jueves, 12 de mayo de 2016

Los Tres Mosqueteros

Hoy The OCCULT Herald cuenta con una firma nueva, la de Carolina Pérez Chavarino, una colaboradora espontánea.

Si hace nueve meses, cuando pusimos en marcha esta mandanga, nos dicen que vamos a recibir en nuestro mail una petición de un desconocido para publicar un artículo en el blog, nos hubiéramos caído de culo de la risa por la incredulidad, pero ahora que ha ocurrido nos ha dado un orgullaco que no veas. Cuando Eduardo y yo nos lanzamos a hacer este blog (llegando tarde a la moda en internec allá por los 2000) lo hicimos sin ninguna pretensión de llegar más allá que a los tres o cuatro amigos que tenemos, así que el hecho de que alguien de fuera se interese en esto y además quiera participar nos llena de orgullo y satisfacción. No es que se nos haya subido a la cabeza, pero vamos, que ya podéis ir buscando hueco para hacernos una estatua. De oro. 

Sin más, os dejamos con la entrada de Carolina sobre un pilar del pulp: Los Tres Mosqueteros. 



Una de las obras más pulp de la literatura universal es, sin duda, la obra del famoso escritor francés Alejandro Dumas, Los tres Mosqueteros.

-Pero si el pulp no se inventó hasta principios del siglo veintARRRGH!!!
Más que una sencilla novela de capa y espada, es ésta el inicio de una gran saga en la que tres guardias reales y un aspirante a mosquetero viven un sinfín de trepidantes lances. Desde su publicación, por entregas, en el periódico Le Siécle en 1844 ha sido leída durante generaciones como si de una obra contemporánea se tratase. Ni el propio autor fue capaz de imaginar el éxito y la proyección que su propia obra iba a tener. Y es que, es ésta una de esas novelas en las que se mezcla la realidad de unos personajes históricos como es el caso de los reyes de Francia, Luis XIII y Ana de Austria, el Cardenal Richelieu o el propio personaje de D´Artagnan como bien nos relata Gautier de Courlitz de Sandras en Memorias del Señor D´artagnan teniente capitan de la 1ª Compañía de los Mosqueteros del Rey, todo ello unido a la propia aventura creada por Dumas.

-¡Traseguemos estos picheles de buen verdejo!
N del T: ¡Vamos a ponernos como Las Grecas!
La trama se encuentra ambientada en la Francia del siglo XVII, una época en la cual, los duelos a espada, por pequeña que fuese la afrenta, eran habituales. Junto a ello, una ligereza de pluma, una frescura en el lenguaje que hace que sea esta una obra/novela tan atrayente al gran público el cual, y desde el comienzo de la novela se ve envuelto en una ilusión permanente que se hace cada vez más manifiesta según avanza a través de sus páginas. Una infinidad de vibrantes episodios en la que los protagonistas se convierten en héroes populares gracias a los principios que ensalzan, el valor de la amistad, el amor o la lealtad. Todos ellos sobresalen por encima de la traición y el mal encarnado en Mylady de Winter o el Conde de Rochefort. Unos valores que calan hondo en el imaginario colectivo y que los hacen tan del gusto de la cultura popular haciendo de esta novela una obra universal e inmortal. Una obra que, en su género, ha sido precursora de otras muchas novelas escritas con posterioridad. Por citar algunas de las más conocidas: El corsario negro (1862) de Emilio Salgari, Prisionero de Zenda (1894) de Anthony Hoppes Hawkins, Cyrano de Bergerac (1897) de Edmond Rostand, La Pimpinela Escarlata (1905) de la Baronesa Orczy, El Zorro (1919) de Johnston McCulley, Scaramouch (1921) de Rafael Sabatini o El Capitán Alatriste (1996) de Arturo Pérez Reverte. El mundo del cine también se ha rendido al encanto de Los tres Mosqueteros. Llevada a la gran pantalla durante décadas podríamos citar algunas películas como la versión muda de Los tres mosqueteros de 1921 del director Fred Niblo, hasta las más recientes filmografías como es el caso de la obra realizada bajo la dirección de Stephe Herck Los tres mosqueteros de 1993. Inspiradora para otras muchas películas como es el caso del entrañable film La princesa prometida de 1987 dirigida por Rob Reiner o en el más puro gusto español la serie televisiva Águila Roja que tanto éxito ha cosechado. Es innegable que la obra de Dumas ha cautivado a todos los lectores.

-Oye, ¿Y este?
-A mi no me líes, ¿eh? que ya estaba muerto cuando me lo encontré.


