pero claro, resulta que además de trabajar desde hace ya muchos años en esto de los libros, soy un ávido lector desde mi más tierna infancia, y encima un “escribidor”. Vale, un juntaletras del montón, que somos muchos y prescindibles; pero os juro por mi hijo que un escritor honrado. Uno de esos que aman y respetan su profesión. Una profesión, por otro lado, solitaria y bellísima (estaba a punto de decir eso de "la profesión más solitaria del mundo”, pero creo que los fareros nos ganan por dos cuerpos), que tan sólo se puede aprender después del mucho escribir y el mucho leer. Visto en perspectiva, lo que un servidor escribía con veinte años, además de provocarme una vergüenza ajena de campeonato, debería ir directo a la basura. Pero claro, eso lo entiendo ahora, que son cuarenta los clavos de mi ataúd. Así que no hace falta que les exprese lo que me suele parecer la literatura escrita por adolescentes, por muy talentosos que estos sean -eso siempre y cuando nos creamos que no hay detrás un equipo de negros y correctores que sudan tinta china para solucionar el desaguisado-. Por esto me provoca un dolor casi físico descubrir que, a falta de tan sólo nueve días para terminar la campaña de crowdfundign de Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo, hay logrado únicamente sesenta suscriptores. ¡Sesenta!

Aflojad una guineas, malandrines, que hay que publicar el libro
Me cago en mi pena negra, vale que somos el nicho pequeño y cochambroso de un nicho bastante pequeño y cochambroso, pero ¿¿¿únicamente sesenta??? Y ojo, que no hablamos de una novela de un autor novel que no conoce ni su padre, no. Hablamos de una novela de un señor que ha publicado en sellos como Timun Mas (antes de que Planeta lo convirtiera, junto con Minotauro, en auténtica mierda editorial, que me gusta recordarlo al que quiera leerlo). Un autor de verdad, un señor con oficio. Entonces, ¿qué coño está pasando?

Os lo diré, o al menos os explicaré mi teoría, que probablemente a muchos os parezca basura –en ese caso os recuerdo lo de las opiniones y los culos…vamos que apestáis igual que yo-. En esta Edad de Oro del género fantástico, si no cuentas con el inestimable respaldo de un gran editor detrás, la única manera de estar presente en el mercado son las dichosas redes sociales. Sin Facebook o Twitter o su puta madre en bicicleta, sencillamente, no existes. Y Andrés Díaz Sánchez, el autor de La maza sagrada o El camino del acero, no está a la última. No es un adolescente guapo, deslenguado y profundamente bobalicón, del que lo que menos importa es que sea incapaz de articular dos frases seguidas con sentido, porque resulta que con YouTube es una auténtica máquina, el muy cabrón. Tampoco es un maestro de las redes sociales, capaz de aparecer hasta en la sopa. Sencillamente se dedica a escribir. A escribir de puta madre. A ejercer la profesión de novelista con maestría y profesionalidad. 

Sé perfectamente que esto de los blogs es una cuestión arcaica (ahora son los youtubers y sus videoblogs, mañana vete a saber), pero como colega de gremio tengo el deber moral de convertir este asunto en un muro de escudos. Una lucha desesperada por lograr aguantar el empuje de los persas. Llegados a este punto, este blog que habitualmente firmamos Jae Tanaka y un servidor, se convierte en un hoplita más que reclama su lugar en la falange espartana. Un vikingo que ocupa su puesto en su muro de escudos. Puestos a morir, mejor morir de pie y con el estandarte de la literatura en las manos. 

Soy uno de esos sesenta suscriptores de Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo, y os animo a uniros a la lucha. Nueve días es poco, muy poco para lograr noventa voluntarios más. Pero no es imposible. Si os gusta la literatura fantástica, si gente como Abercrombie, Martin o Sanderson os la ponen como el cuello de un cantaor; llegará el día en que leáis algo de Andrés Díaz Sánchez y os preguntéis donde coño habéis estado todo ese tiempo. Os estáis perdiendo la posibilidad de, dentro de muchos años, decir eso de “ya os lo dije”; de leerlo cuando todavía tiene mucho que ofrecer. Que ya está bien de descubrir a los escritores treinta o cuarenta años después. 

Os dejo con las palabras del propio autor, con sus razones para apoyar el proyecto, para reservar un ejemplar.



¡Salve, guerrero!

Poder. Fuerza. Honor. Gloria. Brujería. Magia negra. Intrigas. Lealtad. Traiciones. Demonios. Amor. Sangre. Aceros. Guerra. Épica.

Todo esto es lo que el lector encontrará en Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo.

Skarrion Gunthar. Sangre en el hielo es una novela auto conclusiva de Fantasía adulta, realista y cruda, que recibe influencias de la cultura y la mitología escandinavas y célticas. Se desarrolla en el reino de Shakark, devastado por una guerra civil que enfrenta al rey y a su propio hermano, cada uno apoyado por sus respectivos clanes aliados. La novela da comienzo metiéndonos de lleno en la Batalla de Cajani, la sangrienta lucha final que resolverá el conflicto. 
Con el fin de la contienda, el nuevo equilibrio de poder traerá agridulces expectativas para el rico y poderoso Clan Gunthar. Una de las hijas, Fulla Gunthar, debe casarse con el nuevo príncipe. Pero esto no es motivo de alegría para nadie en la familia, no solo por la fama sórdida y cruel que acompaña al joven príncipe, sino también por los siniestros rumores que suscita su madre, la reina Yulene.
En este juego se apuesta algo más profundo que un cambio de dinastía y el poder político en el país: la religión y la magia de Shakark. En el mundo de Skarrion Gunthar los dioses no son cercanos ni amables, sino entidades extrañas y misteriosas a los que solo pueden acceder unos pocos brujos y sacerdotes. Son fuerzas primigenias e ignotas que resulta preferible no desencadenar. Lo sobrenatural no camina entre los hombres, sino que se oculta y agazapa en lo profundo de templos, bosques y montañas. 
El joven guerrero Skarrion Gunthar y su familia se verán enredados en una compleja trama de intrigas palaciegas, traiciones, batallas campales y viajes a través de mares helados y bosques tenebrosos. También conocerán a los hechiceros y las brujas, sufrirán su magia negra y contemplarán a los temibles Dioses de Shakark.

Esta es una historia de sangre y aceros, de nobleza y traiciones, de dioses y demonios, y de hombres y mujeres que pueden ser héroes o asesinos, pero que son siempre demasiado humanos, y en los que tal vez el lector vea su propio reflejo.


