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jueves, 2 de junio de 2016

Lobo contra Perro



The O.C.C.U.L.T. Herald cuenta de nuevo con la colaboración de Scout, que se dejó caer hace unos meses con una entrada en la que revisaba El Quijote en clave de pulp. Hoy vuelve para hacernos una pequeña reseña de
Lobo contra Perro, cuya primera entrega se puede descargar de manera gratuita en la web de Ronin Literario. Es esta una obra escrita por Raquel Mayorga, y como la propia Scout apunta al final, la cosa queda entre chicas a las que les gustan cosas que no se consideran de chicas.
Uh, ah, las chicas son guerre-eras.



Vamos con el texto:

Lobo contra perro es una joyita de menos de 100 páginas, ambientada en el maravilloso y atrayente mundo japonés del Shogunato, los ninjas, Inu y el Bushido, tan extraño para nosotros los occidentales, como atractivo para los lectores del pulp. Hipsters y advenedizos leen literatura japonesa del gran Murakami (no vamos a negar que es un gran autor), pero no literatura chambara, es decir, ficción de samuráis. A mi me gusta el cine de verdad, no el de bombas, Ojete Calor dixit.

Utilizando como excusa el sueño del Shogun loco en el que hay que ir a “pedir” un espejo a un templo, la autora relata como un perro domesticado, Renka, lleva a todos los miembros de su manada a luchar contra un lobo: Haku, que es un perro sin domesticar.Utilizando como excusa el sueño del Shogun loco en el que hay que ir a “pedir” un espejo a un templo, la autora relata como un perro domesticado, Renka, lleva a todos los miembros de su manada a luchar contra un lobo: Haku, que es un perro sin domesticar. Aunque en realidad lo que cuenta Raquel Mayorga Baños es la lucha entre el bien y el mal, entre la redención y la sumisión. ¿No es esta una de las excusas principales de la literatura? Por qué no va a serlo entonces también de la literatura pulp, que se mueve como pez en el agua y sin remilgos entre los Grandes Temas de la Humanidad?

El libro está escrito de manera ágil y rápida, tanto la longitud como su prosa lo hacen ágil y fácil de leer, y únicamente lo pondría como pega la ausencia de alguna nota aclaratoria de los abundantes términos japoneses que hay en la obra, pero para eso tenemos wikipedia. Me gustan también las escenas de lucha y acción, muy visuales; sangrientas y sádicas en su punto justo, en algunos momentos me ha recordado gratamente a mi peli favorita de samuráis: Los Siete Magníficos. Si, la que está ambientada en el Far West O_O y versiona la cinta de Kurosawa.

Sin duda, es una novela para amantes de la literatura ambientada en Japón, agradable a la lectura, pero no esperéis la prosa japonesa que es tan característica en sus novelas y en el manga (es posible que para escribir como un japonés haya que ser japonés). No es un descrédito para la autora, todo lo contrario. Raquel Mayorga ha sabido trasladar el espíritu de la narrativa japonesa a un estilo occidental.

No es incompatible con El lobo solitario y su cachorro de Kazuo Koike o la maravillosísima trilogía El mar de la fertilidad del grandísimo (y un poco payá) Yukio Mishima. Raquel es una gran aficionada a la literatura el mundo japonés y ha escrito una gran novela que hay que disfrutar.

¡Gracias Raquel por hacerme no sentir tan rara al gustarme las katanas!


Scout

martes, 17 de mayo de 2016

Más madera, que es la guerra (I)

Antes de comenzar dejo un aviso para navegantes. Esta no es una entrada típica del blog. Tanto esta entrada como las demás que conformarán la serie pueden servir de pequeño manual de consejos para escritores de género de fantasía y ciencia-ficción. Dicho lo cual, pasamos al tema.

Un servidor de ustedes, además de aficionado a cualquier cosa cuyo valor productivo sea cercano a la nada (juegos de rol, literatura Pulp, videojuegos, cómics, etc.), allá por los años 90 del siglo viejo pasó unos años en la universidad estudiando historia. Para ser exactos debo decir que, habiendo realizado íntegros los itinerarios de historia antigua y medieval, posteriormente me especialicé en la vertiente más belicosa de la historia medieval española. Vamos, que soy historiador militar de formación. Sobre el papel me molan las hostias finas más que a un tonto un lapicero.

El caso es que después de pasar los últimos tres años en barbecho, buscándome la vida de la mejor manera posible con mil y un inventos, de un par de semanas a esta parte he vuelto a la maravillosamente rutinaria vida del trabajador por cuenta ajena. Siendo esta una de las razones por las que llevamos una temporada con un ritmo de publicación de entradas un tanto irregular. El caso, decía, es que sin dejar de estar ligado al mundo del libro -que es lo que me lleva dando de comer dese hace tres lustros-, a día de hoy me gano el parné en una editorial especializada en historia militar. De lunes a viernes vuelvo a estar en contacto con profesionales de esto de la historia de la guerra y tal; de tal forma que, además de leer mis tontunas habituales, estoy retomando las lecturas académicas. Que de vez en cuando viene bien.

La de guarrerías que deja la gente tirada por el campo...


A raíz de del comienzo de esta nueva etapa, me he puesto a darle vueltas al asunto de la guerra en la literatura de género. Y es que, niños y niñas, la guerra es el motor narrativo más potente jamás concebido. Sin la guerra no habríamos disfrutado jamás obras tales como El Señor de los Anillos, Dune, Canción de hielo y Fuego, Príncipe de Nada, La Guerra de las Galaxias, etc. Sin salir de la literatura y el cine de género de fantasía y ciencia-ficción, podríamos seguir dando títulos una semana y nos faltaría tiempo. Por más pacifistas que nos pongamos (sobre todo en esta España en la que cogérsela con papel de fumar se ha convertido en la más cultivada de las bellas artes) la guerra, puestos a contar historias, es garantía de éxito. Por lo tanto, si un servidor es historiador de la guerra, y encima comparto un blog de literatura pulp, creo que ya toca una serie de entradas en las que hablemos de lo mucho o poco que saben aquí los del gremio de juntaletras cuando escriben sobre la guerra. Como tendré tiempo de ponerme gafapasta, y de hacer recomendaciones bibliográficas varias para que todos mis colegas juntaletras puedan escribir sobre temas bélicos con un poquito de criterio (que se lee cada gilipollez que asusta), vamos a comenzar de forma suave. 

Hola, me llamo von Clausewitz, soy prusiano, y
me la agarras...nianoniano.
Lo primero que hay que definir es que es la guerra. Una de las definiciones más populares se las debemos a un gachó llamado Carl von Clausewitz. Con ese nombre lo único que se podía ser en la vida es un ex combatiente prusiano de las guerras napoleónicas; que es lo que fue aquí el amigo. Además de eso, que ya es bastante, Clausewitz dedico sus años de retiro a redactar lo que se convertiría en el libro más famoso sobre la guerra jamás escrito –De la guerra-. En ese libro, que es un auténtico coñazo, Clausewitz definió la guerra como “la continuación de la política por otros medios”. Bueno, en verdad lo que dijo es que la guerra es la continuación <<de la relación política>> (des politischen Verkehrs) <<con la intrusión de otros medios>> (mit Einmischung anderer Mittel). A lo que yo le digo que: “y un mojón pa ti colega”. Si algo nos enseña la historia es que la política es la continuación de la guerra cuando con esta no logramos nuestros objetivos (que es de lo que llevan viviendo los diplomáticos los últimos cinco siglos). Si algo nos enseña la Historia, así, con mayúsculas, es que la guerra precede a los Estados, a la diplomacia y a la estrategia en varios milenios; la guerra es tan antigua como el hombre mismo y está arraigada en el corazón humano. La guerra, como dijo el antropólogo estadounidense Harry Turney-High, es cultura. 