 Carolina Pérez Chavarino

martes, 10 de mayo de 2016

Pulp & Rol (II): El castillo de Falkenstein

La susodicha Caja Roja
Los irresponsables que, semana tras semana, llevamos ya nueve meses llenando de tontunas varias este pequeño rinconcito de Internet, además de aporrear teclados y dibujar “moñecos” y otras lindezas, somos jugadores de rol muy viejunos. Y cuando digo viejunos es la hostia de viejunos. Según las categorías que el genial Carlos de la Cruz dejó definidas en su blog la Frikoteca, los integrantes de The OCCULT Herald somos Dinosaurios -dícese de los que empezamos a jugar al rol entre 1985 y 1987 con la Caja Roja…si alguien ha pensado en bombones al leer eso, fuera del blog-, y casi, casi Antediluvianos. Vamos, que comenzamos a jugar al rol antes de que Sabrina Salerno enseñase el pecho derecho.

El caso es que después de tantos años de tirar dados, además de mil batallitas del abuelo cebolleta, pocos juegos hay que no hayamos probado ya. Y de entre esa larga lista de juegos de todo pelaje, para la segunda entrada de Pulp & Rol quiero rescatar una auténtica rara avis. Un juego que se adelantó a su tiempo, y que de haberlo pillado con el bagaje pulpero que tengo a mis espaldas, me habría vuelto loco… más loco. Si eso es posible.

Damas y caballeros, niños y niñas, gentes de mal vivir en general, tengo el orgullo de presentar a El castillo de Falkenstein. SI tenemos en cuenta que el padre fundador de la afición, el Dungeons & Dragons, tomó como principal fuente de inspiración la Espada y Brujería de Leiber –no, queridos piltrafillas, los Padres Fundadores pasaban un tanto de Tolkien-, no podemos decir que El castillo de Falkenstein sea el primer juego de ambientación Pulp. Pero si que se puede decir que es el primero que se diseña desde un espíritu cien por cien Pulp. Pero pongámonos en antecedentes.

En 1994 el diseñador de juegos Mike Pondsmith publica dentro de su editorial R. Talsorian Games, un juego que él mismo definió como experimento lúdico. En este nuevo juego, que fue un desastre comercial inversamente proporcional al respaldo de los críticos del asunto, se nos presentaba de una forma que, desde el punto de vista narrativo, no podría gustar más a un lector amante del Pulp. El viejo juego literario del manuscrito encontrado se convertía aquí en el diario recuperado de Thomas Olam, un programador de videojuegos desaparecido en misteriosas circunstancias. En el diario Olam nos explicaba como por arte de magia (un poderoso conjuro y tal) se había visto transportado a una realidad paralela a la nuestra em la que la magia y la tecnología caminaban de la mano. Un mundo en el que Olam había podido conocer en persona tanto a príncipes y reyes, como a personajes que en nuestro mundo eran ficticios, como el inquilino del 221B de Baker Street, un cierto príncipe de Valaquia de muy mala leche, o un genio del mal chino llamado Fu Manchú. El diario de las aventuras y desventuras de Olam por esa Europa de marcado carácter Steampunk, en la que la magia y las locomotoras de vapor conviven en absoluta armonía, iba introduciendo al jugador en las mecánicas del juego. Unas mecánicas que se alejaban de todo lo que el mundo de los juegos de rol conocía hasta entonces, y que empleaban cartas de póquer francés para resolver las acciones, volcando todo el peso del juego en el aspecto narrativo.

-3 de picas. Pifia.
-Bitch pls.


Es una lástima que por aquel entonces, mediados de los 90, se juntase por un lado la crisis que vivió el rol en España -consecuencia directa del tristemente conocido como Crimen del Rol-, y que los jugadores de por aquel entonces nos volvimos medio gilipollas con el dichoso Mundo de Tinieblas (Hay que joderse lo “intensitos” que fuimos los miembros de la Generación X). Y es que nos parecía mucho más “guay” ir de chupasangres por la vida. Eso hizo que la edición en castellano, que corrió a cargo de Martínez Roca, pasara sin pena ni gloria. Hasta el p


unto de que a día de hoy no hay forma humana de encontrar un ejemplar de segunda mano. Literalmente imposible. Así que si por un casual tienes uno, amigo lector, o lo guardas a buen recaudo o nos escribes un mail y nos haces buen precio (que aquí sabes que lo vamos a cuidar con amor).

Y es que El castillo de Falkenstein reunía tal cantidad de elementos propios del Pulp que maldigo a los Primigenios y los dioses exteriores por no haberlo pillado en su día. En Falkenstein había steampunk victoriano, capa y espada, misterio y aventura pura y dura. Era, y perdonen la palabrota, la polla con cebolla. Un juego en el que los jugadores tenían la obligación de narrar una historia cien por cien pulp. 

Un castillo. No necesariamente el de Falkenstein.

