jueves, 25 de febrero de 2016

Intermedio: Bestiario Lovecraftiano.

Una semana más, Jae Tanaka demuestra que es una rata inconstante y se descuelga con otra de sus ilustraciones, esta vez le toca a una de las criatura del bestiario de Lovecaft, el Ángel Descarnado de la Noche. En fin...

Ilustración original de Jae Tanaka

Edward T. Knack.

martes, 23 de febrero de 2016

Sobre Delbaeth Rising, Pulpture y otras Pulperías

Delbaeth Rising Tour llegó a Madrid.
Una de las innegables ventajas que tiene esto de ser bloguero, mezcla de aprendiz de periodista, juntaletras y cotilla de vecindario, es que se puede pontificar y soltar paridas desde la comodidad del sillón de casa. Y en esa estamos Jae Tanaka y un servidor desde hace casi medio año, soltando sin salir de casa todo lo que se nos pasa por las calenturientas cabezas, y que tiene que ver de una forma u otra con esta loca manera de narrar historias que es el Pulp. El caso es que el pasado sábado en Madrid la editorial Pulpture, una de las que marcan el paso de nuestro pequeño nicho, reunía en Madrid, en la Librería Tuuu de la calle Padilla, a varios de sus autores para presentar su primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción.

Y puesto que entre esos autores estaban Victor Blanco y Gonzalo Zalaya, en pleno Delbaeth Rising Tour, la excusa de tener tantos pájaros a tiro nos venía de perlas para salir de nuestra guarida y ver a la gente cara a cara. Que lo de las redes sociales mola cantidad, pero de vez en cuando hay que bajar al barro, y poner cara y voz a la gente de la que hablamos y con la que nos hablamos. 

Pongo por delante que esto no es una crónica al uso del evento, más bien es una serie de reflexiones sobre las que llevamos mucho tiempo dando la tabarra de forma machacona. 

Portada de Delbaeth Rising, obra de
Darya Kuznetsoba. Ronin Literario ©
El caso es que este servidor (la otra parte de los Pompof y Teddy del Pulp patrio se quedó en casa con sus propias podridas domésticas), para no perder viejas costumbres, se presentó ligeramente tarde al evento. Al entrar en la librería Tuuu los flamantes autores de Delbaeth Rising: Camino de Odio, que también editores de la recién nacida editorial Ronin Literario, acababan de comenzar su charla sobre el proceso de escritura y publicación de Delbaeth Rising. A medida que estos dos chavales del Poble Sec hacían un recorrido por sus orígenes en el rol, la literatura de fantasía oscura (el maravilloso Grimdark que ha venido a alegrarnos a los lectores de género fantástico) y resto de anécdotas sobre un más que exitoso crowdfunding, la librería fue llenándose de caras jóvenes (cojones, que con 40 castañas me sienta el viejo de la función viene jodiendo un poco, la verdad), hasta generar un ambiente la mar de cálido. 

No os puedo decir nada que no hayamos leído o escuchado ya a Víctor y Gonzalo durante su muy bien realizada campaña para el crowdfunding. Tan sólo puedo añadir que estos dos viejos amigos, amén de transmitir un muy buen rollo digno de agradecer en un mundillo con tendencia al cainismo, han logrado transmitir un mensaje de humildad y trabajo como primeros ingredientes en una supuesta receta del éxito. A los cuales hay que añadir algo en lo que hay que insistir una y mil veces, las ganas de divertirse, de mantenerse firmes en la idea de que contar historias es uno de los juegos más maravillosos que se puedan disfrutar. Y añadiendo que para mí ha sido un enorme placer poder darlos un abrazo; “maldigo” la puñeta que resulta en ocasiones ser padre de familia, con sus correspondientes compromisos familiares, por no haberme permitido seguir toda la tarde con ellos para poder charlar largo y tendido. La próxima vez será.

Los "irresponsables" de las Novelas cortas de intensa ficción
Terminada la primera parte del acto, Jorge Plana, el editor de Pulpture, nos presentó al resto de autores responsables de la primera entrega de Novelas cortas de intensa ficción: Jaume Vicent, Jorge Fernández Pérez y Alberto Berjón. De la presentación puedo decir que es de aprobado alto, y de esto entiendo un huevo (a tomar por culo la falsa modestia). No en vano, después de tres lustros de buscarme las habichuelas en esto de vender libros, he visto presentaciones hasta el hartazgo; algunas aburridas hasta el nivel prefiero echar la pota, y otras de forma inesperada, incluso con los medios que se le presuponen a una editorial de las grandes, una auténtica bestialidad, como fue la de la novela Neimhaim de Arancha Serrano Lorenzo. Y debo felicitar a Jorge Plana por conducir esta de forma entretenida, con buen ritmo, logrando que una reunión de amigos (cuando hablamos de editoriales pequeñas las presentaciones no dejan de ser eso, una reunión de amigos), parezca algo más. Y por lograr que “los que pasábamos por allí”, nos sintamos en casa. Punto a tu favor colega.

Sea como fuere, un servidor, justo cuando terminó el acto y comenzaban las firmas de los autores, enormemente satisfecho y con mi ejemplar de este volumen uno de Novelas cortas de intensa ficción bajo el brazo, recogió los bártulos y se volvió a casa a representar el papel de padre responsable, que es lo que toca.

Portada del volumen uno de
Novelas cortas de intensa ficción.
Pulpture Ediciones ©
Ahora es cuando llega el momento de las reflexiones finales. Durante la pausa entre la charla de Delbaeth Rising y la presentación del resto de autores, pude cruzar impresiones con varios de los asistentes. Mientras hablaba con Víctor y Gonzalo de tontunas frikis, salió el tema de la importancia de lograr que los libros que publicamos, puesto que somos un nicho de mercado realmente pequeño, tengan el aspecto más profesional que nos sea posible. Un tema sobre el que llevamos meses dando el coñazo en este blog, y lo que te rondaré morena. Mientras Víctor Blanco me confesaba que se habían gastado unas buenas perras en la ilustración de portada de Darya Kuznetsoba (inversión que creo totalmente acertada), no podía dejar de darle vueltas al asunto de la imagen. Y es que, ¿Por qué cojones en este pequeño mundo del Pulp nos gastamos el dinero en una buena imprenta, una corrección y maquetación profesionales, y nos lo ahorramos en lo que hace que la gente quiera llevarse tu libro? Os juro por mis muertos más recientes que no logro entenderlo. De corazón. Escatimamos en lo que jamás deberíamos escatimar, y lo afirmo desde mi experiencia como librero. En lo que parecemos coincidir todos es en que los lectores somos fetichistas, y los aficionados al Pulp en grado extremo. Entonces, ¿me quiere explicar alguien porque diablos no nos damos cuenta, tal y como bien me apuntaba Jae Tanaka horas después, que lo mejor para no parecer editores de fanzines es dejar de vender putos fanzines? En serio, en ocasiones apestamos.