Llegados a este punto tienen dos opciones, llamarme fascista, que en España es gratis, y dejar de leer; o pasar a la pequeña noticia que voy a compartir y engancharse a la serie completa de artículos. Tan sólo puedo decir que seguir leyendo es gratis, y que los insultos me la refanfinflan. Dicho lo cual, les voy a contar una historia muy chula. 

Lo que yo te diga niñato, lo del valle de Tollense
si que fue un aquí te pillo, aquí te mato.
Tradicionalmente los prehistoriadores, que suelen ser unos académicos un pelín carcas, defienden que las sociedades de cazadores-recolectores eran un modelo casi idílico de existencia. Resumiendo muy mucho el tema, se supone que si obviamos que la esperanza de vida apenas llegaba a los 35 años, en la prehistoria la peña se dedicaba a cazar, coger frutas y comerciar con otras tribus. Y tan sólo, de tarde en tarde, había ciertos dimes y diretes que, en el peor de los casos, se solucionaban con alguna que otra escaramuza. Un par de brechas, unas tiritas y a correr detrás de un mamut o un lo que fuera que se pudiera comer. Mira por donde hace bien poco, en el alemán Valle de Tollense se han encontrado los restos de una batalla librada hace unos 3250 años. En plena Edad del Bronce. Si de por si hablar de batalla en esa época rompe muchos esquemas, lo verdaderamente interesante del asunto es que los restos encontrados apuntan a una batalla de tal magnitud que los prehistoriadores antes citados están cagando ladrillos. Las estimaciones son de unos 4000 combatientes; y por el análisis de estos restos los arqueólogos forenses han reconstruido las armas utilizadas en el enfrentamiento, partiendo de las heridas que estas infligieron. Se ha determinado el uso de garrotes, hachas, espadas, lanzas y flechas fabricadas en madera, sílex y bronce en el caso de las más sofisticadas. La panoplia de los combatientes (armas y armaduras, almas de cántaro) nos habla de la existencia de una clase guerrera que combatía a caballo con un armamento de gran calidad y que probablemente disponía de entrenamiento bélico, al mando de un contingente mayor de guerreros equipados con armas improvisadas como garrotes de madera. A la enorme dificultad logística que supone poner a tanto becerro junto sobre un campo de batalla, hay que unir que los restos proceden de individuos llegados de lugares en el quito pimiento. Se han encontrado restos humanos de guerreros que llegaron a ese valle a darse matarile desde Escandinavia, Polonia y el sur de Europa. 

Osches, Olaf, pues parece que en el Valle de Tollense
se ha quedado una buena mañana para inflarse a hostias.
Para que se hagan ustedes idea de la magnitud de las cifras pondré unos pequeños ejemplos. Se estima que hacia el año 1000 a.C. la población mundial rondaría los cincuenta millones de habitantes. En esa época se piensa que la ciudad más poblada de la tierra era Menfis, con aproximadamente 50000 habitantes. En lo que es la actual Europa no había ni un puñetero conjunto de chozas de más de 1000 habitantes ni por casualidad. Para que nos entendamos, es como si, haciendo una comparación muy libre, a día de hoy pusiéramos sobre un campo de batalla dos ejércitos de medio millón de hombres. Y no con los medios y tecnología de la era industrial, no. Con los recursos y medios de la prehistoria. Resumiendo muy mucho, hace algo más d treinta siglos, en plena Edad del Bronce, los abuelos de Clausewitz se dejaban los cuernos a base de hostias de una manera muy, pero que muy organizada. Justo un poco antes de que se produjeran lo que conocemos como invasiones de los Pueblos del Mar, las cuales provocaron el colapso de todas las grandes civilizaciones del Mediterráneo menos la egipcia, que bajo el reinado de Ramses III se libro por los pelos después de pasarlas putas en la batalla del Delta del Nilo. 

Llegados a este punto cualquier juntaletras con un poco de imaginación debería de tener la cabeza a punto de estallar de tanta incógnita, de tantas posiblidades. ¿Qué evento obligó a tal movilización? Una movilización que deja en pañales cualquier historia narrada por la fantasía épica moderna o la ciencia-ficción. Una auténtica primera guerra mundial. Sinceramente, si después de leer todo lo anterior no pensáis que detrás hay una historia cojonuda por escribir es que estáis muertos por dentro.  

En fin chavalería, la semana que viene llegará la segunda entrega de la serie, con consejos bibliográficos y más, mucho más.


Eduardo Martínez.

jueves, 12 de mayo de 2016

Los Tres Mosqueteros

Hoy The OCCULT Herald cuenta con una firma nueva, la de Carolina Pérez Chavarino, una colaboradora espontánea.

Si hace nueve meses, cuando pusimos en marcha esta mandanga, nos dicen que vamos a recibir en nuestro mail una petición de un desconocido para publicar un artículo en el blog, nos hubiéramos caído de culo de la risa por la incredulidad, pero ahora que ha ocurrido nos ha dado un orgullaco que no veas. Cuando Eduardo y yo nos lanzamos a hacer este blog (llegando tarde a la moda en internec allá por los 2000) lo hicimos sin ninguna pretensión de llegar más allá que a los tres o cuatro amigos que tenemos, así que el hecho de que alguien de fuera se interese en esto y además quiera participar nos llena de orgullo y satisfacción. No es que se nos haya subido a la cabeza, pero vamos, que ya podéis ir buscando hueco para hacernos una estatua. De oro. 

Sin más, os dejamos con la entrada de Carolina sobre un pilar del pulp: Los Tres Mosqueteros. 



Una de las obras más pulp de la literatura universal es, sin duda, la obra del famoso escritor francés Alejandro Dumas, Los tres Mosqueteros.

-Pero si el pulp no se inventó hasta principios del siglo veintARRRGH!!!
Más que una sencilla novela de capa y espada, es ésta el inicio de una gran saga en la que tres guardias reales y un aspirante a mosquetero viven un sinfín de trepidantes lances. Desde su publicación, por entregas, en el periódico Le Siécle en 1844 ha sido leída durante generaciones como si de una obra contemporánea se tratase. Ni el propio autor fue capaz de imaginar el éxito y la proyección que su propia obra iba a tener. Y es que, es ésta una de esas novelas en las que se mezcla la realidad de unos personajes históricos como es el caso de los reyes de Francia, Luis XIII y Ana de Austria, el Cardenal Richelieu o el propio personaje de D´Artagnan como bien nos relata Gautier de Courlitz de Sandras en Memorias del Señor D´artagnan teniente capitan de la 1ª Compañía de los Mosqueteros del Rey, todo ello unido a la propia aventura creada por Dumas.