El único consuelo rolero que se puede ofrecer, por si este pequeño artículo os ha picado la curiosidad, es la opción GURPS. Porque en el año 2000 se publicó una adaptación con una buena lista de suplementos para ese sistema de juego (GURPS Castle Falkenstein), en la que es la única posibilidad real para los jugadores actuales de descubrir una de las ambientaciones más puramente pulp jamás creadas. Si por un casual os ha picado el gusanillo con esta entrada, os recomiendo las entradas que en su día le dedicaron los blogs roleros Bastión Rolero y Aventuras en la Marca del Este. Imprescindibles.



Eduardo Martínez.

jueves, 5 de mayo de 2016

Guerreros de los Sentidos

Hace unos días, mi amigo Alfonso Huerta que es empresario y está siempre al tanto de sacar tajada, me dijo que podía hablar en el blog de la novela de su hermano y así le hacía promoción. A mi, que soy freelance y estoy siempre al tanto de sacar tajada, me pareció buena idea, porque así estoy a buenas con él y me puede encargar currillos. Que luego nos queremos bastante, ¿eh? Pero la pela es la pela.

La novela en cuestión es Guerreros de los Sentidos, de Daniel Huerta, autoeditada en Bubok en 2011. En este blog damos mucho la turra con la bajísima calidad gráfica de muchas producciones de pulp y fantasía españolas, así que quiero pedir disculpas por la apestosa portada de este libro, obra de un tal Jae Tanaka que prefiere esconder su verdadera identidad tras un pomposo seudónimo ajaponesado. Por que joder, vista con la perspectiva que dan cinco años, la portada me quedó fea de cojones. No me escondo, yo también soy humano y a veces la cago. 

Cuando me plantee cómo enfocar la entrada sobre una novela que leído hace cinco años he de reconocer que me dio una pereza terrible releerme el tocho (casi 450 páginas) para refrescar; con la pila de cómics que tengo en la recámara, estoy yo como para hacer una segunda lectura de algo, señora. Pero me di cuenta de que, en realidad, no necesitaba hacer esa relectura. Evidentemente, no tengo la novela fresca como el primer día en la memoria, pero la tengo. Está ahí. Se quedó. Y esto me sirve para enfocar la entrada hacia Guerreros de los Sentidos, sí, pero también hacia lo importante que es que la narrativa (cine, novela, relato, cómic, videojuego) se te quede en el seso. Es un logro que no consiguen todas las obras, más bien pocas, y es ahí donde creo yo radica la calidad de algo. Cuando, haciendo un juego con el título de la novela, se convierte en una experiencia sensorial y trasciende el papel (o la pantalla) y se convierte en un recuerdo. Todos tenemos un espacio de nuestro disco duro en el que, involuntariamente grabamos historias que nos han calado, por la razón que sea. Estoy absolutamente convencido de que, aunque se me vaya la cabeza por completo, me moriré recordando a la perfección la segunda trilogía de Star Wars, La Familia Mumin en Invierno, Dios ama, El hombre mata, El Espectro de Ostrander y El Señor de los Anillos y un buen puñado más. No porque sean las mejores historias, sino porque las hice mías. Incorporé algo que no estaba en la narración en sí, y eso es lo que las convierte en otra cosa, muy superior a cualquier otra narración. Esto es, evidentemente, algo totalmente subjetivo; lo que para mi es un referente para otro puede ser la mierda, y ambas opiniones son verdaderas en su contexto. Bien sea porque estás en un momento emocional concreto (leí El Espectro en una etapa muy siniestra de mi vida y me ayudó a darme cuenta de que tenía que mover el culo si no quería quedarme atrás), bien porque te pilla con el sense of wonder abierto como el ojete de Proxy Paige y se te mete hasta la médula irremediablemente, como me pasó con Star Wars, a lo largo de la vida nos damos de morros con esas historias que se trascienden a si mismas dentro de la cabeza de uno y dejan de ser un poco de su autor para ser bastante tuyas.

Para mi, Guerreros de los Sentidos empezó siendo un favor: "Oye, te paso la novela de mi hermano en pdf y te la lees para ilustrar la portada, que se la quiere autoeditar?"  y acabó siendo parte de mi "biblioteca interior". Aquí quiero ser totalmente sincero. Guerreros de los Sentidos no está muy a la vista en esa nutrida biblioteca y cuando vengan los bomberos de Farenheit no estará entre mis prioridades a salvar del fuego, pero está. Si tuviese que catalogarla, creo que la pondría en la balda de "Recomendaciones para alguien que ha leído poca fantasía pero tiene bastantes luces como para aspirar a algo mejor que Canción de Hielo y Fuego" (Es una biblioteca imaginaria, pero no tengo documentalista imaginario; los recortes). Para alguien como yo cuyo ocio es 100% audiovisual (no hago deporte ni mierdas de esas físicas), que una obra pase a engrosar la "biblioteca interior" no es poca cosa, porque con la cantidad de estímulos en forma de narrativa que me meto pal cuerpo es fácil que la mayoría se conviertan en un recuerdo vago.