Definitivamente si después de leer eso, si después de haber catado el adelanto que Libros.com pone a nuestra disposición, no os animáis a colaborar, entonces es que estáis muertos por dentro. Si eres de los que esto se la trae floja, y crees de verdad que te gusta la literatura fantástica, haznos un favor a todos y después de buscarte un youtuber de cabecera puedes meterte el último libro de Patrick Rothfuss por el culo. Ah, y aquí no vuelvas. A tomar por culo las medias tintas.

Eduardo Martínez.

martes, 14 de junio de 2016

Hijos del Dios Muerto (I)

Desde que en septiembre del año pasado abriéramos, metafóricamente hablando, nuestras puertas, y 66 entradas mediante, en The O.C.C.U.L.T. Herald nos ha dado tiempo a muchas cosas. A disertar sobre lo que es y lo que no es el Pulp, reseñar libros, hablar de juegos de rol, criticar películas y series, aceptar colaboradoras espontáneas y no tan espontáneas, apoyar campañas de crowdfunding, presentar el quién es quién de los personajes del pulp, enseñar dibujos de Jae Tanaka –que para algo es artista-; y ya de paso, a ofender a uno o dos colectivos (España, el país con la piel más fina de occidente y de parte del extranjero, donde cogérsela con papel de fumar es deporta nacional). Vamos, que 66 entradas cunden mucho.

De un tiempo a esta parte los lectores habituales, que alguno hay, habrán detectado que de las dos entradas semanales hemos bajado a tan sólo una. Resulta que por eso de haber comenzado un nuevo trabajo, llevo un mes que no me llegan las manos al culo. Por ese motivo y no otro (os podría mentir, pero ya hay una cierta confianza y no queda bien), hoy comenzaremos con algo que teníamos pendiente desde hace mucho, mucho tiempo. Y es que si hay algo característico de la narrativa Pulp son los seriales. ¿Qué sería de un blog dedicado al Pulp sin un serial propio? ¿De qué forma mejor un aprendiz de juntaletras como yo puede cumplir con esas entregas que se resisten? Pues aprovechando viejos escritos que, con el consiguiente trabajo de chapa y pintura, se convierten en todo un auténtico serial que, tratándose de un servidor, por cojones tiene que ser de Espada y Brujería. Un serial que si les gusta pueden disfrutar durante una larga temporada al módico precio de compartirlo con familiares y amigos –que menos que recomendarlo si pensáis que mola-. Así que, damas y caballeros, niños y niñas, gentes de mal vivir en general…pasen y lean.





Hijos del Dios Muerto 

Entrega I




El Lobo se siente cansado. Ante sus ojos, bajo una negra y espesa nube de humo que impide ver la luz del sol, se dibuja un paisaje en llamas, que se repite mil y una veces en la memoria, hasta el punto de no poder distinguir ya uno de otro. En el aire, viciado del olor a sangre y miedo, se mezclan los gritos de pánico de los vencidos con los rugidos de rabia de los vencedores. El salvaje espectáculo de la eterna locura del hombre.

El Lobo se deja caer sobre lo que en tiempos fue una hermosa silla tapizada de terciopelo, olvidada en el centro de lo que, hasta ayer mismo, fue un lujoso salón y que ahora parece una macabra caricatura de sí mismo. Frente a él, a través de la enorme balconada, se desarrolla, como en un teatro de sombras, el drama del saqueo y destrucción que sus ojos cansados apenas se molestan en contemplar. Antaño tomó papel en ese drama. Con la mirada clavada en un punto perdido en el infinito ha descubierto que es ya demasiado mayor y está demasiado cansado.

A su espalda yacen cinco cuerpos salvajemente mutilados. Buitres que buscaban carroña sin esperar a que el cazador dejase su presa. Grandes y estúpidos carroñeros que, confiados en su tamaño y sus inútiles garras, han acabado convertidos a su vez en carroña. Por el contrario el hombre que espera en silencio tras la puerta es un cuervo. Carroñero también, pero inteligente. Tan inteligente como un depredador. Y paciente. El cuervo espera a que el cazador deje su presa tras saciar su hambre, su sed de sangre. Y así pasan lentos los minutos.

Rhyll -pues así se llama el cuervo-, espera paciente a que el Lobo abandone su presa. Le conoce desde hace muchísimo tiempo, y sabe que debe esperar. El Lobo permanece sentado, ignorándole, mientras contempla el espectáculo a la par fascinante y cruel de la ciudad en llamas. Rhyll espera paciente para cobrarse su presa.


Finalmente el Lobo se levanta y decide continuar su camino, dando la espalda al escenario en llamas de la ciudad. En una esquina del salón, encogida sobre sí misma, tiembla entre sollozos una muchacha tan joven que casi parece una niña. Una corza blanca que aterrorizada espera lo inevitable. El Lobo la ignora. Ya no tiene fuerza ni interés en tomar esa presa. En otro tiempo habría hundido sus garras en esa carne tierna y jugosa. Pero, aunque su hambre animal aún no se ha saciado, está demasiado viejo y cansado.

Rhyll se extraña, pero prefiere no hacerse preguntas felicitándose por su enorme fortuna. El cuervo, desde la puerta, estudia la delicada figura de la corza blanca, valorándola como si fuera una más de las riquezas que adornaban la gran casa. Porque la corza blanca, para el cuervo, es la posesión más valiosa de la casa. Sabe que la corza blanca sigue intacta, que el Lobo no la ha tocado. Y eso la hace aún más preciada. Vale tanto ella sola como la reata de esclavos que esperan abajo. Una doncella virgen de la nobleza de Arglantha. Un tesoro en sí misma.

El Lobo y el cuervo se conocen desde hace muchos años. Por esa razón el cuervo espera paciente a que el cazador deje definitivamente su presa. Finalmente el Lobo se agacha y recoge del suelo unas alforjas cargadas de todo aquello que de valor había en la casa, para después dirigirse hacia la puerta, sin siquiera dirigir una mirada al cuervo. Antes de que el Lobo llegue a su altura Rhyll se aparta respetuoso, evitando mirarle directamente a los ojos. No es aconsejable que el Lobo se sienta retado. Cubierto de una costra de sangre seca, embutido en su negra armadura, el Lobo es como un pedazo de noche que camina bajo el rojo sol del atardecer. Sangre en el cielo y sangre en la tierra. Un ser de la noche en universo de sangre.