Antes de cerrar el navegador y mandarme a la mierda por demagogo os voy a pedir unos minutos más de reflexión. En serio, tampoco es tanto pedir. Dadme unos minutos y mirad alrededor durante un instante. ¿De verdad pensáis que para parecer un editor serio hace falta gastarse un dineral? Cuando entráis en una librería, y encontráis libros editados por Impedimenta, Nordika o Libros del Asteroide, pequeñas joyas editoriales en todos los aspectos, ¿de verdad creéis que hay una fortuna detrás? Ya os adelanto yo, que conozco sus historias, que de eso nada. Lo que hay es un trabajo serio y riguroso. Una conciencia de estar realizando una labor editorial profesional y artesanal. Un trabajo que ha logrado que esas editoriales puedan subsistir entre los colosos del Grupo Planeta y de Random House. 

Señores míos, editores de Pulp en España en particular, tenemos que vender libros, no fanzines. Y el acabado estético es la perfecta invitación a la compra. Cuando era librero solía emplear trucos muy sucios para vender, como el de hacer que el que entraba en la librería cogiera el libro con las manos (más de la mitad de lectores, al tener un libro entre sus manos, ya no quiere soltarlo). Pero había libros que entraban por los ojos. Que por ellos solos se bastaban para gritar, de entre la multitud inabarcable de novedades que inundan las mesas de las librerías cada semana, “Yo soy el elegido”. Eso solamente se puede conseguir con una buena combinación de diseño e ilustración/fotografía de portada. Y si un mal diseño puede destrozar la mejor de las ilustraciones, tened por seguro que el mejor de los diseños no sobrevive si lo que ilustra la portada es un mojón. Así que, por favor, no seamos rácanos con el tema de las ilustraciones; y más en un mundo como el nuestro. No pequemos de intrusismo (que no, que por mucho que nos mole los dibujos que hacemos cuando los ponemos al lado de los realizados por un auténtico profesional apestan a mierda a la legua). Las mismas herramientas tecnológicas que nos han hecho más fácil editar libros nos acercan al trabajo de ilustradores que pueden hacer que nuestros libros sean respetables. Por un precio que en relación al coste final de producción resulta ridículo, podemos contratar el trabajo de profesionales que harán de nuestro producto un auténtico libro. Pasemos más tiempo navegando por DeviantArt o ArtStation,  por hacer dos de las sugerencias más populares. buscando a ilustradores que por precios que nos van a sorprender, van a marcar la diferencia. En serio, tenemos unos autores francamente buenos que están pidiendo a gritos llegar a un público que no sabe que están ahí. Tenemos un trabajo global de edición respetable; tan sólo nos falta el acabado. Miremos a colegas editores, como los de los juegos de rol, que están produciendo joyas visuales (lo que ha hecho Nosolorol con Aquelarre, por citar un simple ejemplo, es una obra de arte). La inversión merecerá la pena.



Eduardo Martínez.



jueves, 18 de febrero de 2016

La Llamada de Gotham

Así que eres friki. Porque 
has visto las películas de Marvel...
Aha... Muere.

Como aficionado a los cómics de superhéroes soy rarito. Me explico: mis autores favoritos del mundo mundial son Lee y Kirby, pero prefiero la manera de hacer las cosas de DC. Sobre todo ahora que Marvel ha borrado de un plumazo más de 60 años de historia y de trabajo de mucha gente que se dejó la puta vida delante del papel para encajar el Universo editorial en eso que tan rimbombantemente llaman Marvel Cinematics y que no es sino una versión capada, light y superficial de lo que llevamos años leyendo en cientos y cientos de páginas. Marvel Cinematics es a los superhéroes lo que Hombres Mujeres y Viceversa a Redes. Ojocuidao que no estoy diciendo que los cómics no deban evolucionar o se muevan en medios diferentes al impreso, lo que digo es que deben mantenerse fieles a su esencia y a su legado, y ahí es dónde Marvel pincha. Evidentemente, al neofriki (léase con el tono más despectivo posible) de camiseta del Zara de Los Vengadores se la suda que las películas se mantengan fieles a su esencia o no, porque ni han leído un cómic en su vida ni lo van a hacer. Y ahí está la enésima cagada de Disney: encajar los cómics Marvel en las películas Marvel es algo ridículo e innecesario, porque el 99% del público de los cines no va a dar el paso al cómic, con lo que lo único que ha conseguido Disney es mearse en la boca de mogollona de aficionados fieles. Dentro de un par de años dicen que la división editorial no da beneficios, y chimpón, sólo tendremos Universo Marvel Cinematics. Gracias por nada, ratón.

Total, que DC (de momento) sabe quienes son sus personajes, de dónde vienen y a dónde van y por eso, sus revisiones en forma de Crisis son capaces de mantener la esencia de su Multiverso narrativo. Alguna vez les ha salido rana (el Superman pitufo fue un poco la mierda), pero nunca han traicionado a sus personajes. Esto es: ni importa las veces que se haya reiniciado el Multiverso: Superman siempre es un extraterrestre que obtiene su energía del Sol. Si en la siguiente iteración del Multiverso, Clark Kent es un terrestre que aterriza en Krypton y Rao le da sus poderes, por mucho que eso sea dar un giro radical a su origen, seguirá manteniendo su esencia.

© DC COMICS
¿A dónde quiero llegar con esta puta rabieta? Pues a Gotham. En concreto, a Gotham a Medianoche, que además de un periodo del día es una serie de cómics cuyos 5 primeros episodios ha recopilado ECC. Un formato perfecto, pues recoge un primer arco argumental que sirve para presentar a un puñado de personajes nuevos que acompañan al viejo conocido Jim Corrigan en en un departamento de la comisaría de Gotham destinado a investigar los casos más extraños que ocurren en Siudad Gótica, allá donde las espigas de concreto arañan el sielo. Sin ser excesivamente original, Ray Fawkes, que viene de escribir Constantine, compone una panda de perdedores y raritos muy atractiva, y pone al frente, como ya he dicho, a Corrigan, uno de los personajes más interesantes del Multiverso. Y es que ver al Espectro a darse de hostias con criaturas de inequívoca herencia lovecraftiana da mucho gustirrinín. Porque es justo eso con lo que nos encontramos en Gotham a Medianoche: al Espectro metiéndose hasta las corvas en una sopa de referencias a la mitología de Cthulhu, un toque de Expediente X y otra pizca de serie procedimental. O sea: una serie que en cierto sentido reinicia a Corrigan en un entorno aún mucho más de investigación del habitual, pero que no altera ni una pizca el "alma" del personaje. Es a esto a lo que me refería al aplaudir la manera de conducirse de DC cuando busca un nuevo lugar a alguna de sus creaciones. Reinventa, no transforma. Es bien.