Si tuviese que meter Guerreros de los Sentidos en un género concreto diría que es grimdark, aunque es algo que me rompe las pelotas bastante, porque al final esto es como el black metal, que al final resulta cada banda hace su propio género y es una liada. Guerreros de los Sentidos es una novela fantasy que tira sin complejos hacia la oscuridad, optando por un todo adulto y seco. En un mundo como este, en que en internec la gente se ofende máximo porque escribes con tacos y haces una broma sobre Pablo Iglesias, puede que Guerreros de los Sentidos deba ser PEGI 18, porque Daniel Huerta no se corta en hacer hablar a sus personajes como a Vince Vega si es necesario. Una cosa que me ha rayado siempre muchísimo es leer expresiones fuera de contexto en una obra de fantasía (me refiero a usar lenguaje actual en un mundo de dragones y brujas y cosas por el estilo) pero aquí no me chirrió lo más mínimo. Los personajes de Huerta no necesitan hablar de vos ni construir frases rimbombantes para estar perfectamente integrados en su mundo. Tal vez es porque la historia se podría haber extrapolado a casi cualquier contexto sin resentirse, o simplemente porque el tío escribe de puta madre y punto. Y es que al fin y al cabo, Guerreros de los Sentidos me pareció más una obra de personajes (muy bien construidos) que otra cosa. La historia es importante, claro, pero no hubiera funcionado si los personajes fuesen diferentes. Y es que los protagonistas son viejos conocidos de todo el mundo. Al igual que en Fábulas o las primeras novelas del de Rivia, Huerta tira de los cuentos para componer su narración. En la contraportada se lee una frase que me parece un tagline cojonudo (creo que esto fue cosa de Alfonso, el hermano):

Ya te han contado a Blancanieves como princesa, como guerrera, como divorciada del príncipe azul, pero... ¿y si fuera una hija de puta?

- Te voy a contar el cuento de María Sarmiento.
- Déjese de hostias y deme un chelín.
Como soy un poco vinagres, mi primer pensamiento fue "buff... otra historia con personajes de cuentos puestos en un contexto diferente, me da más pereza que el nuevo Call of Duty". Si supiese, hubiera arqueado una ceja. Sinceramente, creo que desde En Compañía de Lobos ya está todo dicho en esto de reubicar a personajes de la cultura popular, así que hay que hacerlo realmente bien para que una revisión de un clásico infantil en tono adulto. Daniel Huerta lo consigue. Creo que su éxito radica en que, aunque toma como base de la trama los acontecimientos de tres cuentos (Blancanieves, Rapunzel y Caperucita) las versiones de las tres protagonistas que construye son lo suficientemente sólidas como para que una vez echada a andar la historia nos podamos olvidar de quienes han sido y centrarnos en quienes son. Los acontecimientos giran en torno a ellas y no, como suele ocurrir en la fantasía, los protagonistas giran en torno a los acontecimientos. No me gusta demasiado contar de que van los libros de los que hablo en mis entradas, así que vamos a quedarnos con el dato de que Blancanieves es una hija de puta y Rapunzel, que se ha convertido en una especie de ninja se enfrenta a ella con ayuda de Caperucita y los Enanitos. Es una trama que no equivale a la invención de la rueda, pero que sirve de puta madre para desarrollar a los personajes, porque como ya he dicho creo que esta es una novela de personajes. De hecho, a pesar de que es un arco argumental cerrado, me dejó con ganas de más, de seguir sabiendo de las vidas de esta gente: la historia importa, pero lo bueno, bueno son los protagonistas.

 Así que no se a qué coño espera Daniel Huerta para escribir más.


Jae Tanaka

jueves, 28 de abril de 2016

El Ministerio Transmedia

Bajo el título de El Ministerio Transmedia, ayer se celebró en la Fundación Telefónica el 9° Foro de Innovación Audiovisual. A pesar de haber pasado por el oftalmólogo y tener las pupilas más dilatadas que un chamán Hopi, asistí como buen Ministérico que soy. Faltaría más.

Entre el público había más frikis que personas.

A lo largo de casi dos horas se habló de un buen puñado de cosas relacionadas con la expansión transmedia del universo MdT, pero la lectura que a mi personalmente me merece la pena sacar de todo esto que Javier Olivares tiene una manera de concebir el medio audiovisual más rara que un perro verde. Puntualizo: Javier Olivares tiene una manera de concebir el medio audiovisual, en España, más rara que un perro verde. Y cuando digo Javier Olivares me refiero, evidentemente, a todo el equipo de gente del cual es (me atrevería a decir que a su pesar) cabeza visible. Y es por esto mismo por lo que, como ya dije en una entrada anterior, Olivares está en mi Trinidad de Creadores Audivisuales Españoles junto a Edgar Neville y Narciso Ibañez Serrador.