El Lobo sale del salón sin mirar atrás, dejando paso expedito para Rhyll, que apenas puede luchar contra el ansia que le impulsa a correr hacia su presa. Cruza casi a la carrera las alfombras de seda que cubren el enorme salón, en las que yacen los cuerpos brutalmente mutilados de cinco mercenarios brulos que, como buitres impacientes, no supieron respetar al Lobo. Sus cuerpos grandes y musculosos, cubiertos de fuerte acero gris, reposan en posturas grotescas. Pequeños ríos de sangre empapan las alfombras, creando fantásticos dibujos. Uno de los brulos aún respira. En medio de un enorme charco de sangre y heces, apenas consciente en su larga y dolorosa agonía, trata en vano de sujetar los intestinos que salen del enorme tajo que casi le parte en dos. Rhyll los ignora como si no fueran más que un espejismo en el desierto. Nada hay de valor en ellos y nada le importan. Tan solo le importa la corza blanca, casi una niña, que solloza en la otra punta del enorme salón.

Al llegar sobre ella la examina con ojos de experto. Las manos de Rhyll, ásperas y cubiertas de mugre pintan un fresco sobre la piel de la joven. No más de quince primaveras, piel blanca como la nieve y cabello negro como ala de cuervo. Una fortuna en los mercados de esclavos de Nanthiria.

Sin embargo no puede apartar las manos de la piel de la joven. Siente como la sangre le bombea con mayor rapidez. Se recrea en los pequeños pechos de la muchacha que apenas se atreve ya a respirar. La lengua se le seca en el paladar. El pensamiento se le nubla por el deseo. Jamás podría comprar una esclava así. El llanto de la joven y el olor de su miedo hacen el resto, provocándole una erección. Necesita adueñarse de ese cuerpo. Con saña destroza la túnica de la joven, casi una niña, y forcejea con ella. El pánico hace que la joven se resista, aumentando aún más la excitación de Rhyll. La golpea una, dos, tres veces, hasta que vence su débil resistencia. Finalmente consigue colocarse entre las piernas de la corza blanca.

Se detiene. En el último instante se detiene. Con torpeza se separa de ella, maldiciéndose por su estupidez. La joven vale una auténtica fortuna si sigue intacta. Ya tendrá tiempo de procurarse una joven esclava a su vuelta. En ningún momento piensa en una niña, casi de la misma edad de la que se retuerce de dolor y miedo bajo sus piernas, que en ese mismo momento y a miles de leguas de allí duerme en su casa, esperando que su padre retorne de una lejana guerra. No, su hija está lejos de los cuervos que acuden a la carroña.

En el otro extremo del viejo palacio, a través de una doble arcada de mármol, el Lobo sale a las calles y avanza con paso seguro entre el mar de muerte de la ciudad saqueada. Junto a la bahía aún resiste, orgulloso, el palacio fortaleza de los Señores de la Tempestad. Las máquinas de guerra escupen fuego y destrucción sobre sus altivos muros. Tan solo queda cazar esa última presa para poder volver a la estepa. Pero el Lobo está ya muy cansado.


Texto de Eduardo Martínez
Ilustraciones de Jae Tanaka

jueves, 5 de mayo de 2016

Guerreros de los Sentidos

Hace unos días, mi amigo Alfonso Huerta que es empresario y está siempre al tanto de sacar tajada, me dijo que podía hablar en el blog de la novela de su hermano y así le hacía promoción. A mi, que soy freelance y estoy siempre al tanto de sacar tajada, me pareció buena idea, porque así estoy a buenas con él y me puede encargar currillos. Que luego nos queremos bastante, ¿eh? Pero la pela es la pela.

La novela en cuestión es Guerreros de los Sentidos, de Daniel Huerta, autoeditada en Bubok en 2011. En este blog damos mucho la turra con la bajísima calidad gráfica de muchas producciones de pulp y fantasía españolas, así que quiero pedir disculpas por la apestosa portada de este libro, obra de un tal Jae Tanaka que prefiere esconder su verdadera identidad tras un pomposo seudónimo ajaponesado. Por que joder, vista con la perspectiva que dan cinco años, la portada me quedó fea de cojones. No me escondo, yo también soy humano y a veces la cago. 

Cuando me plantee cómo enfocar la entrada sobre una novela que leído hace cinco años he de reconocer que me dio una pereza terrible releerme el tocho (casi 450 páginas) para refrescar; con la pila de cómics que tengo en la recámara, estoy yo como para hacer una segunda lectura de algo, señora. Pero me di cuenta de que, en realidad, no necesitaba hacer esa relectura. Evidentemente, no tengo la novela fresca como el primer día en la memoria, pero la tengo. Está ahí. Se quedó. Y esto me sirve para enfocar la entrada hacia Guerreros de los Sentidos, sí, pero también hacia lo importante que es que la narrativa (cine, novela, relato, cómic, videojuego) se te quede en el seso. Es un logro que no consiguen todas las obras, más bien pocas, y es ahí donde creo yo radica la calidad de algo. Cuando, haciendo un juego con el título de la novela, se convierte en una experiencia sensorial y trasciende el papel (o la pantalla) y se convierte en un recuerdo. Todos tenemos un espacio de nuestro disco duro en el que, involuntariamente grabamos historias que nos han calado, por la razón que sea. Estoy absolutamente convencido de que, aunque se me vaya la cabeza por completo, me moriré recordando a la perfección la segunda trilogía de Star Wars, La Familia Mumin en Invierno, Dios ama, El hombre mata, El Espectro de Ostrander y El Señor de los Anillos y un buen puñado más. No porque sean las mejores historias, sino porque las hice mías. Incorporé algo que no estaba en la narración en sí, y eso es lo que las convierte en otra cosa, muy superior a cualquier otra narración. Esto es, evidentemente, algo totalmente subjetivo; lo que para mi es un referente para otro puede ser la mierda, y ambas opiniones son verdaderas en su contexto. Bien sea porque estás en un momento emocional concreto (leí El Espectro en una etapa muy siniestra de mi vida y me ayudó a darme cuenta de que tenía que mover el culo si no quería quedarme atrás), bien porque te pilla con el sense of wonder abierto como el ojete de Proxy Paige y se te mete hasta la médula irremediablemente, como me pasó con Star Wars, a lo largo de la vida nos damos de morros con esas historias que se trascienden a si mismas dentro de la cabeza de uno y dejan de ser un poco de su autor para ser bastante tuyas.

Para mi, Guerreros de los Sentidos empezó siendo un favor: "Oye, te paso la novela de mi hermano en pdf y te la lees para ilustrar la portada, que se la quiere autoeditar?"  y acabó siendo parte de mi "biblioteca interior". Aquí quiero ser totalmente sincero. Guerreros de los Sentidos no está muy a la vista en esa nutrida biblioteca y cuando vengan los bomberos de Farenheit no estará entre mis prioridades a salvar del fuego, pero está. Si tuviese que catalogarla, creo que la pondría en la balda de "Recomendaciones para alguien que ha leído poca fantasía pero tiene bastantes luces como para aspirar a algo mejor que Canción de Hielo y Fuego" (Es una biblioteca imaginaria, pero no tengo documentalista imaginario; los recortes). Para alguien como yo cuyo ocio es 100% audiovisual (no hago deporte ni mierdas de esas físicas), que una obra pase a engrosar la "biblioteca interior" no es poca cosa, porque con la cantidad de estímulos en forma de narrativa que me meto pal cuerpo es fácil que la mayoría se conviertan en un recuerdo vago.