"...bésale los dientes!!!" *
Del lado del arte tenemos al personalísimo Ben Templesmith, el de 30 días de Oscuridad, un tío que a mi me encanta, pero al que se suele acusar, sin falta de razón, de liarse un poco con la narrativa. Y si que es verdad que algunas acciones se hacen confusas, pero es algo Templesmith sólo podría solventar, creo, alterando su manera de dibujar, y entonces perdería su principal valor. Y es que es un tío que, aparte de hacérselo todo (boceto, tinta y color) dibuja con las tripas. Como artista, pone mucha más atención a lo que está expresando que a cómo lo expresa, y eso, cuando los personajes no tienen atributos físicos muy definitorios (como le pasa al propio Corrigan) lleva a que a veces no sepas muy bien a quién le está pasando algo, aunque si que sabes bien lo que le está pasando. No se si me explico. A pesar de estos fallos, que en un cómic en el que la investigación tiene bastante peso pueden lastrar el resultado final, no me imagino este Gotham a Medianoche con un artista más prosaico a los lápices. Templesmith es perfecto para recrear esa Gotham sobrenatural en la que Fawkes nos mete con pocos miramientos.

¿Es, por tanto, un comic recomendable? Si estás dispuesto a pasar por las idas de olla de un artista tan visceral como Templesmith y volver un par de veces sobre tus pasos para no perderte, no lo dudes. Aquí tienes el crossover perfecto entre el Multiverso DC y los horrores cósmicos lovecraftianos.

Bent Templesmith haciendo una viñeta loquísima y alucinante.
© DC COMICS

*Puntos extra para quien pille la referencia.


Jae Tanaka







martes, 16 de febrero de 2016

La isla en el fin del tiempo; de Miguel Ángel Naharro.

DLorean Ediciones ©

Después del atracón que nos hemos dado en The OCCULT Herald con la serie El Ministerio del Tiempo, ya va siendo hora de volver por nuestros fueros. Aunque vamos a aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid y usar el tema del tiempo como hilo conductor para nuestra entada de hoy. Y es que hace mucho de eso mismo, tiempo, que tenemos pendiente esta reseña. 

Hace cosa de tres meses y medio Miguel Ángel Naharro nos envió, con una enorme amabilidad, una copia digital de sus dos novelas pulp protagonizadas por La Garra, y nos comprometimos a realizar una reseña siempre y cuando nos gustasen (que conste en acta que jamás haremos una reseña negativa de una obra que no envíen; si no nos gusta no hacemos entrada, que ante todo está el respeto al autor). La reseña de la primera entrega, La maldición de la Diosa Araña, la publicamos poco después. Sin embargo, por eso de que se van acumulando temas en el calendario, se quedó pendiente afrontar las nuevas aventuras de Joanthan Baker, La Garra. Y puesto que nos preciamos de ser gente de palabra, aquí os traemos la reseña de La Isla en el Fin del Tiempo.

DLorean Ediciones ©
Puesto que en la reseña de la primera entrega de las aventuras del profesor Baker ya hicimos una presentación de Miguel Ángel Naharro, podemos entrar en materia más rápido. Para empezar, y sin andarnos con rodeos, si habéis leído La maldición de la Diosa Araña y os gustó, os adelantamos que la segunda entrega es, sin ningún lugar a dudas, mucho mejor. La isla en el fin del tiempo es una novela mejor construida y mejor escrita. Algunos pequeños errores que detectamos en la primera entrega, como el uso inadecuado de signos de puntuación como el paréntesis, o el cambio de persona narrativa, han desaparecido, dando un aspecto final de novela más trabajada. Lo cual se agradece una barbaridad, puesto que permite disfrutar todavía más este pequeño delirio Pulp.

Y es que La Isla en el Fin del Tiempo es un nuevo homenaje a la literatura de evasión más pura. Rescatando a los protagonistas de la primera entrega, Baker, Morodo y Walkyria, Miguel Ángel Naharro recupera con acierto una nueva hornada de lugares comunes de la literatura pulp de aventuras. Con un arranque de historia que recuerda poderosamente a la secuencia de apertura de Indiana Jones y el Templo Maldito, Naharro lanza al lector a una huida a bordo del barco Banshee, con crucero ligero Kusanagi de la armada japonesa, cargadito de unos oficiales la mar de encantadores, oliendo nuestro cogote.

No hay excusa mala para ver una de las
pin-up girl, 100% Pulp, de Frank Cho
Esta excusa magnífica y canónica (una novela de aventuras siempre, y digo siempre, debe comenzar con una buena escena de acción), nos conduce hasta una misteriosa isla en medio del océano… y del tiempo. Un trasunto del Mundo Perdido, plagado de dinosaurios, insectos gigantes y amenazas sobrenaturales. Un escenario en el que descubriremos nuevos aliados para nuestro héroe (bueno, cierto cazador de nuevo no tiene nada, pero da gusto ver como lo emplea Naharro), nuevas mujeres sexies de armas tomar (una rediviva Sheena, reina de la jungla) y nuevas amenazas a las que hará frente con una proverbial combinación de ingenio, fuerza y, como no podía ser menos, la garra mística que le da nombre. 

Y todo ello escrito con sencillez, sin necesidad de alardes; con esa casi inocencia de la que hablé al referirme a la anterior novela, que nos convierte de nuevo a todos en niños que asisten a una sesión de cine un sábado por la tarde. Porque, si algo demuestra Naharro es su conocimiento y amor por un género como es el pulp de aventuras. Tras pulir esos defectos de estilo de los que hablaba antes, Miguel Ángel Naharro es a día de hoy uno de los exponentes más interesantes del neo-pulp español. Alguien que, sin mayores pretensiones, garantiza unas horas de honrada diversión. 