-¡Traseguemos estos picheles de buen verdejo!
N del T: ¡Vamos a ponernos como Las Grecas!
La trama se encuentra ambientada en la Francia del siglo XVII, una época en la cual, los duelos a espada, por pequeña que fuese la afrenta, eran habituales. Junto a ello, una ligereza de pluma, una frescura en el lenguaje que hace que sea esta una obra/novela tan atrayente al gran público el cual, y desde el comienzo de la novela se ve envuelto en una ilusión permanente que se hace cada vez más manifiesta según avanza a través de sus páginas. Una infinidad de vibrantes episodios en la que los protagonistas se convierten en héroes populares gracias a los principios que ensalzan, el valor de la amistad, el amor o la lealtad. Todos ellos sobresalen por encima de la traición y el mal encarnado en Mylady de Winter o el Conde de Rochefort. Unos valores que calan hondo en el imaginario colectivo y que los hacen tan del gusto de la cultura popular haciendo de esta novela una obra universal e inmortal. Una obra que, en su género, ha sido precursora de otras muchas novelas escritas con posterioridad. Por citar algunas de las más conocidas: El corsario negro (1862) de Emilio Salgari, Prisionero de Zenda (1894) de Anthony Hoppes Hawkins, Cyrano de Bergerac (1897) de Edmond Rostand, La Pimpinela Escarlata (1905) de la Baronesa Orczy, El Zorro (1919) de Johnston McCulley, Scaramouch (1921) de Rafael Sabatini o El Capitán Alatriste (1996) de Arturo Pérez Reverte. El mundo del cine también se ha rendido al encanto de Los tres Mosqueteros. Llevada a la gran pantalla durante décadas podríamos citar algunas películas como la versión muda de Los tres mosqueteros de 1921 del director Fred Niblo, hasta las más recientes filmografías como es el caso de la obra realizada bajo la dirección de Stephe Herck Los tres mosqueteros de 1993. Inspiradora para otras muchas películas como es el caso del entrañable film La princesa prometida de 1987 dirigida por Rob Reiner o en el más puro gusto español la serie televisiva Águila Roja que tanto éxito ha cosechado. Es innegable que la obra de Dumas ha cautivado a todos los lectores.

-Oye, ¿Y este?
-A mi no me líes, ¿eh? que ya estaba muerto cuando me lo encontré.


 Carolina Pérez Chavarino

martes, 10 de mayo de 2016

Pulp & Rol (II): El castillo de Falkenstein

La susodicha Caja Roja
Los irresponsables que, semana tras semana, llevamos ya nueve meses llenando de tontunas varias este pequeño rinconcito de Internet, además de aporrear teclados y dibujar “moñecos” y otras lindezas, somos jugadores de rol muy viejunos. Y cuando digo viejunos es la hostia de viejunos. Según las categorías que el genial Carlos de la Cruz dejó definidas en su blog la Frikoteca, los integrantes de The OCCULT Herald somos Dinosaurios -dícese de los que empezamos a jugar al rol entre 1985 y 1987 con la Caja Roja…si alguien ha pensado en bombones al leer eso, fuera del blog-, y casi, casi Antediluvianos. Vamos, que comenzamos a jugar al rol antes de que Sabrina Salerno enseñase el pecho derecho.

El caso es que después de tantos años de tirar dados, además de mil batallitas del abuelo cebolleta, pocos juegos hay que no hayamos probado ya. Y de entre esa larga lista de juegos de todo pelaje, para la segunda entrada de Pulp & Rol quiero rescatar una auténtica rara avis. Un juego que se adelantó a su tiempo, y que de haberlo pillado con el bagaje pulpero que tengo a mis espaldas, me habría vuelto loco… más loco. Si eso es posible.

Damas y caballeros, niños y niñas, gentes de mal vivir en general, tengo el orgullo de presentar a El castillo de Falkenstein. SI tenemos en cuenta que el padre fundador de la afición, el Dungeons & Dragons, tomó como principal fuente de inspiración la Espada y Brujería de Leiber –no, queridos piltrafillas, los Padres Fundadores pasaban un tanto de Tolkien-, no podemos decir que El castillo de Falkenstein sea el primer juego de ambientación Pulp. Pero si que se puede decir que es el primero que se diseña desde un espíritu cien por cien Pulp. Pero pongámonos en antecedentes.

En 1994 el diseñador de juegos Mike Pondsmith publica dentro de su editorial R. Talsorian Games, un juego que él mismo definió como experimento lúdico. En este nuevo juego, que fue un desastre comercial inversamente proporcional al respaldo de los críticos del asunto, se nos presentaba de una forma que, desde el punto de vista narrativo, no podría gustar más a un lector amante del Pulp. El viejo juego literario del manuscrito encontrado se convertía aquí en el diario recuperado de Thomas Olam, un programador de videojuegos desaparecido en misteriosas circunstancias. En el diario Olam nos explicaba como por arte de magia (un poderoso conjuro y tal) se había visto transportado a una realidad paralela a la nuestra em la que la magia y la tecnología caminaban de la mano. Un mundo en el que Olam había podido conocer en persona tanto a príncipes y reyes, como a personajes que en nuestro mundo eran ficticios, como el inquilino del 221B de Baker Street, un cierto príncipe de Valaquia de muy mala leche, o un genio del mal chino llamado Fu Manchú. El diario de las aventuras y desventuras de Olam por esa Europa de marcado carácter Steampunk, en la que la magia y las locomotoras de vapor conviven en absoluta armonía, iba introduciendo al jugador en las mecánicas del juego. Unas mecánicas que se alejaban de todo lo que el mundo de los juegos de rol conocía hasta entonces, y que empleaban cartas de póquer francés para resolver las acciones, volcando todo el peso del juego en el aspecto narrativo.

-3 de picas. Pifia.
-Bitch pls.


Es una lástima que por aquel entonces, mediados de los 90, se juntase por un lado la crisis que vivió el rol en España -consecuencia directa del tristemente conocido como Crimen del Rol-, y que los jugadores de por aquel entonces nos volvimos medio gilipollas con el dichoso Mundo de Tinieblas (Hay que joderse lo “intensitos” que fuimos los miembros de la Generación X). Y es que nos parecía mucho más “guay” ir de chupasangres por la vida. Eso hizo que la edición en castellano, que corrió a cargo de Martínez Roca, pasara sin pena ni gloria. Hasta el p


unto de que a día de hoy no hay forma humana de encontrar un ejemplar de segunda mano. Literalmente imposible. Así que si por un casual tienes uno, amigo lector, o lo guardas a buen recaudo o nos escribes un mail y nos haces buen precio (que aquí sabes que lo vamos a cuidar con amor).

Y es que El castillo de Falkenstein reunía tal cantidad de elementos propios del Pulp que maldigo a los Primigenios y los dioses exteriores por no haberlo pillado en su día. En Falkenstein había steampunk victoriano, capa y espada, misterio y aventura pura y dura. Era, y perdonen la palabrota, la polla con cebolla. Un juego en el que los jugadores tenían la obligación de narrar una historia cien por cien pulp. 

Un castillo. No necesariamente el de Falkenstein.

El único consuelo rolero que se puede ofrecer, por si este pequeño artículo os ha picado la curiosidad, es la opción GURPS. Porque en el año 2000 se publicó una adaptación con una buena lista de suplementos para ese sistema de juego (GURPS Castle Falkenstein), en la que es la única posibilidad real para los jugadores actuales de descubrir una de las ambientaciones más puramente pulp jamás creadas. Si por un casual os ha picado el gusanillo con esta entrada, os recomiendo las entradas que en su día le dedicaron los blogs roleros Bastión Rolero y Aventuras en la Marca del Este. Imprescindibles.



Eduardo Martínez.

martes, 19 de abril de 2016

De etiquetas, géneros, subgéneros, categorías, y otras petisoperías.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3d/True_humility.png
Disculpe milord, pero pienso "de que no".

Hace unos días @lordaguafiestin (aka Diego Fernández Villaverde), en el blog de Ánima Barda, firmaba una entrada de las que a pesar de su brevedad, da que pensar. Bajo el título “Género Grimdark: Eso es dark, pero lo que es grim, no es” (título de resonancias joesemotescas –jódete el término que me acabo de inventar-, por eso del “pero ser, eres”), en poco más de quinientas palabras en las que ponía por delante que esa entrada era poco más que un desbarre, y que el autor nunca ha sido muy amigo de etiquetas; nos hacía un resumen de lo que es el Grimdark y porque a día de hoy esa etiqueta se está empleando en exceso y mal.