Si tuviese que meter Guerreros de los Sentidos en un género concreto diría que es grimdark, aunque es algo que me rompe las pelotas bastante, porque al final esto es como el black metal, que al final resulta cada banda hace su propio género y es una liada. Guerreros de los Sentidos es una novela fantasy que tira sin complejos hacia la oscuridad, optando por un todo adulto y seco. En un mundo como este, en que en internec la gente se ofende máximo porque escribes con tacos y haces una broma sobre Pablo Iglesias, puede que Guerreros de los Sentidos deba ser PEGI 18, porque Daniel Huerta no se corta en hacer hablar a sus personajes como a Vince Vega si es necesario. Una cosa que me ha rayado siempre muchísimo es leer expresiones fuera de contexto en una obra de fantasía (me refiero a usar lenguaje actual en un mundo de dragones y brujas y cosas por el estilo) pero aquí no me chirrió lo más mínimo. Los personajes de Huerta no necesitan hablar de vos ni construir frases rimbombantes para estar perfectamente integrados en su mundo. Tal vez es porque la historia se podría haber extrapolado a casi cualquier contexto sin resentirse, o simplemente porque el tío escribe de puta madre y punto. Y es que al fin y al cabo, Guerreros de los Sentidos me pareció más una obra de personajes (muy bien construidos) que otra cosa. La historia es importante, claro, pero no hubiera funcionado si los personajes fuesen diferentes. Y es que los protagonistas son viejos conocidos de todo el mundo. Al igual que en Fábulas o las primeras novelas del de Rivia, Huerta tira de los cuentos para componer su narración. En la contraportada se lee una frase que me parece un tagline cojonudo (creo que esto fue cosa de Alfonso, el hermano):

Ya te han contado a Blancanieves como princesa, como guerrera, como divorciada del príncipe azul, pero... ¿y si fuera una hija de puta?

- Te voy a contar el cuento de María Sarmiento.
- Déjese de hostias y deme un chelín.
Como soy un poco vinagres, mi primer pensamiento fue "buff... otra historia con personajes de cuentos puestos en un contexto diferente, me da más pereza que el nuevo Call of Duty". Si supiese, hubiera arqueado una ceja. Sinceramente, creo que desde En Compañía de Lobos ya está todo dicho en esto de reubicar a personajes de la cultura popular, así que hay que hacerlo realmente bien para que una revisión de un clásico infantil en tono adulto. Daniel Huerta lo consigue. Creo que su éxito radica en que, aunque toma como base de la trama los acontecimientos de tres cuentos (Blancanieves, Rapunzel y Caperucita) las versiones de las tres protagonistas que construye son lo suficientemente sólidas como para que una vez echada a andar la historia nos podamos olvidar de quienes han sido y centrarnos en quienes son. Los acontecimientos giran en torno a ellas y no, como suele ocurrir en la fantasía, los protagonistas giran en torno a los acontecimientos. No me gusta demasiado contar de que van los libros de los que hablo en mis entradas, así que vamos a quedarnos con el dato de que Blancanieves es una hija de puta y Rapunzel, que se ha convertido en una especie de ninja se enfrenta a ella con ayuda de Caperucita y los Enanitos. Es una trama que no equivale a la invención de la rueda, pero que sirve de puta madre para desarrollar a los personajes, porque como ya he dicho creo que esta es una novela de personajes. De hecho, a pesar de que es un arco argumental cerrado, me dejó con ganas de más, de seguir sabiendo de las vidas de esta gente: la historia importa, pero lo bueno, bueno son los protagonistas.

 Así que no se a qué coño espera Daniel Huerta para escribir más.


Jae Tanaka

martes, 19 de abril de 2016

De etiquetas, géneros, subgéneros, categorías, y otras petisoperías.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3d/True_humility.png
Disculpe milord, pero pienso "de que no".

Hace unos días @lordaguafiestin (aka Diego Fernández Villaverde), en el blog de Ánima Barda, firmaba una entrada de las que a pesar de su brevedad, da que pensar. Bajo el título “Género Grimdark: Eso es dark, pero lo que es grim, no es” (título de resonancias joesemotescas –jódete el término que me acabo de inventar-, por eso del “pero ser, eres”), en poco más de quinientas palabras en las que ponía por delante que esa entrada era poco más que un desbarre, y que el autor nunca ha sido muy amigo de etiquetas; nos hacía un resumen de lo que es el Grimdark y porque a día de hoy esa etiqueta se está empleando en exceso y mal.

Tan sólo un día después un señor llamado Luis Alberto de Cuenca (Que además de filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador español; por si fuera poco es también académico de número de la Real Academia de la Historia y académico correspondiente en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada… Ahí es nada), firmaba un artículo en el periódico digital Libertad Digital titulado El Coyote. En dicho artículo de obligada lectura para todos los amantes del Pulp, dedicado al personaje inmortal y a su creador José Malorquí, puede leerse lo siguiente:

José Mallorquí Figuerola, barcelonés de 1913, uno de los novelistas en lengua castellana más prolíficos y populares del siglo XX. Y digo "populares" por emplear el adjetivo que suele acompañar a este tipo de autores, sin que ello signifique que la llamada "literatura popular" sea algo así como una segunda división respecto de la otra literatura, la que no es —presuntamente— popular, o sea, la llamada "gran" literatura, especializada en aburrir a las mismísimas ovejas. En el mundo de las letras no hay alta ni baja literatura. Hay solo buena y mala literatura. Y la que nos legó José Mallorquí rebasa los límites de la bondad para acercarse a los de la optimidad (si me permiten el palabro). 

Como no hay dos sin tres, desde ya mismo diré que coincido con ambos autores, las etiquetas son cosas de bibliotecarios, editores y libreros (mala gente…se lo digo yo, que he sido librero una década larga). Más allá de la necesidad de etiquetar los libros en géneros y subgéneros, de forma que podamos encontrarlos cuando vamos a una biblioteca, o que el librero nos los pueda vender a placer, la literatura es buena o mala. La novela, como género mayor literario, tiene como fin último entretener al lector. Que si, que se puede ilustrar, adoctrinar, educar y mil cosas más, pero el fin más legítimo de la novela es el de entretener al lector. 