Dicho esto me gustaría ver un mejor envoltorio para las novelas de Naharro. Y que no se me ofenda nadie, que esto no es ni un desdoro, ni un insulto ni nada que se le parezca. Pero DLorean Ediciones, que está haciendo un trabajo impagable para el Pulp español, debería trabajar más el diseño global de sus libros. No es una simple cuestión de la calidad de las ilustraciones, o de la edición física del libro (nada que objetar en este aspecto); es una cuestión de diseño integral. Ese plus de esfuerzo, y lo digo desde los tres lustros de experiencia trabajando en el mundo del libro, supondrían a un plazo medio una mejora de posicionamiento y, por extensión, de ventas. Conociendo las enormes dificultades a las que se enfrenta un editor pequeño que está fuera del maldito circuito de distribución tradicional, el aspecto final del producto debería preocupar mucho más, puesto que es el que puede conseguir que mucho lector que pasa por encima del libro sin tan siquiera ojearlo, se detenga en la librería especializada y se decida a cogerlo. 

Es una verdadera lástima que obras tan entretenidas como las de Naharro, que además vienen acompañadas en el interior por unas muy buenas ilustraciones de Nestor Allende, que le dan un delicioso sabor añejo, no griten desde un escaparate o una estantería eso de “cómprame”. 

Desde nuestra posición de lectores y espectadores, como blogueros especializados en Pulp y cultura Pop, insistimos en eso de que en muchas ocasiones pecamos de un ombliguismo peligroso. Una autocamplacencia que nos impide crecer, llegar a un público que quiere historias como las que contamos. El comprador de libros del 2016, en sus gustos estéticos, poco o nada tiene que ver con el que en los años sesenta, setenta u ochenta compraba los libros de Marcial Lafuente Estefanía y resto de bolsilibros. Sin embargo la pasión por la narrativa de aventuras sigue ahí. Así que volvemos a dar la matraca, a ponernos pesados, nuestro género merece más. 

Dicho lo cual, querido lector, si te gusta la aventura en su sentido más puro te recomendamos sin miedo a equivocarnos las novelas de Miguel Ángel Naharro. Desde The OCCULT Herald nos unimos a la nómina de lectores que están esperando la siguiente entrega de las aventuras de Jonathan Baker.


Eduardo Martínez.

viernes, 12 de febrero de 2016

El Ministerio del Tiempo: Tiempo de Leyenda


Están todos buenísimos. Es un poco humillante...
Tal y como habíamos dicho anteriormente, ayer por la noche los irresponsables que habitualmente firman las entradas de este blog acudimos a una de esas citas a las que no se les puede decir que no. Nos habían invitado, por diversas razones en cada caso, a la premiere de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo. Así que para allá que nos fuimos, tan nerviosos quese nos salía el pis como a un cachorro de perrete.

Sería sencillo hasta cierto punto hacer un resumen somero de la velada. Que si vimos a los actores por aquí, que si a Javier Olivares y Anaïs Schaaff por allá, que si a un servidor le entrevistó en directo la encantadora Paloma G. Quirós para la retransmisión de RTVE.es (¿He dicho ya que Paloma es un encanto?), o que si el otro miembro del dúo sacacorchos disfrutó de la proyección en primera fila. Y también sería muy fácil acudir a lugares comunes para afirmar con rotundidad que nos lo pasamos teta. 

Pero como a este blog le ponemos cariño, y le entregamos un tiempo que muchas veces casi ni tenemos, vamos a hacer las cosas como Cthulhu manda. Vamos a tratar de hablar de ese primer capítulo de la segunda tanda, titulado Tiempo de Leyenda, sin caer en spoilers. Y de paso lo aderezaremos con alguna que otra reflexión sobre nuestras profesiones de pintamonas y juntaletras respectivamente.

Después de una primera temporada de ocho episodios, se puede afirmar sin tener miedo a exagerar, que El Ministerio del Tiempo forma parte ya del exclusivo club de las series de culto. Esas series que generan a su alrededor una casi imposible conexión entre una parte muy especial de los espectadores, generalmente la más exigente y especializada, y la crítica. Una serie que rompe las convenciones y hace avanzar la forma de contar historias. La primera temporada de El Ministerio del Tiempo, por si sola, había bastado para convertirla en parte de la historia de la televisión en España. Una de esas series de las que, dentro de veinte o treinta años, si es que seguimos dando guerra y no nos hemos ida a hacer puñetas definitivamente, seguiremos hablando con una mezcla de nostalgia y admiración. Las razones ya las expuse hace una semana en un artículo que, lo reconozco, era más bien de fangirl exaltada que de un aspirante a analista de la narrativa pulp y la cultura pop. Es lo que tiene ser un ministérico. 
Imagen promocional de la segunda temporada ©RTVE

"No empecemos a chuparnos
 las pollas"
Llegados a ese punto, de cara a una segunda temporada, los responsables de la serie tenían tres caminos por tomar, tres posibilidades. La más sencilla habría sido la de mirarse el ombligo, con autocomplacencia, pensando que todo el trabajo estaba hecho. En plan, “joder, somos tan buenos que para qué tocar nada”. Sí, eso que es tan habitual en el mundillo editorial hispano, y de lo que pecamos también nuestro pequeño nicho del Pulp. Que nos creemos la hostia en verso y somos capaces de enseñar cualquier mierda pensando que es néctar de los dioses (obsérvese que en ambos casos nos estamos incluyendo, para que luego no nos vengan con suspicacias, pero ya volveré a este asunto más adelante). Tenemos, entre otras muchas, que aprender una cosa del equipo de El Ministerio del Tiempo, y es ese espíritu de "siempre podemos hacerlo mejor" que se ve detrás de cada episodio y de cada evento con los fans. Y es que la autocomplacencia es el cáncer de la creatividad.

 La opción dos habría sido la de cagarse en los pantalones, bajárselos sin ningún decoro, y dejar que los directivos del ente público les sodomizaran convirtiendo la serie en Los Serrano viajan por el tiempo (cosa, que por otro lado, mataría por ver si conviviese con la serie original). Que os confieso que, tras las declaraciones del año pasado tal anunciar la renovación, en las que decían que desde televisión española habían sugerido cambios para hacer la serie más accesible al público –ya me gustaría pillar por banda al gilipollas de ejecutivo que, tras tirarse un sonoro cuesco, creyó que eso era una idea-, me tenía acojonado. Vamos, que tras apagarse las luces del Cine Capitol, una fría gota de sudor me recorría el espinazo.