Más majos que las pesetas.
¿En qué consiste esta excepcionalidad del autor? Ya he dicho muchas veces que el principal defecto que tiene el medio audiovisual es España es la autocomplacencia y el ombliguismo. Llevo casi 20 años dándome de leches en este mundo y la mayoría de profesionales con los que he trabajado, a pesar de tener muchísimo talento (no todos) suelen enrocarse en repetir una fórmula que ya les ha funcionado con anterioridad y creerse algo más que simples fabricantes de ocio. Tengo una especial aversión a las religiones, así que pocas cosas me dan más grima que un profesional endiosado, y es que en España hay más divas que en un certamen de Miss Universo Gay. Hay gente te mira como diciendo "Oiga, yo es que hago películas (o cómics, o novelas); estoy en estado superior de existencia", y me jode especialmente ver que profesionales de otros países no caen en ese engolamiento. Que evidentemente también los hay (los franceses hacen honor a su fama de subiditos), pero es un mal endémico del medio audiovisual patrio. Con motivo o sin el, creo que no hay nada más fatuo y patético que creerte algo especial cuando tu trabajo consiste en hacer que la gente pase un buen rato (ya sea animando, escribiendo o ilustrando), y siempre que leo u oigo algo de Javier Olivares, me da la impresión de que nuestras ideas tiran por los mismos derroteros. Olivares viene a ser para este mundo como el Señor Lobo de Pulp Fiction, ese tío que, cuando todo el mundo está dándose palmaditas en la espalda, encantado de haberse conocido, viene a decir que no nos chupemos las pollas.

"En verdad os digo..."
En un momento del foro se lanzó la pregunta de a qué creíamos que se debía el éxito del Ministerio del Tiempo. Entonces me erigí cual profeta sobre el pueblo elegido y vine a decir que creo que es porque el equipo de la serie no se chupa las pollas y piensa que siempre puede hacerlo un poco mejor. La autocomplacencia es la mano del verdugo de cualquier creador, y ver que una gente que ha desarrollado un producto que está funcionando tan bien como MdT no cae en ella da mucho gustico. Y lo mejor es que no tiran para el lado contrario de la humildad fingida. Olivares, la gente de MdT, sabe que su producto es la hostia, pero no por ellos se conforma con repetir la fórmula que ya les funcionó en la primera temporada, sino que buscan mejorarse, innovar, cambiar de género de un capítulo a otro y echarle huevos cuando, como remachó Olivares, tienen un presupuesto de mierda. Hay que tener un equilibrio personal muy tocho para decir, como dice Olivares que "la autoría es la autoría" (algo así como "aquí manda mi polla mora") y no sonar como un creído, sino como un tío que tiene claro lo que quiere hacer y cómo hacerlo y que se deja el culo en que salga adelante. La gente de MdT no se duerme en los laureles porque no va de nada. Escuchar a un chaval como Pablo Lara o al grandísimo (no sólo en tamaño) Agustín Alonso, decir que hay más cosas que no se han podido hacer que las que se han hecho, darte cuenta de que se han metido hasta los sobacos en apoyar el proyecto de los hermanos Olivares, es satisfactorio de cojones. Y todo esto lo hacen sin aspavientos, sin divismos, dejando muy claro que se dejan el pellejo en lo que hacen pero que lo que hacen es ocio, y negocio. Lara recalcó que una de las variables más importantes a la hora de lanzar un nuevo producto relacionado con la serie es cómo monetizarlo (We're only in it for the money, que dirían The Mothers of Invention). Fue como decir: "chicos, MdT mola, tiene un componente emocional innegable, hemos creado lazos, pero es una serie de tele, y tiene que hacer caja o se muere".

Al hilo de esto creo que los fans debemos hacer un poco de autocrítica también, y entender que es una serie de tele, que a nadie le va la vida en ello y que por mucho que pidamos que vuelva Pacino la temporada ya está rodada y no hay tutía. El "hold your titties" que nos soltó Olivares a los Ministéricos es una muestra más de esa manera de hacer las cosas que tiene esta gente: lo mejor posible, pero cero dramas, siempre smile.


Jae Tanaka.


En este enlace podéis ver la charla completa. El homeless que coge el micrófono soy yo:



Las fotos que acompañan al texto son de @LucreziadeBorja 




martes, 26 de abril de 2016

Estamos trabajando en ello

Hoy no tenemos entrada en el blog, pero mañana seguiremos con nuestras mierdas.