Pero claro, como decía antes, incluso en esta Era Digital en la que es más fácil que nunca publicar un libro, hace falta que esa novela llegue a los lectores. Hay que difundirla y venderla. Y aquí es donde los libreros, tanto los clásicos como las plataformas de venta, necesitan recurrir a las etiquetas. Y para que vamos a negarlo, las etiquetas de géneros y subgéneros las acogemos todos los lectores de forma gustosa. A fin de cuentas para cada lector hay cierto tipo de historias que le llegan más que otras. 

Llegados a este punto, en el que creo que nada hay abierto a discusión, y en el que he dejado claro que tengo un parecer cercano al de Diego Fernández Villaverde o Luis Alberto de Cuenca; es cuando me toca hablar de Grimdark.

By John Tenniel - Image taken from Punch, or the London charivariScanned from the original by User:Fastfission., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=247869
Atención a mi traje Grimdark, queridos
piltrafillas. 
Son muchos los autores que han tratado de definir el Grimdark. En líneas generales hay cierto consenso que permite decir que se trata de un subgénero de la ficción especulativa (ciencia-ficción y fantasía), en el que el tono narrativo es oscuro y violento, y en cuyas historias las barreras de la moral se difuminan. En la entrada que dediqué a Joe Abercrombie, uno de los máximos exponentes actuales de dicho subgénero, ya dije que el Grimdark era el punto de unión entre dos maneras totalmente contrapuestas de entender la fantasía. Era el matrimonio entre la Espada y Brujería del Pulp de principios del siglo XX, con Howard a la cabeza, y la Alta Fantasía heredera de las narraciones mitológicas, que en la obra de Tolkien llega a su cima. El Grimdark era por un lado la reacción a la degeneración que se había producido con el modelo de Tolkien, y la recuperación del legado literario de autores, los maestros de la Espada y Brujería, que se habían adelantado a su tiempo.

Sea como fuere, tenga más o menos razón, lo cierto es que el Grimdark se ha convertido en una de las corrientes más interesantes de la actual literatura fantástica. Al ya citado Joe Abercrombie habría que añadir autores como George RR Martin, R. Scott Bakker o Mark Lawrence, cuyas obras encajan perfectamente en los parámetros del Grimdark

Llegados a este punto es cuando tengo que volver al artículo de Ánima Barda, y a su opinión al respecto del mal uso de la etiqueta. 

Hagamos un ejercicio interesante, preguntémonos cuanta gente fuera de este círculo reducidísimo de amantes de la literatura de ficción especulativa, sabe que cojones es eso del Grimdark. Cuanto lector, fuera de nuestro pequeño nicho, sabe de qué diablos estamos hablando. Creo, y lo digo con todo el dolor de mi corazón, que en ocasiones parecemos un puto perro salchicha ladrando a un mastín de 80 kilos de puro músculo. No somos realmente conscientes de los poquitos que somos. Que si, que hay un porcentaje aceptable de lectores que disfrutan con una novela de fantasía o de ciencia ficción; pero en proporción los auténticos aficionados, especialistas del tema, somos cuatro gatos. La etiqueta Grimdark significa algo para un número tan ridículo de lectores que ni tan siquiera los editores de un autor de la talla de Joe Abercrombie (Alianza Editorial y Fantascy/Random House) se molestan en incluirlo cuando hablan de él. Al público comprador lo de Grimdark se la trae muy floja, la verdad. 

By Edward Linley Sambourne (1844 – 1910) [Public domain], via Wikimedia Commons
En caso de duda hágame usted caso, caballerete,
que tengo la pelota muy gorda.
Mira si seremos cuatro muertos de hambre –metafóricamente hablando- los que nos movemos en el submundo de la fantasía, la ciencia-ficción y el Pulp, que tan sólo me vienen a la cabeza cuatro autores españoles cuyas obras pueden encajar en esa etiqueta de Grimdark. Y únicamente tres de ellos la han reivindicado. Los más recientes son Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco cuya novela Delbaeth Rising (de la que ya hemos hablado en este blog), a pesar de que personalmente la veo más cercana al Pulp de Espada y Brujería que a la Alta Fantasía, encaja perfectamente en el subgénero. A estos dos barceloneses hay que añadir a la novelista madrileña Virginia Pérez de la Puente, cuyos libros del Segundo Ocaso están muy en la línea de Bakker y su Príncipe de Nada, y son una magnífica muestra de Grimdark. Y el cuarto autor en discordia, que hasta donde tengo noticia jamás empleó la etiqueta, pudiendo hacerlo más que de sobra, es el castellonense Guillem López, cuyas dos primeras novelas (La Guerra por el Norte y su secuela Dueños del destino), son probablemente la mejor muestra de literatura fantástica Grimdark que se haya escrito en castellano. 

En serio, me encantaría poder decir que la etiqueta está mal empleada, que hay una multitud de autores que la emplean de forma injustificada. Pero coño, es que somos cuatro gatos los juntaletras que dedicándonos a la ficción especulativa o el Pulp hemos llegado a ver nuestros libros en negro sobre blanco. Y muchos menos los que han dicho que su novela es Grimdark. Ojalá llegue el día en que publicar fantasía en castellano sea de lo más normal y podamos decir que se emplean mal las etiquetas.

En fin, que sí, que el riesgo de que se llegue a producir ese uso equivocado del término está ahí, latente. Pero a día de hoy no es el caso. No seamos más papistas que el papa, ni nos pongamos la tirita antes de hacernos la herida. Que tampoco mola tanto esto de ser muy hater.

Eduardo Martínez.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Delbaeth Rising: Camino de Odio; de Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco


Tras unas merecidas…qué coño, merecidísimas vacaciones, aquí estamos de vuelta los irresponsables de The OCCULT Herald dispuestos a seguir hablando de tontunas varias. Y nada mejor para retornar a la actividad bloguera que dar paso a una reseña recién salida del horno. Calentito lo traigo, oigan. 

Antes de la Semana Santa, que ha llegado cargada de torrijas y pelis de romanos (si dura una semana más un servidor pega un pedo que ni el lagarto de Jaén), un servidor de ustedes recibió en casa su ejemplar de Delbaeth Rising: Camino de Odio, novela de la que ya hemos hablado anteriormente en el blog. Si en su día tratamos de apoyar el crowdfunding en la medida de nuestras posibilidades, y posteriormente acudimos a conocer en persona a Víctor Blanco y Gonzalo Zalaya (tanto monta); hoy toca cumplir lo prometido y, una vez leída, hacer la correspondiente reseña. Sin spoilers, of course.