Fotograma del episodio "Tiempo de Leyenda"
Y la tercera, la más difícil y arriesgada, era la de levantar los ojos del ombligo, mirar al vacío, y dar un salto de fe. La de, confiando de nuevo en la inteligencia de los espectadores, ser fieles al universo y la mitología creadas en los primeros ocho capítulos. La de volver a apostar fuerte. Y joder si lo han conseguido. Porque, muy señores míos, el capítulo nueve de El Ministerio del Tiempo, primero de la segunda temporada, es una auténtica maravilla. Una pieza de orfebrería donde el espectador pasa de la carcajada a dejar caer una lágrima en cuestión de segundos. Un guión sencillamente redondo en el que se retoma el testigo de lo ocurrido en la primera temporada, y se lanza la pelota hacia delante con más fuerza. Todo lo que hizo brillante a la primera temporada está ahí: sus notas de humor inteligente, sus referencias cruzadas, esos running gags que se estiran lo justo, su conocimiento y amor sin complejos a la historia de España. También hay lugar a la emoción, a sentir lástima y compasión. Y lo que de verdad me dejó, y no encuentro mejor manera de describirlo, el culo que no me entraba un cañamón. ÉPICA. Así, con mayúsculas. Hay lugar a la épica. Ya lo decía ayer, en plena efervescencia del post-capítulo en Twitter, En España, tanto en el cine como en la televisión, hemos demostrado que somos capaces de rodar comedia, drama, romance, thriller, etc. Casi todos los géneros. Pero teníamos una deuda pendiente con el género de la épica. Pareciera, y léase la ironía, que nos diera miedo. Pero ayer, cerca del final del capítulo, de un capítulo que gira en torno a la figura clave y fundamental de la épica en lengua castellana, Rodrigo Díaz de Vivar, Mío Cid el Campeador, nos pusieron a un servidor y al resto de casi dos mil espectadores que abarrotaban el Cine Capitol, los pelos como escarpias. La sabia combinación de unos actores en estado de gracia, un guión brillantísimo, una música impactante, unos recursos digitales aprovechados más allá de lo que pueden aprovecharse (si logran hacer esto con el presupuesto que tienen, no me quiero imaginar lo que podríamos llegar a ver con el presupuesto de una serie de la BBC), y una dirección casi perfecta, han creado la primera secuencia auténticamente épica jamás rodada por una producción española. Lo dicho, se os va a quedar el culo torcido. Una épica sustentada, como no podía ser menos, en un guión en el que, y me encantaría poder hablar esto con Javier Olivares, creo encontrar referencias de la narrativa de Pérez-Reverte. Son los suyos unos héroes cansados, que rigen su vida por unos principios y una moral propia que el resto de los mortales no llegan a entender, pero que no pueden dejar de admirar. Y ayer vi a unos colosales Sergio Peris-Mencheta y Nacho Fresneda encarnando a unos héroes cansados, protagonistas de las mejores secuencias épicas que hemos visto en la televisión. 

Dicho todo esto, toca mencionar, una vez más a los responsables primeros de todo este milagro. Algo que me toca muy de cerca por eso de ser un humilde juntaletras, un aspirante a narrador (en esta vida siempre se es aspirante). Si bien el equipo de la serie ha demostrado que, desde el primero al último, son de lo mejor que el mundo audiovisual español puede aportar, nada de esto habría sido posible sin que los hermanos Olivares idearan El Ministerio del Tiempo. Es gracias a ellos y al trabajo ingrato del resto de los guionistas, que esta serie es lo que es. Un trabajo que es menospreciado en España hasta límites que dan asco. Hace menos de una semana, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España celebraba la 30 edición de los Premios Goya. Mientras deleitaban al espectador con un nuevo ejercicio bochornoso de ombliguismo, con, oh novedad, un discurso del presidente de la academia, el cómico Antonio Resines, en el que volvían a darnos lecciones de ética y moral; a los guionistas se les trataba casi como si fueran ciudadanos de segunda. Gentuza prescindible, que no merece pisar la dichosa alfombra roja en compañía del resto de colegas de gremio. Debe ser que las historias se escriben solas. Que esos textos que permiten que actores como el propio Resines puedan brillar. Puede ser que sea eso. De forma que entiendo y comparto el hastío y el hartazgo profundo que ayer mismo por la mañana manifestaba Javier Olivares. Comprendo, con todo lo que ello significa, que los creadores se cansen de ser menospreciados, olvidados. Por eso cuando en la noche de ayer, en la que Javier Olivares, como representante de su hermano Pablo y del resto de guionistas de la serie (Anaïs Schaaff, José R. Fernández y Paco López Barrio en la primera temporada), recibió el reconocimiento de un público entregado; tuve el privilegio de vivir en directo uno de esos raros momentos en los que se hace auténtica justicia. 

Habrá gente que no disfrute con El Ministerio del Tiempo como o puede hacer un servidor, incluso los habrá que no les guste o les aburra. En un país donde la basura catódica made in la Cadena Amiga de Fuencarral (Telahinco) sigue logrando magníficos resultados de audiencia todo es posible. Pero esto es como lo de las moscas y la mierda, el número no da la razón. De ser así miles de millones de moscas son la prueba palpable de que la mierda es apetitosa. E incluso habrá lectores que, teniendo mejor gusto que los antes citados, tampoco estén de acuerdo con lo que opino. Ya se sabe lo que se dice de las opiniones y los culos; todos tenemos uno y nos creemos que solamente los de los demás apestan. Es probable. 

Pero si de algo sirve el consejo de este servidor, si no se han enganchado ya a El Ministerio del Tiempo, todavía están a tiempo de hacerlo antes de que, tarde o temprano, algún gilipollas cuyas dos únicas neuronas tienen por fin el permitirle robar dinero público y atarse mal la corbata, decida privarnos de ella. Me gustaría creer que vivimos en un país cuya televisión pública actúa de forma inteligente, y además de dar auténtica libertad a los creadores, renueva de forma automática a una serie de las que otorgan auténtico prestigio. Si, prestigio. Un valor intangible mucho más importante que el share (si alguien tiene huevos y paciencia que le explique eso a aquí los políticos y economistas de nueva hornada, que verán que risa más floja les entra). 

Recuerden ustedes lo que les digo: No es televisión, no es HBO…es El Ministerio del Tiempo.


Eduardo Martínez.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¿El tiempo es el que es?


Tomando prestado, de forma muy libre, el título de su primer capítulo, arrancamos nuestra semana dedicada a El Ministerio del Tiempo. Y no hay mejor manera de comenzar esta pequeña semana monográfica que hablar precisamente de eso, del tiempo. Del tiempo y su relación con la narrativa española de todas las épocas.