Tan sólo un día después un señor llamado Luis Alberto de Cuenca (Que además de filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador español; por si fuera poco es también académico de número de la Real Academia de la Historia y académico correspondiente en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada… Ahí es nada), firmaba un artículo en el periódico digital Libertad Digital titulado El Coyote. En dicho artículo de obligada lectura para todos los amantes del Pulp, dedicado al personaje inmortal y a su creador José Malorquí, puede leerse lo siguiente:

José Mallorquí Figuerola, barcelonés de 1913, uno de los novelistas en lengua castellana más prolíficos y populares del siglo XX. Y digo "populares" por emplear el adjetivo que suele acompañar a este tipo de autores, sin que ello signifique que la llamada "literatura popular" sea algo así como una segunda división respecto de la otra literatura, la que no es —presuntamente— popular, o sea, la llamada "gran" literatura, especializada en aburrir a las mismísimas ovejas. En el mundo de las letras no hay alta ni baja literatura. Hay solo buena y mala literatura. Y la que nos legó José Mallorquí rebasa los límites de la bondad para acercarse a los de la optimidad (si me permiten el palabro). 

Como no hay dos sin tres, desde ya mismo diré que coincido con ambos autores, las etiquetas son cosas de bibliotecarios, editores y libreros (mala gente…se lo digo yo, que he sido librero una década larga). Más allá de la necesidad de etiquetar los libros en géneros y subgéneros, de forma que podamos encontrarlos cuando vamos a una biblioteca, o que el librero nos los pueda vender a placer, la literatura es buena o mala. La novela, como género mayor literario, tiene como fin último entretener al lector. Que si, que se puede ilustrar, adoctrinar, educar y mil cosas más, pero el fin más legítimo de la novela es el de entretener al lector. 

Pero claro, como decía antes, incluso en esta Era Digital en la que es más fácil que nunca publicar un libro, hace falta que esa novela llegue a los lectores. Hay que difundirla y venderla. Y aquí es donde los libreros, tanto los clásicos como las plataformas de venta, necesitan recurrir a las etiquetas. Y para que vamos a negarlo, las etiquetas de géneros y subgéneros las acogemos todos los lectores de forma gustosa. A fin de cuentas para cada lector hay cierto tipo de historias que le llegan más que otras. 

Llegados a este punto, en el que creo que nada hay abierto a discusión, y en el que he dejado claro que tengo un parecer cercano al de Diego Fernández Villaverde o Luis Alberto de Cuenca; es cuando me toca hablar de Grimdark.

By John Tenniel - Image taken from Punch, or the London charivariScanned from the original by User:Fastfission., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=247869
Atención a mi traje Grimdark, queridos
piltrafillas. 
Son muchos los autores que han tratado de definir el Grimdark. En líneas generales hay cierto consenso que permite decir que se trata de un subgénero de la ficción especulativa (ciencia-ficción y fantasía), en el que el tono narrativo es oscuro y violento, y en cuyas historias las barreras de la moral se difuminan. En la entrada que dediqué a Joe Abercrombie, uno de los máximos exponentes actuales de dicho subgénero, ya dije que el Grimdark era el punto de unión entre dos maneras totalmente contrapuestas de entender la fantasía. Era el matrimonio entre la Espada y Brujería del Pulp de principios del siglo XX, con Howard a la cabeza, y la Alta Fantasía heredera de las narraciones mitológicas, que en la obra de Tolkien llega a su cima. El Grimdark era por un lado la reacción a la degeneración que se había producido con el modelo de Tolkien, y la recuperación del legado literario de autores, los maestros de la Espada y Brujería, que se habían adelantado a su tiempo.

Sea como fuere, tenga más o menos razón, lo cierto es que el Grimdark se ha convertido en una de las corrientes más interesantes de la actual literatura fantástica. Al ya citado Joe Abercrombie habría que añadir autores como George RR Martin, R. Scott Bakker o Mark Lawrence, cuyas obras encajan perfectamente en los parámetros del Grimdark

Llegados a este punto es cuando tengo que volver al artículo de Ánima Barda, y a su opinión al respecto del mal uso de la etiqueta. 

Hagamos un ejercicio interesante, preguntémonos cuanta gente fuera de este círculo reducidísimo de amantes de la literatura de ficción especulativa, sabe que cojones es eso del Grimdark. Cuanto lector, fuera de nuestro pequeño nicho, sabe de qué diablos estamos hablando. Creo, y lo digo con todo el dolor de mi corazón, que en ocasiones parecemos un puto perro salchicha ladrando a un mastín de 80 kilos de puro músculo. No somos realmente conscientes de los poquitos que somos. Que si, que hay un porcentaje aceptable de lectores que disfrutan con una novela de fantasía o de ciencia ficción; pero en proporción los auténticos aficionados, especialistas del tema, somos cuatro gatos. La etiqueta Grimdark significa algo para un número tan ridículo de lectores que ni tan siquiera los editores de un autor de la talla de Joe Abercrombie (Alianza Editorial y Fantascy/Random House) se molestan en incluirlo cuando hablan de él. Al público comprador lo de Grimdark se la trae muy floja, la verdad. 

By Edward Linley Sambourne (1844 – 1910) [Public domain], via Wikimedia Commons
En caso de duda hágame usted caso, caballerete,
que tengo la pelota muy gorda.
Mira si seremos cuatro muertos de hambre –metafóricamente hablando- los que nos movemos en el submundo de la fantasía, la ciencia-ficción y el Pulp, que tan sólo me vienen a la cabeza cuatro autores españoles cuyas obras pueden encajar en esa etiqueta de Grimdark. Y únicamente tres de ellos la han reivindicado. Los más recientes son Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco cuya novela Delbaeth Rising (de la que ya hemos hablado en este blog), a pesar de que personalmente la veo más cercana al Pulp de Espada y Brujería que a la Alta Fantasía, encaja perfectamente en el subgénero. A estos dos barceloneses hay que añadir a la novelista madrileña Virginia Pérez de la Puente, cuyos libros del Segundo Ocaso están muy en la línea de Bakker y su Príncipe de Nada, y son una magnífica muestra de Grimdark. Y el cuarto autor en discordia, que hasta donde tengo noticia jamás empleó la etiqueta, pudiendo hacerlo más que de sobra, es el castellonense Guillem López, cuyas dos primeras novelas (La Guerra por el Norte y su secuela Dueños del destino), son probablemente la mejor muestra de literatura fantástica Grimdark que se haya escrito en castellano. 

En serio, me encantaría poder decir que la etiqueta está mal empleada, que hay una multitud de autores que la emplean de forma injustificada. Pero coño, es que somos cuatro gatos los juntaletras que dedicándonos a la ficción especulativa o el Pulp hemos llegado a ver nuestros libros en negro sobre blanco. Y muchos menos los que han dicho que su novela es Grimdark. Ojalá llegue el día en que publicar fantasía en castellano sea de lo más normal y podamos decir que se emplean mal las etiquetas.

En fin, que sí, que el riesgo de que se llegue a producir ese uso equivocado del término está ahí, latente. Pero a día de hoy no es el caso. No seamos más papistas que el papa, ni nos pongamos la tirita antes de hacernos la herida. Que tampoco mola tanto esto de ser muy hater.