By Jean-Léon Gérôme - phxart.org : Gallery, Pic, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12278
Vosotros poneos tontacos con los deditos, que me sobra espada
Delbaeth Rising: Camino de Odio, en líneas muy generales narra la historia de un elfo llamado Delbaeth, que lleva un siglo largo de campeón invicto de la arena de lucha de Velarburgo. Un tipo encantador que está como un puto sonajero, y al que más vale tener lejos de la cubertería doméstica. El Cortador le llaman, al angelito. Imagínense que pieza. El caso es que Delbaeth, en una secuencia de arranque modélica en cuanto a lo espectacular de la acción, pierde ese papel de invicto y recupera la libertad. El artífice de la misma es Laurentius de Volge, un anciano mago, que en cuestiones de magia y tal está un poco jodido, y que en tiempos pasados fue consejero del Rey. Vamos, que de magia, conjuros y brujerías varias malamente, pero es más listo que los ratones colorados. A cambio de la libertad le pide a Delbaeth que le ayude en una misión para salvar el Reino. Y claro, como Delbaeth no tiene muchos amigos a los que hacer visita y en el fondo resulta que es agradecido a su manera, le dice eso de ojos tienes morena y se pone manos a la obra. O al descuartice en plan ansia viva. Acompañado de Ratón, un mediano que se maneja bien con la espada y mejor con el cerebro, se lanza a cumplir la misión que Laurentius les ha impuesto. 

https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AThe_Battle_of_Bosworth_Field_-_A_Scene_from_the_Great_Drama_of_History.jpg
¿Escenario? Que le den al escenario. Hostias como panes es lo que queremos.
Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, ya que en verdad en Delbaeth Rising no hay nada nuevo bajo el sol. Que el lector no espere descubrir nada nuevo o nunca leído. Pero que tampoco se crea que se trata de una novela remedo de las de los Reinos Olvidados con mucha más mala leche y litros y litros de sangre; que los hay. Delbaeth Rising es una novela mucho, muchísimo más cercana en concepción y espíritu a las narraciones de Espada y Brujería del Pulp clásico que a cualquier ejemplo de literatura fantástica clásica. Es una novela cuyo escenario me recuerda al de aquellas maravillosas películas italianas de Espada y Brujería de serie Z (un cine tan casposo y tan bizarro que debería de ser rescatado del olvido a la voz de ya), donde lo importante no es que detrás de los actores haya escenarios de cartón piedra, cuya pintura se cae a cachos. En Delbaeth Rising el mundo es casi anecdótico -no en vano la construcción del mundo, a pesar de que hay aciertos creativos francamente buenos, como las Hojas Huérfanas, sea quizás la parte más floja de la novela-, la clave está en lo que ocurre delante de los asombrados ojos del lector. Una trama de algo más de 300 páginas que funciona como un puto reloj suizo, y que es como un disparo, en el que las secuencias de acción y violencia se suceden casi sin tiempo para tomar aire, encajando de forma perfecta, demostrando que aquí no tenemos sino una simple introducción a las aventuras de un héroe de los que tienen un largo recorrido. 

Delbaeth Rising: Camino de Odio hace bueno eso que llevo mucho tiempo defendiendo de que el moderno Grimdark no es otra cosa que la evolución de la literatura de Howard o Leiber. Esta es una novela en la que Gonzalo y Víctor dejan sembradas las semillas para futuras historias en forma de secundarios que apuntan maneras de antagonistas de peso. Y lo hacen con oficio y honradez. No nos venden una historia con tintes introspectivos y trascendentes. Es diversión pura y dura. Sencilla y maravillosa diversión. Joder, que gusto. 

Resumiendo, Delbaeth Rising: Camino de Odio quizás no pasará a la historia de la literatura fantástica española. Puede que no tenga el relumbrón de otras obras que últimamente están que lo petan, pero además de estar francamente bien escrita, rezuma un amor por el género y unas tablas en esto de contar historias, que hacen que valga todos y cada uno de los 19,90 € de su precio. Una lectura notable que los amantes de la fantasía y el Pulp no deben dejar pasar. Palabra de The OCCULT Herald



Eduardo Martínez.


Post Scriptum: Si el que antes hablaba era el lector y aficionado, ahora lo hace el librero y editor, con la sana intención de aportar una sugerencia para futuras ediciones; que seguro que la primera vuela. Si bien la edición física es buena, con una maquetación bastante profesional, una correcta elección de papel y tipografía, y la ilustración de cubierta es magnífica (una pasta os habrá costado), personalmente habría elegido una fuente profesional para el título, menos "hecha a mano". El diseño integral de la cubierta cojéa, en mi modesta opinión, con la tipo elegida para el título. Y es una lástima que un trabajo global tan bueno pueda desmerecer por un detalle tan pequeño. Ya saben los que por aquí se pasan que tanto Jae Tanaka como un servidor somos firmes defensores de la necesidad de elevar el listón de diseño para lograr acercar a las pequeñas editoriales de nuestro género al canon de las más grandes. Así que esto lo tenía que comentar, aunque sin ninguna acritud y siempre con ánimo constructivo. 

martes, 23 de febrero de 2016

Sobre Delbaeth Rising, Pulpture y otras Pulperías

Delbaeth Rising Tour llegó a Madrid.
Una de las innegables ventajas que tiene esto de ser bloguero, mezcla de aprendiz de periodista, juntaletras y cotilla de vecindario, es que se puede pontificar y soltar paridas desde la comodidad del sillón de casa. Y en esa estamos Jae Tanaka y un servidor desde hace casi medio año, soltando sin salir de casa todo lo que se nos pasa por las calenturientas cabezas, y que tiene que ver de una forma u otra con esta loca manera de narrar historias que es el Pulp. El caso es que el pasado sábado en Madrid la editorial Pulpture, una de las que marcan el paso de nuestro pequeño nicho, reunía en Madrid, en la Librería Tuuu de la calle Padilla, a varios de sus autores para presentar su primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción.

Y puesto que entre esos autores estaban Victor Blanco y Gonzalo Zalaya, en pleno Delbaeth Rising Tour, la excusa de tener tantos pájaros a tiro nos venía de perlas para salir de nuestra guarida y ver a la gente cara a cara. Que lo de las redes sociales mola cantidad, pero de vez en cuando hay que bajar al barro, y poner cara y voz a la gente de la que hablamos y con la que nos hablamos. 

Pongo por delante que esto no es una crónica al uso del evento, más bien es una serie de reflexiones sobre las que llevamos mucho tiempo dando la tabarra de forma machacona. 