Y es que el tiempo es, probablemente, uno de los conceptos más fascinantes y complejos que estudia la física. No es plan el meterse en este blog en harinas técnicas, y ponernos a definir el tiempo según la mecánica clásica o la relativista; entre otras cosas porque para eso tenemos a auténticos expertos que lo podrían hacer mil veces mejor -que uno es un simple aficionado, y de letras puras, para más inri-, y porque con pinchar en la dichosa Wikipedia uno tiene lectura para rato. El caso es que, en el campo que nos movemos en este blog, que es el de la narrativa de género, el tiempo ha sido y es objeto de nuestros desvelos. 

Tampoco es mi intención hacer un repaso somero de todo lo que ha producido la narrativa universal al respecto del tiempo. Ese repaso somero da para un ensayo de 1500 páginas tirando por lo bajo, y yo en este artículo no pienso pasar de las 2000 palabras ni borracho. Que la idea es que los que habéis llegado hasta aquí terminéis de leer el artículo. Más bien lo que quiero es exponer algunos de los ejemplos de autores españoles que han escrito con el tiempo como eje y excusa de sus historias. 

Portada original de El anacronópete. 
Obra del pintor y dibujantecatalán Gómez Soler (1870-1899)
Porque, señores míos, España tiene en su haber un logro del que pocos lectores somos conscientes. Si preguntáramos a los lectores españoles, con un mínimo bagaje cultural, sobre cuál fue la primera novela que habla de una máquina del tiempo, una mayoría aplastante contestaría sin dudar que es La máquina del tiempo, de H. G. Wells, publicada allá por 1895. Y mira por donde que unos pocos años antes, en la Barcelona de 1887 veía la luz una obra de Enrique Gaspar y Rimbau de título de muy difícil pronunciación, El anacronópete. Una obra en la que, por vez primera en la literatura, se nos presenta una máquina gracias a la cual sus protagonistas cruzan los océanos de tiempo, que diría Drácula en la versión de Coppola. Cierto es que la obra, a diferencia de lo que ocurre con el clásico de Wells, es a los ojos del lector de hoy un auténtico coñazo. Y que el título tampoco es un dechado de virtudes comerciales, pero al César lo que es del César. Fue Gaspar y Rimbau el primero del que tengamos noticia en plantear la posibilidad de viajar en el tiempo gracias a un artefacto mecánico, y el que inauguró una corriente literaria española que ha dado magníficos ejemplos. 

Portada de Cerebros electrónicos en su
primera edición. Autor por acreditar.
Una corriente literaria, la de los viajes en el tiempo, que en los años 50 del pasado siglo contaría con dos autores de excepción para los amantes al Pulp y los bolsilibros. El primero de ellos es José Mallorquí. En la colección Futuro publicaría una serie de novelas protagonizadas por el Capitán Pablo Rido, el cual es heredero de una inmensa fortuna y de una máquina del tiempo que alquila a gente adinerada deseosa de vivir nuevas aventuras. De los relatos del Capitán Pablo Rido el más fácil de localizar para los lectores actuales es Misterio Mayor, reeditada por Nova/Ediciones B en 2003 en la antología Cronopaisajes. Y el segundo autor que trataría el tema de los viajes en el tiempo es Pascual Enguidanos Usach, que firmó la obra de su vida, La Saga de los Aznar, como George H. White. Una obra que en 1978, con casi 60 entregas en su haber, fue reconocida en la Convención de Ciencia Ficción de Bruselas como la más importante publicada en Europa. Hablamos un autor y una obra que es tan injusta y miserablemente ignorada en España que nos recuerda, una vez más, que somos un país de incultos que se merece casi todo lo que nos pasa. Volviendo a lo que nos interesa, los viajes en el tiempo, en La Saga de los Aznar tienen una importancia vital, puesto que entre la cuarta y quinta entrega, Cerebros electrónicos y La horda amarilla, se produce un suceso clave en relación a los efectos de la teoría de la relatividad que servirán de desencadenante de la larga odisea cósmica de esa saga. 

De aquí damos un salto temporal, nunca mejor dicho, y pasando por alto a Ángel Torres Quesada y principalmente su obra El Orden Estelar (lo siento Ángel, pero no hay espacio para tanto), o a la larga serie del Caballo de Troya de J.J. Benítez, llegaremos hasta Félix J. Palma, probablemente el autor más representativo de eso que podemos llamar Steampunk español, y uno de nuestros escritores con mayor proyección internacional.

Portada de El Mapa del Tiempo 
en su edición de Simon & Schuster de 2011
El gaditano Félix J. Palma, en la novela El mapa del tiempo, la cual da inicio a su trilogía vitoriana, retoma la obra de H.G. Wells para hacer un bellísimo homenaje a la literatura victoriana en general y a los romances científicos en particular. Una novela que tras ganar el XI Premio Ateneo de Sevilla, dio a conocer a Palma al gran público. Un escritor que, desde los parámetros de una ciencia ficción soft, reconstruyó el universo literario de Wells en torno a una peculiar empresa de viajes temporales. Con el mismísimo Wells como protagonista de la obra, son el viaje en el tiempo y sus posibilidades narrativas las que, una vez más atrapan a lectores de todas las edades. Una serie de novelas que cualquier amante de la buena literatura debería descubrir.

Y tras haber resumido el tema del viaje en el tiempo, toca adentrarse, aunque sea muy brevemente, en otra de las formas desde las que la literatura ha tratado la cuestión del tiempo, que no es otra que los posibles cambios que podría haber sufrido la historia de haber tomado caminos distintos. Aquellos ¿qué hubiera pasado si…?, a los que los lectores de género llamamos ucronías.

La ucronía, según la RAE, es la reconstrucción de la historia según datos hipotéticos. Esto, trasladado a la narrativa, se convierte en la reconstrucción lógica de la historia partiendo de acontecimientos que no han sucedido, pero que podrían haberse producido. Narraciones que, partiendo de un punto Jumbar, según la Wikipedia un acontecimiento singular y relevante que determina la historia futura, nos muestran la historia tal y como pudiera haber sucedido. Un género literario en el que, si obviamos a Tito Livio y su Libro IX de Ab Urbe Condita, o el Tirante el Blanco de Joanot Martorell, en España tenemos uno de los ejemplos más tempranos que se conocen, y que tomaremos como punto de partida. Hablo de la novela Cuatro siglos de buen gobierno (Novela de la Edad Moderna), de Nilo María Fabra, publicada en 1883. Una novela muy breve que a diferencia del Anacronópete, resulta amena de leer, y que nos narra la España que pudo haber sido, Iberia en este caso, de haber sobrevivido en infante Miguel de la Paz, nieto de los Reyes Católicos. El cual habría unido bajo su corona toda la península, dando paso a una Iberia que seguiría siendo la potencia más importante y respetada del mundo. Un texto ciertamente utópico que, de la mano de una dinastía de reyes nobles y justos, nos trata de mostrar cómo se podrían haber hecho las cosas. 