Bloggers primitivos circa 1856

viernes, 22 de abril de 2016

Freddy

Ya he hablado antes por aquí de lo mucho que me pone Narciso Ibáñez Serrador. No sólo por su obra, si no por su posicionamiento ante el medio y el concepto de creación. Chicho ha sido lo mejor que ha dado la narrativa audiovisual española desde Edgar Neville, y sólo ahora con Javier Olivares parece que estamos asistiendo al nacimiento de otro semejante.*

Palabras malsonantes y/o lenguaje sexual explícito en adelante

En 1982, quince años (tiene mi amor) después de la última emisión de Historias para no Dormir, Narciso Ibáñez Serrador retoma su serie de relatos de terror en TVE, Arranca con un episodio mucho más cercano al giallo que al tono "britanizante" de las entregas anteriores. Se aparta así de suspense y terrores góticos para zambullirse en una piscina de sangruza más del gusto de los geniales Bava o Argento. De lo que no reniega Narciso es de su habitual introducción, en la que le vemos no con su descocado aspecto ye-yé de los 60, sino luciendo ya su icónica barba. Vale que ha perdido flequillo, pero no se ha dejado atrás ni una gota de la retranca de su juventud. Y es que la intro del episodio es un uppercut despiadado a la dirección de Radio Televisión Española, la cadena, recordemos, que le daba de comer en ese momento. Con dos cojones. Sentadico en una butaca, con sus habituales papelotes, Narciso Ibáñez, sin aspavientos ni malos modos, nos cuenta que su idea inicial era producir una serie larga, si no de 18 episodios como la primera temporada, al menos de 8 como la segunda, pero que la racanería de la directiva, que no le da ni un puto duro, le ha llegado para hacer sólo 4, aquellos que, por guión, requerían de menos recursos. Eso lo suelta así, con una sonrisa de "tengo los huevos negros del humo de mil batallas". Hace un elogio del equipo técnico, que se ve obligado a trabajar con un material de mierda, y recalca eso, que mientras a otros RTVE les cede equipamiento cinematográfico, a el le ha dado un par de tomavistas y dos focos medio fundidos y ahí te quedas, pringao. Y ojocuidao que el episodio con el que abre la temporada, Freddy, es la leche, que ahora hablaré un poco de el. 

"Dinero mucho mejor"
Con lo que quiero quedarme es con la actitud de Narciso y lo que se desprende de ella. Cuando un tío te pide disculpas por no poder ofrecerte el producto con la calidad que él querría, básicamente porque RTVE es (y sigue siendo) un puto geriátrico dominado por inútiles, ignorantes, retrógrados y vagos, pero luego ves el episodio y es una lección de narrativa audiovisual, creo que es necesario leer entre lineas y sacarle el jugo a lo que ha pasado ahí. Lo que ha pasado es que un tío que ha hecho historia de la televisión se enfrenta a unas condiciones de mierda para sacar adelante un producto, y además en vez de tirar por el camino asfaltado y reproducir lo que había funcionado 15 años atrás, se mete hasta los sobacos en la ciénaga de cambiar de género y de estilo narrativo (genial cuando afirma que no quería volver a hacer "teatro fotografiado") y sale triunfante como un puto gran húngaro. Lo que ha pasado ahí es que no se ha conformado con la miseria que le han dado, ni ha caído en la autocomplacencia, que es el verdadero pecado de la mayoría de los que se dedican a contar historias o crear imágenes en España. Llevo casi 20 años trabajando en audiovisuales (televisión, cine, publicidad, cómic...) y es difícil encontrar a alguien que no se conforme con hacer algo que ya le ha funcionado antes. Cuando estás en el cole y haces un churro y a tus compañeros de clase les flipa, es normal que lo dibujes otra vez (parte de mi infancia consistió en dibujar el jeromo del Joker en carpetas escolares), pero cuando nos estamos dedicando a esto y nos ponemos la medallita de "profesional", ir sobre seguro acaba apestando a cerrao, y ya ni te cuento cuando lo que haces es feo y además tienes un cuerpo de palmeros flamencos detrás diciéndote lo bonico que eres. En fin... Al lío

Freddy. Como explica Narciso en la intro, es un relato lleno de tópicos y lugares comunes, pero tan bien llevados que más que hacerte creer que estás teniendo un deja vù, te hacen sentir como en casa. La trama no podía estar más sobada: un muñeco de ventrílocuo asesino hace de las suyas es una compañía de varietés (atención que la primera a la que da matarile es a la Bombi en un deshabillé que da gloria verla). Narciso deja muy claro desde el principio que el muñeco es el malo (Freddy es el nombre del malvadísimo monigote) pero por si acaso te creías que la cosa iba a ser tan fácil te mete un giro de guión al final, que aunque no es de esos que te dejan el culo de medio lao, es suficiente para sacarte una sonrisilla de "ah, cabrón... que me la tenías guardada". Es verdad que la falta de medios es patente, sobre todo en en cuestión de imagen, que tiene la misma calidad que la grabación del cumpleaños de mi primo cuando le regalaron la equipación de fútbol de Naranjito, pero incluso viéndolo ahora desde el (cansino a más no poder) revival de los 80 tiene hasta su encanto. Puedo decir en mi descargo que a mi ya me gustaban los 80 antes de que se pusiesen de moda.