Portada de Delbaeth Rising, obra de
Darya Kuznetsoba. Ronin Literario ©
El caso es que este servidor (la otra parte de los Pompof y Teddy del Pulp patrio se quedó en casa con sus propias podridas domésticas), para no perder viejas costumbres, se presentó ligeramente tarde al evento. Al entrar en la librería Tuuu los flamantes autores de Delbaeth Rising: Camino de Odio, que también editores de la recién nacida editorial Ronin Literario, acababan de comenzar su charla sobre el proceso de escritura y publicación de Delbaeth Rising. A medida que estos dos chavales del Poble Sec hacían un recorrido por sus orígenes en el rol, la literatura de fantasía oscura (el maravilloso Grimdark que ha venido a alegrarnos a los lectores de género fantástico) y resto de anécdotas sobre un más que exitoso crowdfunding, la librería fue llenándose de caras jóvenes (cojones, que con 40 castañas me sienta el viejo de la función viene jodiendo un poco, la verdad), hasta generar un ambiente la mar de cálido. 

No os puedo decir nada que no hayamos leído o escuchado ya a Víctor y Gonzalo durante su muy bien realizada campaña para el crowdfunding. Tan sólo puedo añadir que estos dos viejos amigos, amén de transmitir un muy buen rollo digno de agradecer en un mundillo con tendencia al cainismo, han logrado transmitir un mensaje de humildad y trabajo como primeros ingredientes en una supuesta receta del éxito. A los cuales hay que añadir algo en lo que hay que insistir una y mil veces, las ganas de divertirse, de mantenerse firmes en la idea de que contar historias es uno de los juegos más maravillosos que se puedan disfrutar. Y añadiendo que para mí ha sido un enorme placer poder darlos un abrazo; “maldigo” la puñeta que resulta en ocasiones ser padre de familia, con sus correspondientes compromisos familiares, por no haberme permitido seguir toda la tarde con ellos para poder charlar largo y tendido. La próxima vez será.

Los "irresponsables" de las Novelas cortas de intensa ficción
Terminada la primera parte del acto, Jorge Plana, el editor de Pulpture, nos presentó al resto de autores responsables de la primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción: Jaume Vicent, Jorge Fernández Pérez y Alberto Berjón. De la presentación puedo decir que es de aprobado alto, y de esto entiendo un huevo (a tomar por culo la falsa modestia). No en vano, después de tres lustros de buscarme las habichuelas en esto de vender libros, he visto presentaciones hasta el hartazgo; algunas aburridas hasta el nivel prefiero echar la pota, y otras de forma inesperada, incluso con los medios que se le presuponen a una editorial de las grandes, una auténtica bestialidad, como fue la de la novela Neimhaim de Arancha Serrano Lorenzo. Y debo felicitar a Jorge Plana por conducir esta de forma entretenida, con buen ritmo, logrando que una reunión de amigos (cuando hablamos de editoriales pequeñas las presentaciones no dejan de ser eso, una reunión de amigos), parezca algo más. Y por lograr que “los que pasábamos por allí”, nos sintamos en casa. Punto a tu favor colega.

Sea como fuere, un servidor, justo cuando terminó el acto y comenzaban las firmas de los autores, enormemente satisfecho y con mi ejemplar de este volumen uno de Novelas cortas de intensa ficción bajo el brazo, recogió los bártulos y se volvió a casa a representar el papel de padre responsable, que es lo que toca.

Portada del volumen uno de
Novelas cortas de intensa ficción.
Pulpture Ediciones ©
Ahora es cuando llega el momento de las reflexiones finales. Durante la pausa entre la charla de Delbaeth Rising y la presentación del resto de autores, pude cruzar impresiones con varios de los asistentes. Mientras hablaba con Víctor y Gonzalo de tontunas frikis, salió el tema de la importancia de lograr que los libros que publicamos, puesto que somos un nicho de mercado realmente pequeño, tengan el aspecto más profesional que nos sea posible. Un tema sobre el que llevamos meses dando el coñazo en este blog, y lo que te rondaré morena. Mientras Víctor Blanco me confesaba que se habían gastado unas buenas perras en la ilustración de portada de Darya Kuznetsoba (inversión que creo totalmente acertada), no podía dejar de darle vueltas al asunto de la imagen. Y es que, ¿Por qué cojones en este pequeño mundo del Pulp nos gastamos el dinero en una buena imprenta, una corrección y maquetación profesionales, y nos lo ahorramos en lo que hace que la gente quiera llevarse tu libro? Os juro por mis muertos más recientes que no logro entenderlo. De corazón. Escatimamos en lo que jamás deberíamos escatimar, y lo afirmo desde mi experiencia como librero. En lo que parecemos coincidir todos es en que los lectores somos fetichistas, y los aficionados al Pulp en grado extremo. Entonces, ¿me quiere explicar alguien porque diablos no nos damos cuenta, tal y como bien me apuntaba Jae Tanaka horas después, que lo mejor para no parecer editores de fanzines es dejar de vender putos fanzines? En serio, en ocasiones apestamos.

Antes de cerrar el navegador y mandarme a la mierda por demagogo os voy a pedir unos minutos más de reflexión. En serio, tampoco es tanto pedir. Dadme unos minutos y mirad alrededor durante un instante. ¿De verdad pensáis que para parecer un editor serio hace falta gastarse un dineral? Cuando entráis en una librería, y encontráis libros editados por Impedimenta, Nordika o Libros del Asteroide, pequeñas joyas editoriales en todos los aspectos, ¿de verdad creéis que hay una fortuna detrás? Ya os adelanto yo, que conozco sus historias, que de eso nada. Lo que hay es un trabajo serio y riguroso. Una conciencia de estar realizando una labor editorial profesional y artesanal. Un trabajo que ha logrado que esas editoriales puedan subsistir entre los colosos del Grupo Planeta y de Random House. 

Señores míos, editores de Pulp en España en particular, tenemos que vender libros, no fanzines. Y el acabado estético es la perfecta invitación a la compra. Cuando era librero solía emplear trucos muy sucios para vender, como el de hacer que el que entraba en la librería cogiera el libro con las manos (más de la mitad de lectores, al tener un libro entre sus manos, ya no quiere soltarlo). Pero había libros que entraban por los ojos. Que por ellos solos se bastaban para gritar, de entre la multitud inabarcable de novedades que inundan las mesas de las librerías cada semana, “Yo soy el elegido”. Eso solamente se puede conseguir con una buena combinación de diseño e ilustración/fotografía de portada. Y si un mal diseño puede destrozar la mejor de las ilustraciones, tened por seguro que el mejor de los diseños no sobrevive si lo que ilustra la portada es un mojón. Así que, por favor, no seamos rácanos con el tema de las ilustraciones; y más en un mundo como el nuestro. No pequemos de intrusismo (que no, que por mucho que nos mole los dibujos que hacemos cuando los ponemos al lado de los realizados por un auténtico profesional apestan a mierda a la legua). Las mismas herramientas tecnológicas que nos han hecho más fácil editar libros nos acercan al trabajo de ilustradores que pueden hacer que nuestros libros sean respetables. Por un precio que en relación al coste final de producción resulta ridículo, podemos contratar el trabajo de profesionales que harán de nuestro producto un auténtico libro. Pasemos más tiempo navegando por DeviantArt o ArtStation,  por hacer dos de las sugerencias más populares. buscando a ilustradores que por precios que nos van a sorprender, van a marcar la diferencia. En serio, tenemos unos autores francamente buenos que están pidiendo a gritos llegar a un público que no sabe que están ahí. Tenemos un trabajo global de edición respetable; tan sólo nos falta el acabado. Miremos a colegas editores, como los de los juegos de rol, que están produciendo joyas visuales (lo que ha hecho Nosolorol con Aquelarre, por citar un simple ejemplo, es una obra de arte). La inversión merecerá la pena.