A este pistoletazo de salida de la ucronía española le seguirán una buena cantidad de títulos que, como no podía ser de otra manera, han afrontado el coñazo de la Guerra Civil y el Franquismo. Obras ganadoras del Planeta, como En el día de hoy (1976), de Jesús Torbado, o títulos que en su día se vendieron como rosquillas tales como El desfile de la victoria, de Fernando Díaz-Plaja, o Los rojos ganaron la guerra, de Fernando Vizcaino Casas, no deberían desviarnos de títulos que si aportan algo especial. 

Portada de Fuego sobre San Juan en su
edición de Silente, 2003.
Autor por acreditar.
El primero que merece ser destacado, no solo desde mi nada humilde opinión (ya sabéis lo del chiste del gato, el blog es mío y me lo f…opino cuando quiero), si no porque está considerada como la ucronía más famosa de la ciencia-ficción española, es la novela corta Fuego sobre San Juan. Escrita por Pedro A. García Bilbao y Javier Sánchez Reyes, Fuego sobre San Juan nos muestra una visión diferente de la Guerra de Cuba del 98. Una novela magistral que no solo nos narra la victoria de España sobre los Estados Unidos en aquel conflicto, sino que da una explicación coherente de las condiciones que podrían haber hecho posible dicha victoria. Una novela cargada de acción bélica y elementos de ciencia-ficción que los aficionados al género debemos seguir rescatando de esta especie de limbo en el que caen aquellas obras que no dan el salto a una gran editorial. De verdad, consejo de amigo, tenéis que descubrirla.

Y tras mencionar de pasada la novela Alejandro Magno y las Águilas de Roma, escrita por Javier negrete, uno de los popes de la fantasía y la ciencia-ficción española (en la que nos narra con todo lujo de detalles y acción a cascoporro el hipotético choque entre un Alejandro Magno que no fallece en Babilonia, y la República de Roma, y abre la puerta a la inquietante pregunta de cómo habría sido el mundo sin la existencia de un Imperio Romano), llegaremos al cierre del artículo de la mano de Eduardo Vaquerizo.

Portada de Danza de Tinieblas 
en su edición original de Minotauro (2005). 
Diseño de Opalworks
En 2005 la editorial Minotauro publica la novela Danza de Tinieblas (finalista del Premio Minotauro de esa misma edición de 2005), en la cual se nos muestra por vez primera lo que ha venido a bautizarse como el Universo de Tinieblas. Una realidad alternativa en la que el Imperio español, en el siglo XX, sigue siendo la potencia dominante. Un mundo cuyo punto Jumbar principal (tiene varios) tiene lugar el 8 de octubre de 1571, cuando en plena celebración de la victoria en Lepanto a Juan de Austria le comunican la muerte accidental de su hermano, el rey Felipe II, a quien habrá de suceder. De aquí saltamos al Madrid de principios del siglo XX. Un Madrid muy distinto pero claramente reconocible, en el que un alguacil de nombre Joannes Salamanca deberá hacer frente a un caso que pone en riesgo la existencia misma del Imperio. Un Madrid de tintes cercanos al steampunk, pero de una originalidad brutal. 

Este escenario ucrónico, que había nacido unos años antes en el relato Negras Águilas (Artifex 9-2ª época), y que se desarrolla más a fondo en el relato Bajo estrellas feroces (Artifex 2-4ª época), la novela Memoria de Tinieblas (Sportula, 2013), y la irregular antología de relatos Crónicas de Tinieblas;(Sportula, 2014) es probablemente el mejor universo narrativo ucrónico jamás construido en España. 

En fin, resumiendo para finalizar este viaje en el tiempo, recordar a los lectores que cuando se dice a la ligera que El Ministerio del Tiempo ha bebido de fuentes anglosajonas como Doctor Who, Tim Powers o Paul Anderson, es decir una media verdad. En España llevamos mucho, mucho tiempo trabajando muy bien eso de escribir sobre el tiempo. No tienen que venir de fuera para enseñarnos nada. Y puesto que recuperar de vez en cuando un poquito de nuestro antiguo orgullo -ese de orgulloso como un español orgulloso-, tampoco viene nada mal, más bien podemos decir que todo lo contrario.


Eduardo Martínez.


P.S. Debo hacer una mención especial a la magnífica tesis doctoral El viaje en el tiempo en la literatura de ciencia-ficción española, de German J. Hesles Sánchez. Buscadla en Internet si os gusta el tema, que es una maravilla.

martes, 9 de febrero de 2016

B.O.E. (Boletín de O.C.C.U.L.T Extra)

Esta semana The O.C.C.U.L.T. Herald mueve un día sus entradas para poder dedicar el viernes al preestreno de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo, al que Pompoff y Thedy, los ínclitos responsables de esta patraña, han sido invitados junto a sus respectivas el jueves noche.

Fanarts de Jae Tanaka

Edward T. Knack

jueves, 4 de febrero de 2016

Intermedio: Bioluminiscencia

Hoy, Jae Tanaka vuelve a saltarse estrepitosamente su cita semanal con The O.C.C.U.L.T. Herald y nos deja, balbuceando una disculpa, esta ilustración sci-fi para rellenar su ausencia. 

Le perdonaremos...

Ilustración original de Jae Tanaka


Edward T. Knack


martes, 2 de febrero de 2016

El Ministerio del Tiempo, el Ministerio del Pulp



©RTVE

Todos los gobiernos del mundo tienen secretos, y España no podía ser menos. Nosotros tan sólo tenemos uno, aunque es muy antiguo. El nuestro es una división del gobierno, un ministerio que en sus orígenes nació como un despacho de la corona en tiempos de los Reyes Católicos, y cuyo fin es vigilar y controlar una serie de puertas que comunican nuestro presente con el pasado, para que nadie utilice el tiempo en beneficio propio y la línea temporal se mantenga íntegra. Porque el tiempo es el que es. Hablamos de El Ministerio del Tiempo.