El reparto, como siempre, magistral, actores de teatro de toda la vida, otra de las señas de identidad de la obra de Ibáñez. Además de la ya citada Fedra Lorente, y como contrapunto a su voluptuosidad caballona de desplegable de Interviú tenemos a la guapísima Silvia Tortosa, que da todo el pego de refinada cantante francesa. Y como no, a Narciso Ibañez Menta, enormísimo en su papel del Gran Danieli, prestidigitador italiano viejo verde y golfo como el sólo.

Con Freddy, Serrador no creó un referente televisivo, pero dejó claro que incluso con unos medios de mierda puedes hacer maravillas si tienes talento.

Jae Tanaka.


* Con el permiso de Alex de la Iglesia, a quien considero el discípulo jevitrón de Serrador. Tal vez por eso, por su condición de discípulo continuador de un estilo ,con su jodidamente genial visión, ojo, más que de rupturista, no ocupa un puesto en mi Trinidad.




martes, 19 de abril de 2016

De etiquetas, géneros, subgéneros, categorías, y otras petisoperías.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3d/True_humility.png
Disculpe milord, pero pienso "de que no".

Hace unos días @lordaguafiestin (aka Diego Fernández Villaverde), en el blog de Ánima Barda, firmaba una entrada de las que a pesar de su brevedad, da que pensar. Bajo el título “Género Grimdark: Eso es dark, pero lo que es grim, no es” (título de resonancias joesemotescas –jódete el término que me acabo de inventar-, por eso del “pero ser, eres”), en poco más de quinientas palabras en las que ponía por delante que esa entrada era poco más que un desbarre, y que el autor nunca ha sido muy amigo de etiquetas; nos hacía un resumen de lo que es el Grimdark y porque a día de hoy esa etiqueta se está empleando en exceso y mal.

Tan sólo un día después un señor llamado Luis Alberto de Cuenca (Que además de filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador español; por si fuera poco es también académico de número de la Real Academia de la Historia y académico correspondiente en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada… Ahí es nada), firmaba un artículo en el periódico digital Libertad Digital titulado El Coyote. En dicho artículo de obligada lectura para todos los amantes del Pulp, dedicado al personaje inmortal y a su creador José Malorquí, puede leerse lo siguiente:

José Mallorquí Figuerola, barcelonés de 1913, uno de los novelistas en lengua castellana más prolíficos y populares del siglo XX. Y digo "populares" por emplear el adjetivo que suele acompañar a este tipo de autores, sin que ello signifique que la llamada "literatura popular" sea algo así como una segunda división respecto de la otra literatura, la que no es —presuntamente— popular, o sea, la llamada "gran" literatura, especializada en aburrir a las mismísimas ovejas. En el mundo de las letras no hay alta ni baja literatura. Hay solo buena y mala literatura. Y la que nos legó José Mallorquí rebasa los límites de la bondad para acercarse a los de la optimidad (si me permiten el palabro). 

Como no hay dos sin tres, desde ya mismo diré que coincido con ambos autores, las etiquetas son cosas de bibliotecarios, editores y libreros (mala gente…se lo digo yo, que he sido librero una década larga). Más allá de la necesidad de etiquetar los libros en géneros y subgéneros, de forma que podamos encontrarlos cuando vamos a una biblioteca, o que el librero nos los pueda vender a placer, la literatura es buena o mala. La novela, como género mayor literario, tiene como fin último entretener al lector. Que si, que se puede ilustrar, adoctrinar, educar y mil cosas más, pero el fin más legítimo de la novela es el de entretener al lector. 

Pero claro, como decía antes, incluso en esta Era Digital en la que es más fácil que nunca publicar un libro, hace falta que esa novela llegue a los lectores. Hay que difundirla y venderla. Y aquí es donde los libreros, tanto los clásicos como las plataformas de venta, necesitan recurrir a las etiquetas. Y para que vamos a negarlo, las etiquetas de géneros y subgéneros las acogemos todos los lectores de forma gustosa. A fin de cuentas para cada lector hay cierto tipo de historias que le llegan más que otras. 

Llegados a este punto, en el que creo que nada hay abierto a discusión, y en el que he dejado claro que tengo un parecer cercano al de Diego Fernández Villaverde o Luis Alberto de Cuenca; es cuando me toca hablar de Grimdark.