Eduardo Martínez.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

Delbaeth Rising, Camino de Odio. El Crowdfunding.

Portada casi definitiva de Delbaeth Rising, obra de Darya Kuznetsova 

Ciento doce años luchando en los Pozos. Más de diez mil de combates a muerte en su haber. Un cuerpo lleno de cicatrices y una mente que no se encuentra en mucho mejor estado. Por fuera, un elfo. Por dentro, un loco sediento de sangre. Este es Delbaeth el Cortador, la última esperanza del antiguo consejero real para salvar el trono.



Seamos francos; si os consideráis aficionados a esa maravillosa combinación entre la fantasía clásica y la espada y brujería que han bautizado como Grimdark, y al leer el texto que hay sobre éstas líneas no os habéis emocionado hasta el punto parecer un chimpancé del zoo cuando le tiran cacahuetes, o incluso de desear vender incluso a vuestras madres por leer esa historia, entonces o ya estáis muertos, o formalmente quedáis expulsados del blog… ¡¡¡fuera, fuera!!! 

Bien, una vez que hemos puesto orden en la sala, toca hablar de uno de esos proyectos que, en esta España donde ser escritor es una condena casi segura a la muerte por inanición (si hablamos de fantasía la condena es segura, segura), tocan la fibra sensible del lector.

Veamos, pongo por delante que a pesar de tener ya una edad provecta, y llevar pululando por Internet desde que los hogares españoles comenzaron a conectarse a la Red de Redes con aquellos módems que hacía un ruido espantoso y que te dejaban el teléfono comunicando, debo reconocer que tampoco me he prodigado de manera excesiva por estos lares. Es cierto que, hace ya un mundo, participé en listas de correo y foros dedicados a la fantasía, y que tuve un par de blogs que pasaron con más pena que gloria, y que veían las actualizaciones como el desierto la lluvia. Eso por no hablar de mi casi inexistente actividad en las Redes Sociales, mar de aguas procelosas donde muchos autores de género españoles se mueven como auténticos tiburones (en comparación soy un triste bañista que apenas se atreve a meter el dedo gordo del pie en la orilla para ver si el agua está fría), y en el que, visto lo visto, hay que saber manejarse para llegar al público.

En fin, el caso es que de un tiempo a esta parte he ido metiendo cada vez más la cabeza en las redes sociales, descubriendo todo un universo casi infinito de posibilidades. Y seamos sinceros, la cantidad de basura que se puede encontrar es, sencillamente, abrumadora. Pero en ocasiones se hace un descubrimiento como el de Howard Carter, una tumba de un faraón sin saquear. Ahora, tras una más de mis largas introducciones, es cuando paso a hablar de los padres de mi descubrimiento, Delbaeth Rising

Victor Blanco y Gonzalo Zalaya; Gonzalo Zalaya y Victor Blanco… Tanto monta, son dos treintañeros que, tras años de perder el tiempo miserablemente jugando al rol y leyendo libros de fantasía, se les secó el cerebro. O al menos eso diría un abuelo cabreado. Pero no, estos dos ya catalanes universales, jugadores de rol y amantes de la fantasía, aficionados a darle a la tecla; decidieron un día juntar sus cabecitas pensantes para dar vida literaria a un personaje nacido en sus partidas. Un elfo que, tras más de cien años de cautiverio, peleando por su vida en las arenas de lucha (vamos, una bestia parda), se convierte en la última esperanza de un reino. Un personaje que, como bien indica el subtítulo de la novela, ha seguido un camino de odio y que, tal y como han dejado caer sus autores en varias de sus múltiples apariciones en el último mes largo, puede encontrar un camino de redención. ¿Se nota que me apasiona el Grimdark? ¿No? Para que os quede claro os podéis volver a leer la entrada que dedicamos a uno de los mejores representantes del Grimdark, Joe Abercrombie. No me extenderé mucho más en todos estos temas. Mejor os dejo que los autores se expliquen ellos solitos, que lo hacen a las mil maravillas. 



Pues bien, hechas las presentaciones, aquí los señores, dos tipos con los que tengo muchísimas lecturas y referencias comunes, y cuyo trato vía redes sociales es sencillamente fantástico, se dispusieron a sacar adelante este proyecto literario; y para ello recurrieron a una campaña de crowdfunding que, afortunadamente, ha sido un éxito. El objetivo inicial de financiación, en la cual hemos participado de forma entusiasta, se logró; por lo que en breve podremos disfrutar de su lectura (la reseña es, en este caso, obligada). Y a falta de cinco días para finalizar el plazo oficial, están luchando por lograr la cantidad necesaria para hacer que la historia de Delbaeth crezca. Como no podía ser de otra manera desde The OCCULT Herald os animamos a descubrir el proyecto, a participar en su financiación. En esta España donde la mayor pare de los escritores de género somos unos muertos de hambre, con una casi inexistente clase media que, a pesar de haber visto su nombre en la cubierta de algún libro publicado por una editorial grande, no puede ni soñar con vivir de esto, y con un panorama editorial con un futuro poco alentador (tres lustros trabajando en el mundo del libro me han dado un cierto olfato para predecir los desastres, y para el género fantástico me huelo malas noticias), nuestra participación es más necesaria que nunca. En España tenemos escritores fantásticos que, y no es una pose, le dan sopas con ondas a mucho de los cantamañanas que idolatramos como si hubieran inventado la gaseosa (no digo nombres, que seguro que algún troll me cruje, y ya tuvimos ayer nuestra ración de polémica). 



Descargad el primer capítulo de Delbaeth Rising, leedlo y alucinad. Si después de eso no queréis echar un cable, no deseáis leer lo que sigue, es que el espíritu literario de Belén Esteban ha poseído vuestras mentes.

Eduardo Martínez.