En serio, cuando hace cosa de un año la televisión pública española nos anunciaba una serie de producción propia que, en líneas generales, contaba lo que he resumido arriba, la primera sensación que nos recorrió a los aficionados al género fue de absoluta incredulidad y de escepticismo. Coño, que hablamos de España. Y en España, una serie de corte fantástico, era poco menos raro que oír a Paquirrín hablando de física cuántica. Primero porque en un país en el que los Carlos Boyero de turno, y su corte de lamedores de orificios, son el epítome de lo que debe ser considerado cultura de forma oficial, los malditos prejuicios que se tiene hacia los géneros de fantasía y ciencia-ficción pesan más que un mal matrimonio. Y segundo por nuestra legítima incredulidad hacia lo que se había hecho hasta ese momento. Vale, teníamos nuestras Historias para no dormir, a la que Jae tanaka dedicó hace unos días una entrada cojonuda, que es prehistoria televisiva, y Plutón B.R.B. Nero, el homenaje hispano de Alex de la Iglesia, uno de los nuestros, a la legendaria Red Dwarf era eso, una comedia y una excepción… Así que no cuenta. Es que, ojito al listado rápido, háganse ustedes cuenta del historial televisivo que hemos sufrido en España desde los años 90, auténtico festival del despropósito cuando hablamos de género de fantasía o ciencia-ficción: El Barco, Los Protegidos, El Internado, La Fuga, Piratas o Alatriste (Dios, pero que enorme es Telecinco produciendo auténtica basura… un día habría que dedicarles una entrada, que se lo han ganado a pulso). Y muy probablemente los padres de El Ministerio del Tiempo, los hermanos Pablo y Javier Olivares, pensaron en más de un momento que su idea era una auténtica locura. 

©RTVE

Pero se produjeron dos fenómenos extraordinarios. El primero que esos dos soñadores, los hermanos Olivares, lucharon por lograr que ese proyecto inviable en España se hiciera realidad. Y el segundo que una parte muy especial de los espectadores, curiosamente la más desencantada con nuestra televisión, aceptamos embarcarnos en esa aventura de forma incondicional. Y sucedió lo que sucedió. Pura magia.

La noche del lunes 24 de febrero nos sentamos frente a la pantalla para, por vez primera en nuestra televisión, despertar eso que los anglosajones llaman Sense of Wonder, el Sentido de la Maravilla. Durante ocho magníficos episodios de algo más de una hora conocimos a nuestra patrulla del tiempo. Si, nuestra. Porque desde el minuto uno decidimos, en mágica comunión, que Julian, Amelia Folch y Alonso de Entrerríos (Dios, que magnífico Alatriste habría sido Nacho Fresneda) eran nuestros. Irene, Ernesto, Angustias, Salvador o Velázquez; todos ellos, parte de nuestro equipaje sentimental televisivo. 


El primer fan-art que se hizo de
El Ministerio del Tiempo, y el que
más repercusión ha tenido. Y es
obra de Jae Tanaka... ¡¡¡Toma ya!!!
El Ministerio del Tiempo, al que muchos gilipollas con la boca más grande que los túneles de la M-30 llamaron el Doctor Who español antes de haberla visto, es un magnífico y valiente ejercicio de imaginación. Sus guiones, que después de mi último y reciente visionado de la serie terminado hace apenas ocho horas puedo describir como un asombroso mecanismo de relojería en el que todas las piezas encajan a la perfección, destilan un respeto enorme a los espectadores, a los que por vez primera en muchísimo tiempo tratan como a un igual, no como a tontos a los que hay que alimentar con cuerpos Danone, familias prefabricadas y humor chabacano. Sus guiones, que como decía son sencillamente geniales, construyen en la primera temporada las bases sólidas para un universo narrativo de fantasía que, en el mundo anglosajón (que sigue siendo el referente de estos temas por más que nos joda), podría extenderse hasta el infinito. Un universo narrativo que bebe de nuestra historia, nuestras raíces, nuestra cultura. La serie más española que se haya rodado, y la más moderna, sin ningún género de dudas. Una serie de la que, merito del talento extraordinario de todo el equipo que la ha creado, recordaremos para siempre como un hito esencial en nuestra ficción.

©RTVE
Una serie con la que los integrantes de este blog teníamos una deuda, porque en un blog dedicado al Pulp y la cultura Pop El Ministerio del Tiempo tiene que ocupar un puesto privilegiado. Una serie por la que sentimos un cariño muy especial, y en la que hemos participado de forma más o menos directa verbigracia del equipo que maneja las redes sociales de Televisión Española. Gracias a ellos hemos podido conocer a sus protagonistas, y creadores, hemos hablado con sus guionistas y hemos participado de forma activa en sus iniciativas transmedia (si chavalería, El Ministerio del Tiempo es la primera producción española que ha sabido aprovechar los elementos que las narrativas transmedia ponen a nuestra disposición como creadores de historias para construir su universo). Es una serie que nos ha hecho sentir parte de una nueva familia de espectadores, los ministéricos, de los que somos miembros orgullosos. Una familia que consiguió un hito único en España, el de lograr, mediante una campaña de presión vía Twitter, la renovación de una serie cuyos datos de audiencia, que lejos de ser malos, no eran lo que las televisiones de ahora consideran suficientes. Una demostración que la serie ha calado en un perfil de espectadores nuevos, más modernos y mejor formados. Gente capaz de convertir a Lope de Vega o a Velázquez en Trending topic mundial durante días. ¡¡¡A nuestros clásicos!!! Si, a esos que en España olvidamos y despreciamos.

©RTVE
En definitiva, una serie que desde un marcado espíritu aventurero, apostando por la calidad y el respeto al espectador, consigue que este país de charanga y pandereta redescubra a sus clásicos del Siglo de Oro, a su Generación del 27 (que levante la mano quien no le gritó a Julián que salvase a Lorca, coño), a Spinola, el Empecinado, etc. merece reinar en nuestros corazones de aficionados al género. Tengan por seguro que este servidor y Jae Tanaka estaremos clavados frente a la pantalla en muy, muy poco tiempo, disfrutando de esta maravillosa excepción. De esta joya que, qué diablos, nos merecíamos todos. Desde aquí envío nuestra gratitud incondicional a todos, absolutamente todos los responsables de este regalo que ha supuesto El Ministerio del Tiempo. Ojalá podamos seguir soñando mucho tiempo con cruzar la puerta 58.


Eduardo Martínez.