Eduardo Martínez.

martes, 12 de abril de 2016

El hombre tras la máscara de Allan Quatermain



https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d1/Thure_de_Thulstrup_-_H._Rider_Haggard_-_Maiwa%27s_Revenge_-_Fire%2C_you_scoundrels.jpg
Allan Quatermain poniendo orden en "La Vengaza de Maiwa"
En esto de la literatura popular, todo lector tiene su género preferido. Y, aunque a fin de cuentas, cuando se trata de buenos libros probablemente no le hagamos ascos a nada, siempre hay un tipo de escenario, de temática, que encabeza nuestro ranking de lecturas. En el caso de este servidor, después de tantos meses, ya pueden afirmar sin miedo a equivocarse que mi pasión es la fantasía en general, y la Espada y Brujería en particular. No obstante, hay un periodo histórico que, por su enorme influencia en la cultura popular actual, sigue despertando pasiones en todo lector de Pulp que se precie. Si señores, el mismo de mi entrada del pasado jueves, la Inglaterra victoriana. 

Durante el largo reinado de la Reina Victoria, Inglaterra se convirtió en la primera potencia del globo. Un periodo histórico, el de los grandes imperios coloniales, marcado por una confianza inquebrantable en el progreso ilimitado de la ciencia que permitiría avances sociales inimaginables en el pasado. Un progreso que parecía no tener fin, y que permitió a las naciones europeas principalmente soñar con un futuro asombroso. Por desgracia ya sabemos cómo acabó ese sueño convertido en la pesadilla de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Pero esa es otra historia.

Volviendo a la Inglaterra victoriana, como todo imperio que se precie, además de sus avances científicos y sociales, en el campo de la literatura gestó lo que habría de venir después. Prácticamente todos los grandes géneros del siglo XX tienen su nacimiento dentro de las fronteras imperiales británicas. Y de entra el enorme legado literario, hay determinados nombres propios que, en lo tocante al Pulp, son un pilar fundamental del mismo tal y como hoy lo tratamos.

Hoy toca hablar de uno de los personajes emblemáticos de H. Rider Haggard, y sobre todo del hombre real que lo inspiró. Y es que, otra de las características históricas más fascinantes del periodo victoriano, es la de los aventureros y exploradores, modelo de héroes clásicos que los ingleses han sabido vender como nadie. Aunque de eso hablaremos un poco más adelante.

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Henry Rider Haggard
Como iba diciendo, H. Rider Haggard, para el que no lo conozca (dentro del mundillo Pulp sería rarísimo, pero hay gente pa tó, como dijo El Gallo), fue un escritor inglés, nacido en Bardeham, Norfolk, en 1856, y fallecido en Londres, en mayo de 1925. Para el que quiera más datos biográficos que se dé una vuelta por la Wikipedia, que allí están todos. El caso es que desarrolló su carrera literaria, destacando sus aportaciones al género de aventuras, durante los años de gloria del Imperio Británico. De entre su amplia bibliografía, hay un libro y un personaje que a los lectores de Pulp nos toca muy de cerca: Las Minas del Rey Salomón.

Publicada por primera vez en 1885, con un éxito de ventas increíble, Las Minas del Rey Salomón nos narra el periplo de un grupo de aventureros encabezados por el cazador Allan Quatermain en busca del hermano perdido de uno de esos exploradores. Las Minas del Rey Salomón, primera novela de aventuras en ingles ambientada en África, está considerada como la primera obra del subgénero de los Mundos Perdidos. Un género que no hacía otra cosa que reflejar el asombroso mundo del siglo XIX, en el que intrépidos aventureros se dedicaron en cuerpo y alma a explorar y cartografiar los últimos rincones vírgenes del planeta. Territorios donde los europeos, como punta de lanza de la civilización occidental, no habían estado antes.

Tal fue el impacto de Allan Quatermain, que tendría su propia saga de novelas. Posteriormente, a lo largo del siglo largo de vida del personaje, le hemos visto adaptado al cine con el rostro de Stewart Granger, Richard Chamberlain, Patrick Swayze y Sean Connery (este último en la versión del personaje que crearía Alan Moore para su La Liga de los Hombres Extraordinarios), al cómic y puesto que la obra de Haggard y sus personajes están libres de derechos de autor, en cameos y novelas de toda clase y condición (especial mención a La isla en el fin del tiempo, de Miguel Ángel Naharro). 

Sin embargo lo que no todos los lectores de pulp sabemos, es que detrás de Allan Quatermain se esconde un personaje real, con nombre y apellidos. Uno de esos intrépidos aventureros y exploradores británicos que los hijos de la Gran Bretaña nos han sabido vender mejor que nadie. Porque seamos francos, la aventura del descubrimiento, exploración y conquista de América por los españoles hace que lo de los ingleses parezca una excursión de fin de semana. Y puestos a comparar salvajadas (siempre desde la óptica moral del siglo XXI, que somos de un cogérnosla con papel de fumar que entran ganas de echar la pota), aquí los compadres british son de doctorarse Cum Laude. Pero mientras nosotros vamos pidiendo perdón y rasgándonos las vestiduras, ellos lo envuelven en un traje de épica que te cagas la pata abajo, y nosotros lo compramos encantados. Yo el primero. Que una cosa no quita la otra. Como decía, detrás de Allan Quatermain se esconde una de esas bestias asombrosas que se dejaron la piel en África. Un explorador y cazador de fama legendaria en su tiempo llamado Frederick Courteney Selous; probablemente el más grande de los cazadores blancos de África.

By himself - In The Heart Of Africa, Public Domain, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=19304138
Frederick Selous, durante un safari en 1890
Frederick Selous nace en Londres, en diciembre de 1851, y tras estudiar en la prestigiosa institución Rugby School (como el bueno de Harry Flashman…ya hablaremos otro día del genial Harry Flashman, para aquellos desgraciados que no lo conocen), y después de un intento en vano de su familia por hacerle olvidar sus ansias de viajar a África, consistente en enviarlo a Suiza a estudiar medicina, con apenas 19 años desembarca por primera vez en el continente negro. Llegaba allí, tal y como cuenta Javier Reverte en su libro El sueño de África, movido por una pasión tal que, según cuantas sus biógrafos, a los trece años ya tenía decidido su destino. Al parecer fue a esa edad cuando dijo a uno de sus profesores "Voy a ser cazador en África y me estoy entrenando durmiendo en el suelo". Y no sólo eso, si no que en su percepción infantil del futuro acostumbraba a escaparse por las noches de su habitación y subirse a los árboles, algo que también formaba parte de su peculiar preparación.

Tal y como decía, con 19 años, un rifle colgado del hombre y 400 libras, desembarca en Sudáfrica dispuesto a cumplir su sueño. Y vaya si lo cumplió. A los 25 años ya era considerado el cazador de marfil más importante del sur de África. Durante sus años de juventud recorrió Sudáfrica y el actual Zimbabue (de cuya exploración y posterior cartografiado es uno de los grandes responsables) adquiriendo fama de ser un cazador legendario. No sólo por el número de sus presas, o de la sangre fría que siempre mostró al cazar (era capaz de mantenerse impasible frente a la carga de un búfalo o un león). Curiosamente Selous hizo siempre gala de un propio código de caza por el cual jamás abatió hembras o crías, eligiendo exclusivamente como presas a machos de gran tamaño. Un peculiar código del guerrero, si me permiten la expresión. 

Como miembro de la Compañía Británica del África del Sur trabajó de guía para los primeros colonos blancos que se adentraron en Mashonaland, al norte de Zimbabue. Colonos a los que condujo sanos y salvos a través de más de 500 kilómetros de selvas y montañas hasta ese momento inexploradas. A esta proeza vino a sumar, poco después, la exploración del territorio llamado Manica, actualmente en Mozambique, gracias a la cual el Imperio Británico pudo anexionarlo. Hazañas que le valieron, en 1892, la Medalla de Oro (Founder’s Medal) de la Real Sociedad Geográfica Británica.