By John Tenniel - Image taken from Punch, or the London charivariScanned from the original by User:Fastfission., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=247869
Atención a mi traje Grimdark, queridos
piltrafillas. 
Son muchos los autores que han tratado de definir el Grimdark. En líneas generales hay cierto consenso que permite decir que se trata de un subgénero de la ficción especulativa (ciencia-ficción y fantasía), en el que el tono narrativo es oscuro y violento, y en cuyas historias las barreras de la moral se difuminan. En la entrada que dediqué a Joe Abercrombie, uno de los máximos exponentes actuales de dicho subgénero, ya dije que el Grimdark era el punto de unión entre dos maneras totalmente contrapuestas de entender la fantasía. Era el matrimonio entre la Espada y Brujería del Pulp de principios del siglo XX, con Howard a la cabeza, y la Alta Fantasía heredera de las narraciones mitológicas, que en la obra de Tolkien llega a su cima. El Grimdark era por un lado la reacción a la degeneración que se había producido con el modelo de Tolkien, y la recuperación del legado literario de autores, los maestros de la Espada y Brujería, que se habían adelantado a su tiempo.

Sea como fuere, tenga más o menos razón, lo cierto es que el Grimdark se ha convertido en una de las corrientes más interesantes de la actual literatura fantástica. Al ya citado Joe Abercrombie habría que añadir autores como George RR Martin, R. Scott Bakker o Mark Lawrence, cuyas obras encajan perfectamente en los parámetros del Grimdark

Llegados a este punto es cuando tengo que volver al artículo de Ánima Barda, y a su opinión al respecto del mal uso de la etiqueta. 

Hagamos un ejercicio interesante, preguntémonos cuanta gente fuera de este círculo reducidísimo de amantes de la literatura de ficción especulativa, sabe que cojones es eso del Grimdark. Cuanto lector, fuera de nuestro pequeño nicho, sabe de qué diablos estamos hablando. Creo, y lo digo con todo el dolor de mi corazón, que en ocasiones parecemos un puto perro salchicha ladrando a un mastín de 80 kilos de puro músculo. No somos realmente conscientes de los poquitos que somos. Que si, que hay un porcentaje aceptable de lectores que disfrutan con una novela de fantasía o de ciencia ficción; pero en proporción los auténticos aficionados, especialistas del tema, somos cuatro gatos. La etiqueta Grimdark significa algo para un número tan ridículo de lectores que ni tan siquiera los editores de un autor de la talla de Joe Abercrombie (Alianza Editorial y Fantascy/Random House) se molestan en incluirlo cuando hablan de él. Al público comprador lo de Grimdark se la trae muy floja, la verdad. 

By Edward Linley Sambourne (1844 – 1910) [Public domain], via Wikimedia Commons
En caso de duda hágame usted caso, caballerete,
que tengo la pelota muy gorda.
Mira si seremos cuatro muertos de hambre –metafóricamente hablando- los que nos movemos en el submundo de la fantasía, la ciencia-ficción y el Pulp, que tan sólo me vienen a la cabeza cuatro autores españoles cuyas obras pueden encajar en esa etiqueta de Grimdark. Y únicamente tres de ellos la han reivindicado. Los más recientes son Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco cuya novela Delbaeth Rising (de la que ya hemos hablado en este blog), a pesar de que personalmente la veo más cercana al Pulp de Espada y Brujería que a la Alta Fantasía, encaja perfectamente en el subgénero. A estos dos barceloneses hay que añadir a la novelista madrileña Virginia Pérez de la Puente, cuyos libros del Segundo Ocaso están muy en la línea de Bakker y su Príncipe de Nada, y son una magnífica muestra de Grimdark. Y el cuarto autor en discordia, que hasta donde tengo noticia jamás empleó la etiqueta, pudiendo hacerlo más que de sobra, es el castellonense Guillem López, cuyas dos primeras novelas (La Guerra por el Norte y su secuela Dueños del destino), son probablemente la mejor muestra de literatura fantástica Grimdark que se haya escrito en castellano. 

En serio, me encantaría poder decir que la etiqueta está mal empleada, que hay una multitud de autores que la emplean de forma injustificada. Pero coño, es que somos cuatro gatos los juntaletras que dedicándonos a la ficción especulativa o el Pulp hemos llegado a ver nuestros libros en negro sobre blanco. Y muchos menos los que han dicho que su novela es Grimdark. Ojalá llegue el día en que publicar fantasía en castellano sea de lo más normal y podamos decir que se emplean mal las etiquetas.

En fin, que sí, que el riesgo de que se llegue a producir ese uso equivocado del término está ahí, latente. Pero a día de hoy no es el caso. No seamos más papistas que el papa, ni nos pongamos la tirita antes de hacernos la herida. Que tampoco mola tanto esto de ser muy hater.

Eduardo Martínez.