Ya durante la madurez, a pesar de tener oficialmente su residencia en Inglaterra, además de regresar a África en numerosas ocasiones, realizaría expediciones por los territorios salvajes de América del Norte (Terranova en Canadá y Alaska en Estados Unidos), Asia Menor, Persia y el Cáucaso. Finalmente en 1917, durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial, en la que participó de forma activa como capitán del ejército británico en su dura pugna con el ejército colonial alemán por el control del Este de África; a orillas del río Rufiji sería un francotirador alemán quien daría caza al gran cazador. Con ese disparo dio fin una vida auténticamente fascinante, modelo en el que H. Rider Haggard se basó para crear ese Allan Quatermain que nos es tan querido. 

Cierro este artículo de tono un poco más técnico de lo que viene siendo habitual en la bitácora con una reflexión. Si H. Rider Haggard pudo hacerlo, nosotros también. Para crear a nuestros protagonistas nada como mirar a nuestro alrededor, o en los libros de historia. Hombres como el también legendario explorador británico Richard F. Burton, o el español Hernando de Soto, pueden ser la base sobre la que crear a los protagonistas de nuestras historias. Tomen nota, por si las moscas.




Eduardo Martínez.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Delbaeth Rising: Camino de Odio; de Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco


Tras unas merecidas…qué coño, merecidísimas vacaciones, aquí estamos de vuelta los irresponsables de The OCCULT Herald dispuestos a seguir hablando de tontunas varias. Y nada mejor para retornar a la actividad bloguera que dar paso a una reseña recién salida del horno. Calentito lo traigo, oigan. 

Antes de la Semana Santa, que ha llegado cargada de torrijas y pelis de romanos (si dura una semana más un servidor pega un pedo que ni el lagarto de Jaén), un servidor de ustedes recibió en casa su ejemplar de Delbaeth Rising: Camino de Odio, novela de la que ya hemos hablado anteriormente en el blog. Si en su día tratamos de apoyar el crowdfunding en la medida de nuestras posibilidades, y posteriormente acudimos a conocer en persona a Víctor Blanco y Gonzalo Zalaya (tanto monta); hoy toca cumplir lo prometido y, una vez leída, hacer la correspondiente reseña. Sin spoilers, of course.

By Jean-Léon Gérôme - phxart.org : Gallery, Pic, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12278
Vosotros poneos tontacos con los deditos, que me sobra espada
Delbaeth Rising: Camino de Odio, en líneas muy generales narra la historia de un elfo llamado Delbaeth, que lleva un siglo largo de campeón invicto de la arena de lucha de Velarburgo. Un tipo encantador que está como un puto sonajero, y al que más vale tener lejos de la cubertería doméstica. El Cortador le llaman, al angelito. Imagínense que pieza. El caso es que Delbaeth, en una secuencia de arranque modélica en cuanto a lo espectacular de la acción, pierde ese papel de invicto y recupera la libertad. El artífice de la misma es Laurentius de Volge, un anciano mago, que en cuestiones de magia y tal está un poco jodido, y que en tiempos pasados fue consejero del Rey. Vamos, que de magia, conjuros y brujerías varias malamente, pero es más listo que los ratones colorados. A cambio de la libertad le pide a Delbaeth que le ayude en una misión para salvar el Reino. Y claro, como Delbaeth no tiene muchos amigos a los que hacer visita y en el fondo resulta que es agradecido a su manera, le dice eso de ojos tienes morena y se pone manos a la obra. O al descuartice en plan ansia viva. Acompañado de Ratón, un mediano que se maneja bien con la espada y mejor con el cerebro, se lanza a cumplir la misión que Laurentius les ha impuesto. 

https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AThe_Battle_of_Bosworth_Field_-_A_Scene_from_the_Great_Drama_of_History.jpg
¿Escenario? Que le den al escenario. Hostias como panes es lo que queremos.
Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, ya que en verdad en Delbaeth Rising no hay nada nuevo bajo el sol. Que el lector no espere descubrir nada nuevo o nunca leído. Pero que tampoco se crea que se trata de una novela remedo de las de los Reinos Olvidados con mucha más mala leche y litros y litros de sangre; que los hay. Delbaeth Rising es una novela mucho, muchísimo más cercana en concepción y espíritu a las narraciones de Espada y Brujería del Pulp clásico que a cualquier ejemplo de literatura fantástica clásica. Es una novela cuyo escenario me recuerda al de aquellas maravillosas películas italianas de Espada y Brujería de serie Z (un cine tan casposo y tan bizarro que debería de ser rescatado del olvido a la voz de ya), donde lo importante no es que detrás de los actores haya escenarios de cartón piedra, cuya pintura se cae a cachos. En Delbaeth Rising el mundo es casi anecdótico -no en vano la construcción del mundo, a pesar de que hay aciertos creativos francamente buenos, como las Hojas Huérfanas, sea quizás la parte más floja de la novela-, la clave está en lo que ocurre delante de los asombrados ojos del lector. Una trama de algo más de 300 páginas que funciona como un puto reloj suizo, y que es como un disparo, en el que las secuencias de acción y violencia se suceden casi sin tiempo para tomar aire, encajando de forma perfecta, demostrando que aquí no tenemos sino una simple introducción a las aventuras de un héroe de los que tienen un largo recorrido. 

Delbaeth Rising: Camino de Odio hace bueno eso que llevo mucho tiempo defendiendo de que el moderno Grimdark no es otra cosa que la evolución de la literatura de Howard o Leiber. Esta es una novela en la que Gonzalo y Víctor dejan sembradas las semillas para futuras historias en forma de secundarios que apuntan maneras de antagonistas de peso. Y lo hacen con oficio y honradez. No nos venden una historia con tintes introspectivos y trascendentes. Es diversión pura y dura. Sencilla y maravillosa diversión. Joder, que gusto. 

Resumiendo, Delbaeth Rising: Camino de Odio quizás no pasará a la historia de la literatura fantástica española. Puede que no tenga el relumbrón de otras obras que últimamente están que lo petan, pero además de estar francamente bien escrita, rezuma un amor por el género y unas tablas en esto de contar historias, que hacen que valga todos y cada uno de los 19,90 € de su precio. Una lectura notable que los amantes de la fantasía y el Pulp no deben dejar pasar. Palabra de The OCCULT Herald



Eduardo Martínez.


Post Scriptum: Si el que antes hablaba era el lector y aficionado, ahora lo hace el librero y editor, con la sana intención de aportar una sugerencia para futuras ediciones; que seguro que la primera vuela. Si bien la edición física es buena, con una maquetación bastante profesional, una correcta elección de papel y tipografía, y la ilustración de cubierta es magnífica (una pasta os habrá costado), personalmente habría elegido una fuente profesional para el título, menos "hecha a mano". El diseño integral de la cubierta cojéa, en mi modesta opinión, con la tipo elegida para el título. Y es una lástima que un trabajo global tan bueno pueda desmerecer por un detalle tan pequeño. Ya saben los que por aquí se pasan que tanto Jae Tanaka como un servidor somos firmes defensores de la necesidad de elevar el listón de diseño para lograr acercar a las pequeñas editoriales de nuestro género al canon de las más grandes. Así que esto lo tenía que comentar, aunque sin ninguna acritud y siempre con ánimo constructivo. 

jueves, 3 de marzo de 2016

Grandes autores del Pulp: Roy Thomas

Los responsables de The O.C.C.U.L.T. Herald, aunque parezca lo contrario, nos tomamos las cosas muy en serio y por eso estamos empezando a hacer la transición hacia el .com, sin el .blogspot, que queda como más pofesioná. También hemos introducido publicidad, que las piscinas no se pagan solas, y por eso, desde hoy vamos a prescindir del uso de imágenes sujetas a derechos que impidan su uso comercial. 

En adelante nos nutriremos del catálogo libre de derechos de la British Library, acercándonos además así a ese aspecto de tabloide victoriano que intentamos plasmar en el encabezamiento del blog.

Sin más, o dejamos con una entrada dedicada a José Oneto.




By Nightscream (Own work) [CC BY 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], via Wikimedia Commons
Roy Thomas en la Big Apple Conventio de 2008. Fotografía de Nightscream ©


Puesto que está visto que esta semana vamos mal de tiempo (a que negar las evidencias), la entrada de hoy es breve y sirve a modo de homenaje a uno de los nombres que deberíamos tener en letras doradas en el Salón de la Fama del Pulp

Creo que para cualquiera que lleve una temporada siguiéndonos le resultará más que evidente que, para un servidor, dentro de los muy diversos géneros que toca la literatura Pulp, es la Espada y Brujería el que reina de forma indiscutible sobre los demás. A pesar de que soy historiador de formación, y que el principal culpable de que aspirase a convertirme en arqueólogo fue uno de los personajes de ficción más maravillosos jamás creados, Indiana Jones, fue otro quien me llevó a estos caminos de la literatura Pulp. Un cimerio de pelo negro, ojos sombríos, la espada en mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, cuyos pies calzados con sandalias pisotearon los tonos enjoyados de la Tierra.

Espada y... esto... laúdjería
Muy probablemente sin el inmortal personaje nacido de la febril mente de Robert E. Howard jamás habría llegado a la Espada y Brujería, y, por extensión, al género fantástico. Pero el nombre propio al que tanto yo, como más de una generación de ávidos lectores debemos agradecer o culpar de nuestros desvelos, es otro. Permitan que active por un rato del modo abuelo cebolleta contando batallitas y así les ponga en situación. Que con el ejemplo luego todo se explica mejor.

El pequeño Eduardo y su madre,
con la ropa tradiconal de ir a
 comprar tebeos
Nacido en el 75, puede decirse que soy un niño de los ochenta; y mi feliz infancia transcurrió en el popular barrio de Cuatro Caminos de Madrid (que, por cierto, nada tiene que ver el que era entonces con el de ahora). Bien cerca de donde vivía, en la esquina de la calle Marianela con San Raimundo había por aquel entonces una mercería de las de antes. Uno de esos comercios de barrio donde todo el mundo se conocía, y en el que además de sus mercancías propias, se acababa vendiendo cualquier cosa imaginable. El caso es que una tarde mi madre, que ahora me doy cuenta de lo joven que era, se pasó por allí para comprar vete a saber qué diablos. Yo tendría entonces nueve años a lo sumo, y supongo que iría detrás de ella con esa fascinación que los niños tienen cuando salen de los difusos límites de su propia calle. Mientas la tendera y mi madre hablaban de sus cosas, descubrí que la buena mujer vendía por el precio de 75 pesetas un montón de tebeos de su hijo. Y claro, el niño que fui, que era capaz de leerse cualquier cosa que cayera en sus manos, no pudo despegar los ojos de esos tebeos (si, entonces se les llamaba tebeos, y lo sigo haciendo, anda y os jodan, malditos puristas), en los que en las portadas se veía a un tipo armado con una espada. Así que supongo que me podría pesado y mi madre, sin pararse a mirar si era tebeos adecuados para un niño (en aquella época no se tenían los miramientos que tenemos ahora, gracias a los cuales más que criar niños lo que producimos son pequeños gilipollas), me compró un par y me prometió que me iría comprando los demás que allí había si me portaba bien. Mamá, aunque no leas nunca esto, mil millones de gracias. Gracias por hacer que Conan entrara en mi vida. Gracias por permitir que mis dos primeras lecturas de la obra de Howard fueran Clavos Rojos y La Torre del Elefante. Dos Conan que pese a ser tan distantes en lo estético (De Barry Windsor Smith a John Buscema, ambos dos genios de la ilustración, media un abismo), tenían en común algo más que a su padre y creador, Robert E. Howard. Lo que los une es uno de los hombres que más responsabilidad ha tenido en la inmortalidad de Conan. Estoy hablando de Roy Thomas.

Roy Thomas, sin lugar a dudas uno de los guionistas más importantes de la historia del cómic moderno, acompañado de los lápices de Barry Smith, en octubre de 1970 veía publicado el primer número de la cabecera “Conan, The Barbarian”. Desde aquel día, hasta el año 2011 en que se vio publicado, más de cuarenta años de carrera en diversas cabeceras, Roy Thomas no sólo ha adaptado de forma brillante los relatos de Howard y los pastiches posteriores (pinchad este enlace, que al ver la lista vais a cagar ladrillos), sino que adaptó como nadie ha hecho textos e ideas de otros autores del género creando un universo narrativo coherente y ordenado en torno al cimerio. Es Roy Thomas quien, desde su labor de guionista de cómics, acercó a varias generaciones de lectores a ese personaje que después hemos descubierto en sus relatos originales y novelas. Sin su magnífica labor, labor que tan sólo un erudito y un apasionado de Conan como él podría haber desarrollado, probablemente Conan seguiría en ese estado de injusto olvido, ese limbo de ignorancia, en el que habitan personajes de la talla de Fafhrd y el Ratonero Gris. Personajes a los que sí que dedicaré la próxima semana una larga entrada, y que son conocidos tan sólo por los cuatro chalados que leemos Espada y Brujería o que jugamos al rol. 

Desde The OCCULT Herald levantamos nuestra copa ficticia para brindar en honor de Roy Thomas, el que consideramos más fiel heredero de la labor del Maestro Howard. Dicho lo cual, voy a ver si me leo de nuevo mi viejo ejemplar del número 11 de La Espada Salvaje de Conan, que tengo la necesidad de volver a escalar con Conan la Torre del Elefante.





Eduardo Martínez.

martes, 23 de febrero de 2016

Sobre Delbaeth Rising, Pulpture y otras Pulperías

Delbaeth Rising Tour llegó a Madrid.
Una de las innegables ventajas que tiene esto de ser bloguero, mezcla de aprendiz de periodista, juntaletras y cotilla de vecindario, es que se puede pontificar y soltar paridas desde la comodidad del sillón de casa. Y en esa estamos Jae Tanaka y un servidor desde hace casi medio año, soltando sin salir de casa todo lo que se nos pasa por las calenturientas cabezas, y que tiene que ver de una forma u otra con esta loca manera de narrar historias que es el Pulp. El caso es que el pasado sábado en Madrid la editorial Pulpture, una de las que marcan el paso de nuestro pequeño nicho, reunía en Madrid, en la Librería Tuuu de la calle Padilla, a varios de sus autores para presentar su primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción.

Y puesto que entre esos autores estaban Victor Blanco y Gonzalo Zalaya, en pleno Delbaeth Rising Tour, la excusa de tener tantos pájaros a tiro nos venía de perlas para salir de nuestra guarida y ver a la gente cara a cara. Que lo de las redes sociales mola cantidad, pero de vez en cuando hay que bajar al barro, y poner cara y voz a la gente de la que hablamos y con la que nos hablamos. 

Pongo por delante que esto no es una crónica al uso del evento, más bien es una serie de reflexiones sobre las que llevamos mucho tiempo dando la tabarra de forma machacona. 

Portada de Delbaeth Rising, obra de
Darya Kuznetsoba. Ronin Literario ©
El caso es que este servidor (la otra parte de los Pompof y Teddy del Pulp patrio se quedó en casa con sus propias podridas domésticas), para no perder viejas costumbres, se presentó ligeramente tarde al evento. Al entrar en la librería Tuuu los flamantes autores de Delbaeth Rising: Camino de Odio, que también editores de la recién nacida editorial Ronin Literario, acababan de comenzar su charla sobre el proceso de escritura y publicación de Delbaeth Rising. A medida que estos dos chavales del Poble Sec hacían un recorrido por sus orígenes en el rol, la literatura de fantasía oscura (el maravilloso Grimdark que ha venido a alegrarnos a los lectores de género fantástico) y resto de anécdotas sobre un más que exitoso crowdfunding, la librería fue llenándose de caras jóvenes (cojones, que con 40 castañas me sienta el viejo de la función viene jodiendo un poco, la verdad), hasta generar un ambiente la mar de cálido. 

No os puedo decir nada que no hayamos leído o escuchado ya a Víctor y Gonzalo durante su muy bien realizada campaña para el crowdfunding. Tan sólo puedo añadir que estos dos viejos amigos, amén de transmitir un muy buen rollo digno de agradecer en un mundillo con tendencia al cainismo, han logrado transmitir un mensaje de humildad y trabajo como primeros ingredientes en una supuesta receta del éxito. A los cuales hay que añadir algo en lo que hay que insistir una y mil veces, las ganas de divertirse, de mantenerse firmes en la idea de que contar historias es uno de los juegos más maravillosos que se puedan disfrutar. Y añadiendo que para mí ha sido un enorme placer poder darlos un abrazo; “maldigo” la puñeta que resulta en ocasiones ser padre de familia, con sus correspondientes compromisos familiares, por no haberme permitido seguir toda la tarde con ellos para poder charlar largo y tendido. La próxima vez será.

Los "irresponsables" de las Novelas cortas de intensa ficción
Terminada la primera parte del acto, Jorge Plana, el editor de Pulpture, nos presentó al resto de autores responsables de la primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción: Jaume Vicent, Jorge Fernández Pérez y Alberto Berjón. De la presentación puedo decir que es de aprobado alto, y de esto entiendo un huevo (a tomar por culo la falsa modestia). No en vano, después de tres lustros de buscarme las habichuelas en esto de vender libros, he visto presentaciones hasta el hartazgo; algunas aburridas hasta el nivel prefiero echar la pota, y otras de forma inesperada, incluso con los medios que se le presuponen a una editorial de las grandes, una auténtica bestialidad, como fue la de la novela Neimhaim de Arancha Serrano Lorenzo. Y debo felicitar a Jorge Plana por conducir esta de forma entretenida, con buen ritmo, logrando que una reunión de amigos (cuando hablamos de editoriales pequeñas las presentaciones no dejan de ser eso, una reunión de amigos), parezca algo más. Y por lograr que “los que pasábamos por allí”, nos sintamos en casa. Punto a tu favor colega.

Sea como fuere, un servidor, justo cuando terminó el acto y comenzaban las firmas de los autores, enormemente satisfecho y con mi ejemplar de este volumen uno de Novelas cortas de intensa ficción bajo el brazo, recogió los bártulos y se volvió a casa a representar el papel de padre responsable, que es lo que toca.

Portada del volumen uno de
Novelas cortas de intensa ficción.
Pulpture Ediciones ©
Ahora es cuando llega el momento de las reflexiones finales. Durante la pausa entre la charla de Delbaeth Rising y la presentación del resto de autores, pude cruzar impresiones con varios de los asistentes. Mientras hablaba con Víctor y Gonzalo de tontunas frikis, salió el tema de la importancia de lograr que los libros que publicamos, puesto que somos un nicho de mercado realmente pequeño, tengan el aspecto más profesional que nos sea posible. Un tema sobre el que llevamos meses dando el coñazo en este blog, y lo que te rondaré morena. Mientras Víctor Blanco me confesaba que se habían gastado unas buenas perras en la ilustración de portada de Darya Kuznetsoba (inversión que creo totalmente acertada), no podía dejar de darle vueltas al asunto de la imagen. Y es que, ¿Por qué cojones en este pequeño mundo del Pulp nos gastamos el dinero en una buena imprenta, una corrección y maquetación profesionales, y nos lo ahorramos en lo que hace que la gente quiera llevarse tu libro? Os juro por mis muertos más recientes que no logro entenderlo. De corazón. Escatimamos en lo que jamás deberíamos escatimar, y lo afirmo desde mi experiencia como librero. En lo que parecemos coincidir todos es en que los lectores somos fetichistas, y los aficionados al Pulp en grado extremo. Entonces, ¿me quiere explicar alguien porque diablos no nos damos cuenta, tal y como bien me apuntaba Jae Tanaka horas después, que lo mejor para no parecer editores de fanzines es dejar de vender putos fanzines? En serio, en ocasiones apestamos.

Antes de cerrar el navegador y mandarme a la mierda por demagogo os voy a pedir unos minutos más de reflexión. En serio, tampoco es tanto pedir. Dadme unos minutos y mirad alrededor durante un instante. ¿De verdad pensáis que para parecer un editor serio hace falta gastarse un dineral? Cuando entráis en una librería, y encontráis libros editados por Impedimenta, Nordika o Libros del Asteroide, pequeñas joyas editoriales en todos los aspectos, ¿de verdad creéis que hay una fortuna detrás? Ya os adelanto yo, que conozco sus historias, que de eso nada. Lo que hay es un trabajo serio y riguroso. Una conciencia de estar realizando una labor editorial profesional y artesanal. Un trabajo que ha logrado que esas editoriales puedan subsistir entre los colosos del Grupo Planeta y de Random House. 

Señores míos, editores de Pulp en España en particular, tenemos que vender libros, no fanzines. Y el acabado estético es la perfecta invitación a la compra. Cuando era librero solía emplear trucos muy sucios para vender, como el de hacer que el que entraba en la librería cogiera el libro con las manos (más de la mitad de lectores, al tener un libro entre sus manos, ya no quiere soltarlo). Pero había libros que entraban por los ojos. Que por ellos solos se bastaban para gritar, de entre la multitud inabarcable de novedades que inundan las mesas de las librerías cada semana, “Yo soy el elegido”. Eso solamente se puede conseguir con una buena combinación de diseño e ilustración/fotografía de portada. Y si un mal diseño puede destrozar la mejor de las ilustraciones, tened por seguro que el mejor de los diseños no sobrevive si lo que ilustra la portada es un mojón. Así que, por favor, no seamos rácanos con el tema de las ilustraciones; y más en un mundo como el nuestro. No pequemos de intrusismo (que no, que por mucho que nos mole los dibujos que hacemos cuando los ponemos al lado de los realizados por un auténtico profesional apestan a mierda a la legua). Las mismas herramientas tecnológicas que nos han hecho más fácil editar libros nos acercan al trabajo de ilustradores que pueden hacer que nuestros libros sean respetables. Por un precio que en relación al coste final de producción resulta ridículo, podemos contratar el trabajo de profesionales que harán de nuestro producto un auténtico libro. Pasemos más tiempo navegando por DeviantArt o ArtStation,  por hacer dos de las sugerencias más populares. buscando a ilustradores que por precios que nos van a sorprender, van a marcar la diferencia. En serio, tenemos unos autores francamente buenos que están pidiendo a gritos llegar a un público que no sabe que están ahí. Tenemos un trabajo global de edición respetable; tan sólo nos falta el acabado. Miremos a colegas editores, como los de los juegos de rol, que están produciendo joyas visuales (lo que ha hecho Nosolorol con Aquelarre, por citar un simple ejemplo, es una obra de arte). La inversión merecerá la pena.



Eduardo Martínez.